Histórico
22 abril 2011Jose David López

Nápoles: La ‘sirena’ ahogada sin Scudetto

Las hazañas en alta mar dieron jerarquía a Ulises, lo situaron en el pedestal de los héroes griegos y en el líder ejemplar para cualquier batalla. Sin embargo, una de sus peores  pesadillas, por su belleza embaucadora, lo representaban las tres sirenas de de las rocas de Capri. Aprovechando las largas épocas en alta mar de Ulises, Parténope, la menor y más bella, buscaba seducirlo constantemente. Conociendo sus limitaciones, el héroe se ató al palo mayor consiguiendo así ser de los pocos mortales en disfrutar de bellos cantos sin morir sumergido. La joven sirena, atormentada, se ahogó de pena y su cuerpo llegó a la costa de la Nueva Ciudad (Nápoles).

Desde entonces, por sus calles corre la leyenda de que Parténope impulsa con sus bellos cantos todos aquellos temas que mantienen en tensión a la ciudad. Sirve de empujón, de esperanza y de creencia para que la ciudad logre salir del aislamiento al que es sometido en el país. Su dulce entonación estaba seduciendo más que nunca al Scudetto, había logrado que el fútbol volviera a ser protagonista en San Paolo y hasta los héroes que siempre salieron indemnes de sus costas, mordían el polvo en suelo sureño. Todo, hasta que el Udinese actuó de Ulises y no murió seducido por el canto de un Nápoles ahogado a la orilla del Scudetto.

El recuerdo ya arcaico de las glorias cosechadas con Diego Armando Maradona y la fórmula Ma-Gi-Ca, parecía tener los días contados en la mente de todo hincha napolitano. El proyecto del alocado y fantasioso presidente, Aurelio De Laurentiis, (una muestra más de la improvisada vida de un club más pasional que cerebral hasta en lo institucional), empezó a lograr resultados esta campaña, arrastrando consigo un vertiginoso frenesí celeste que no se disfrutaba en el fútbol italiano desde hacía décadas. La estampa del espectacular (aunque vetusto) estadio de San Paolo vestido de gala cada domingo y clonando las sensaciones que un día lo hicieron grande, regresaban a la Serie A, más necesitada que nunca de renovación de ideas y optimismo.

Edoardo Reja colocó al club en el primer escalón italiano per los vaivenes con su singular presidente no se hicieron esperar y en cuestión de meses, la relación fue perdiendo la fuerza que les había devuelto a portada. La solución fue, sin embargo, muy positiva pues la contratación de Walter Mazzarri sí iba encaminada hacia un intento de seguir creciendo, de ganar posiciones de privilegio y recuperar un espacio en el fútbol nacional. Un estilo muy definido en su sistema de juego (siempre con tres centrales y dos carrileros de largo recorrido), un solo punta como definidor y varios llegadores por sorpresa desde segunda línea y sin marcaje defensivo que los frene, dieron otro aire al proyecto. El mismo que tiene asegurado futuro a medio plazo.

De repente, surgieron las figuras de una plantilla que tiene mucho recorrido y que debía explotar. Lavezzi es el talento, Cavani la pegada ofensiva, Hamsik el ídolo de los graderíos, Gargano el líder caracterial y Maggio el comodín insustituible. Un cúmulo de cualidades y buenas premisas que devoró rivales al son de las sirenas que lo empujaban hacia el suelo del Scudetto. Atrás quedó el objetivo europeo, cualquier temor por quedar rezagado o no estar a la altura. La ilusión se multiplicó y en torno a los chicos de Mazzarri se gestó un gigante celeste que crecía irremediablemente mientras engullía enemigos supuestamente superiores (Fiorentina, Lazio, Palermo, Roma y hasta Inter). Un camino directo hacia el campeonato con un solo enemigo, un Ulises vestido de rossoneri (Milan), aunque con debilidades asumibles en pleno apogeo napolitano.

Pero antes del episodio final, el frío de Udine congeló este domingo cualquier esperanza sureña (1-2). Una derrota clave, tan decepcionante como inesperada, que desequilibra cualquier camino hacia el título, claramente tabicado ya en las paredes de San Siro. El sur no se rinde. Nápoles seguirá empujando, soñando con que los bellos cantos de Parténope sostengan un sentimiento que, esta vez, no muera ahogado a la orilla del Scudetto.

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