Histórico
2 marzo 2011Francisco Ortí

Jimmy Jones y el ‘otro’ Old Firm

Primero encajó un puñetazo en la mandíbula. Después otro en la boca del estómago. Sin tiempo para reaccionar, un fuerte empujón le lanzó contra el césped y contar los golpes se tornó imposible. Patadas en la cabeza, en las costillas, y, sobre todo, en las piernas. La enajenada jauría de hooligans que le apaleaba se cebó con su habilidosa pierna derecha, que no resistió y se quebró por la mitad. Cuando la policía se decidió a intervenir se encontró con un hombre gravemente herido. Ese hombre era Jimmy Jones, la estrella del Belfast Celtic.

Jimmy Jones (Irlanda del Norte, 1928) era un futbolista excelente, pero su pecado fue serlo en el equipo equivocado. La liga norirlandesa estaba dominada por los conjuntos de religión protestante, especialmente por el Linfield, pero Jimmy Jones vestía los colores del Belfast Celtic, uno de los únicos vestigios católicos del país. Lo curioso es que fue el propio Linfield quien empujó a Jimmy -protestante y aficionado al Linfield- a vestir la casaca enemiga cuando rechazó la posibilidad de contratarle pese a que en el partido de prueba anotó un hat trick. Un error que lamentaría el Linfield y también el propio jugador tras lo sucedido en el Boxing Day de 1948.

Durante las campañas anteriores las aficiones del Belfast Celtic y el Linfield cultivaron una profunda enemistad. Ambos equipos representaban los dos bandos más poderosos de Belfast. Ellos se discutían los títulos y por ello la confrontación liguera que tendría lugar en ese trágico 26 de diciembre levantaba una gran expectación en la ciudad. Era un derbi de máxima rivalidad. Una enemistad deportiva que, desgraciadamente, se envenenó a causa de las diferencias religiosas. En Windsor Park, estadio del Linfield, se respiraba guerra desde incluso antes de que el colegiado anunciara el inicio del encuentro. Sobre lluvia y barro, el juego se embruteció, y en las gradas el ambiente pasó de ser tenso a violento cuando a los 35 minutos se produjo la jugada crucial del encuentro.

Jimmy Jones sorteó a dos rivales y armó la pierna para disparar a puerta, pero cuando esperaba contactar con el balón lo que encontró fue el tobillo de Bob Bryson. El jugador del Linfield había sido más rápido que él y evitó la ocasión de gol a costa de su tobillo. La acción enardeció a la grada, que enloquecería definitivamente cuando minutos después se anunció por megafonía que Bryson sufría una rotura de tobillo y el culpable era Jimmy Jones, el protestante traidor. En ese instante murió el partido y comenzó una guerra. La afición local ardía contra Jones y buscaba la oportunidad ideal para lanzarse contra él. Hubo un primer conato durante la celebración del gol del empate del Linfield, pero el desencadenante definitivo fue el pitido final.

En cuanto se señaló el final del encuentro, los aficionados más radicales saltaron al césped a la caza y captura de los jugadores del Belfast Celtic, con especial interés en alcanzar a Jimmy Jones. Todos pudieron escapar, menos él. Las crónicas cuentan que el jugador de 20 años fue golpeado, pisoteado, pateado y zarandeado por decenas de hooligans sin que la policía pudiera frenarles. Jimmy Jones fue operado de urgencia en un hospital cercano. Logró recuperarse totalmente, con una única excepción, su pierna derecha. Todavía hoy, la pierna derecha de Jimmy Jones es visiblemente más corta que la izquierda.

Ese encuentro supuso el final de la carrera estelar de Jimmy Jones -consiguió reaparecer muchos años después pero a menor nivel- y también del Belfast Celtic, que decidió abandonar la competición tras conocer que la federación solo castigaría al Linfield con un mes sin poder jugar en su estadio. Sin embargo, la rivalidad futbolística entre católicos y protestantes continúa viva. En Glasgow, el Rangers y el Celtic la mantienen con vida. Los dos volverán a verse las caras este miércoles en un Old Firm tenso pero dentro de los límites del deporte. Se han aprendido de los errores. Ese es el legado imborrable de un cojo llamado Jimmy Jones.

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