Histórico
13 abril 2011Francisco Ortí

Cuando White Hart Lane fue nazi

Con motivo de la visita del Real Madrid a White Hart Lane recordamos uno de los episodios más tristes que vivió el estadio del Tottenham.

Ernie Wooley era un tipo normal y corriente. Nació, vivió y murió en Shoreditch, un barrio del norte del Londres. Allí mantenía una vida austera, con poco que destacar. Durante la semana regentaba su negocio de fábrica de herramientas y algunos fines de semana se desplazaba hasta el barrio de Haringey para seguir a su equipo, el Tottenham Hotspurs. Todo era tranquilo en su vida hasta que un día se encaramó a lo alto de la grada de un estadio de fútbol, sacó un cuchillo y cortó la bandera que allí se izaba. Cinco minutos después Ernie fue detenido por la policía y una nueva bandera sustituyó a la anterior, pero su hazaña ya se había convertido en eterna. “¡Esa bandera es odiada en este país!“, gritó antes de abandonar el estadio escoltado por las fuerzas policiales.

La bandera que despertó los instintos rebeldes del hasta ahora discreto Ernie Wooley era la bandera nazi (se puede ver en la esquina superior derecha de la imagen) y ondeaba en White Hart Lane, estadio que se encuentra enmarcado por la comunidad de judíos ortodoxos de Londres. Esta antagónica situación estuvo provocada por un encuentro que disputaron las selecciones de Inglaterra y de la Alemania nazi el 4 de diciembre de 1935 y que levantó gran polémica en la época, especialmente después de que se conociera que el partido tendría lugar en ‘territorio judío‘.

En 1935, Adolf Hitler tan sólo llevaba en el poder y Europa todavía no había tomado posición sobre su política. No así el pueblo judío, quien encendió la voz de alarma cuando en septiembre de ese mismo año se aprobaron las Leyes de Núremberg, por las que cualquier judío residente en Alemania se convertía en un ciudadano de segunda categoría, arrebatándosele sus principales derechos. El antisemitismo de Hitler provocó que la elección de White Hart Lane como escenario para un partido de la Alemania nazi fuese considerado insensible. “Los judíos protestan contra el trato que sus compatriotas en Alemania y solicitan que el partido sea cancelado”, publicó el Tottenham Weekly Herald, desvelando que la FA -Asociación de Fútbol de Inglaterra- había recibido centenares de cartas reclamando la suspensión del encuentro.

Sin embargo, la FA no sólo no reculó, si no que desde los medios de comunicación se inició una campaña favorable al partido y contraria a los judíos. “Los judíos van demasiado lejos dictándonos lo que tenemos que hacer. Van a provocar otra guerra entre Inglaterra y Alemania“, publicó el diario Herald, además de otras cartas de similar talante enviadas por lectores. También se pronunció uno de los aficionados más veteranos del Tottenham y en un artículo titulado “Inglaterra para Inglaterra” señalaba que los Spurs habían sobrevivido muchos años sin el apoyo de la afición judía y podrían continuar sin ellos. “Será bonito poder ver un partido sólo con aficionados ingleses“, agregaba el escrito.

En Alemania, en cambio, el partido se entendió como una oportunidad de promocionar las virtudes del nazismo más allá de sus fronteras y convencer a Inglaterra para ser su aliado. Desde el uniforme de los jugadores hasta los aficionados que se desplazarían a presenciar el partido, todo estaría controlado por Joseph Goebbels. Así, a las 5.00am del 4 de diciembre desembarcó en Southampton la que fue descrita como una “sonriente armada de 10.000 alemanes” que tenía instrucciones muy precisas. Todo aficionado alemán portería como máximo 10 marcos, tenía prohibido hablar de política y debería regresar a Alemania antes de medianoche. “Londres es maravillosa. Todo está preparado para hacernos sentir bien“, afirmó un aficionado alemán según publicó el Daily Mail. Mientras tanto, los jugadores se la Mannschaft aterrizaron en Londres en un avión adornado con una enorme swastika. “Sólo venimos a jugar contra el mejor jugador del mundo. Hitler no nos ha dado ningún mensaje“, explicó el capitán alemán Fritz Szepan.

Cualquier polémica se apagó cuando el balón comenzó a rodar sobre el césped hasta regalar a los presentes un partido anodino. Las crónicas de la época describen a Alemania como una selección que saltó al terreno de juego decidida a defenderse y dando por bueno el empate, por lo que Inglaterra no tuvo problemas para golear. En el palco se vivió un ambiente de camaradería absoluta, incluso de ‘peloteo’ mutuo. “Somos aprendices y hemos venido a que nos enseñen los mejores“, dijo W. Erbach el lider de la expedición teutona. El encuentro acabó 3-0 a favor de los ingleses, pero eso fue secundario. Durante 90 minutos White Hart Lane vivió humillado bajo la bandera nazi. El nazismo manchó el fútbol, pero un tipo normal y corriente como Ernie Wooley fue capaz de vencerlo.

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