Histórico
7 febrero 2011Jesús Camacho

Rivaldo, de las favelas a las estrellas (1999)

En numerosas ocasiones he pensado que unos kilómetros de distancia pueden condicionar nuestro destino y marcar nuestro futuro vital, es más existen casos en los que solo unos metros de distancia marcan el abismo existente entre la abundancia y la escasez. Cierto es que además de la variable geográfica otra serie de factores intervienen en el destino de cada uno hasta que podemos intentar cambiarlo con nuestro esfuerzo y decisiones, pero no es lo mismo venir al mundo en el seno de una familia acomodada que hacerlo en medio de las favelas, donde el único techo posible es aquel manto de estrellas que brilla de igual manera para todos, pero que indudablemente y aunque se diga lo contrario, puede contemplarse con mayor serenidad con el estómago lleno que vacío.

Quizás pueda parecer una reflexión demasiado superficial pero es la pura realidad con la que vivimos, la mala repartición de los recursos, la ceguera de aquellos que no valoran las pequeñas cosas, algo de lo que mucho saben aquellos que asiduamente escapan del frondoso bosque de sombras en el que viven para encontrar la felicidad con pequeños detalles y pequeñas victorias, que constituyen el verdadero motor de sus modestas vidas.

Vidas anónimas de chicos que sueñan a diario con ‘agarrarse’ a una de esas estrellas, perfiles vitales que en el caso que nos ocupa -la mayoría no lo consigue- logra salir de la marginalidad gracias al fútbol. La historia de un pequeño delgaducho y aspecto desgarbado que tras nacer en el seno de una humilde familia de Recife y luchar contra los elementos trabajando desde muy joven, logra cumplir sus sueños.

Su nombre Vitor Borba Ferreira conocido por todos como Rivaldo, un chico que en aquellos tiempos tenía que ‘pluriemplearse’ para paliar los problemas económicos que sufría su familia pero que pronto comenzó a destacar con el balón. Marcado físicamente por la escasez, la desnutrición, al que se llegó a apodar “Patapalo” por sus piernas alargadas, delgadas y combadas. Que comenzó en esto del fútbol en la barriada del Jardim Paulista y en los Cadetes del Sta.Cruz de Recife, equipo de la región.

Lejos aún de aquellas estrellas, con un futuro bastante incierto que se tambaleó de forma seria por una lesión sufrida a causa de un muro que fue a caer sobre su pie durante un partido por las calles de su favela. Pero especialmente por la fatal pérdida de su padre Romildo -atropellado por un autobús- en 1989. Un duro revés que le apartó del fútbol y del que sobrepuso gracias al apoyo de Marlúcia, su madre, aquella que le mostró el camino de las pequeñas victorias y le hizo regresar al fútbol. Y en el club paulista de Mogi-Mirim comenzó a cambiar su destino, paso previo a su corta etapa en Corinthians, donde jugó en 1993. El fútbol emergente de su zurda quizás demasiado individual pero lo suficientemente especial como para llamar la atención de Wanderlei Luxemburgo, que se lo llevó a Palmeiras, club en el que se consagraría como uno de los mejores jóvenes valores del fútbol brasileño de su época.

Hablamos de un excelente plantel al que Rivaldo se sumó junto a una serie de jóvenes valores que harían reverdecer la gloria verde del histórico conjunto paulista. Futbolistas de la talla de Roberto Carlos, Zinho, Edmundo entre los que aquel chico de mirada triste pero fútbol alegre brilló sobremanera.

Siempre emergiendo por su zona natural, la izquierda, donde su zancada y el guante que poseía en su pierna siniestra hicieron estragos en las defensas rivales. Tanto como para ser elegido mejor futbolista brasileño del año en la temporada 95/96, en la que también logró el Campeonato paulista. “Pata de pau” quedaba ya en anécdota, cincuenta y tres goles e incontables latigazos a pelota parada con la “Máquina verde” su carta de presentación.

El comienzo de otra gran paradoja en su vida, pues aquel chico marcado en su físico y su rostro por los surcos del hambre y el sufrimiento era traspasado al fútbol europeo y al Deportivo de la Coruña por la cantidad de 6 millones de euros. Y solo una temporada en A Coruña le bastó para confirmar su condición de estrella, veintiún goles y la explosión de un futbolista vertical con un inagotable repertorio de recursos técnicos, rabonas, asistencias geniales, remates de cabeza y libres directos de crack.

Su irrupción estelar y su traspaso al Fc.Barcelona en el verano de 1997 tremendamente controvertido puesto que se produjo a solo unas horas del cierre del mercado, abonando los 24 millones de euros de su cláusula de rescisión.

En clave azulgrana los mejores años de su carrera, llegando con la complicada misión de hacer olvidar a Ronaldo y consiguiéndolo en parte, pues el futbolista de Recife logró convertirse en el jugador más determinante del club. Fueron cinco temporadas para el recuerdo, en las que Rivaldo se convirtió en uno de los futbolistas más determinantes del fútbol mundial de su época.

Jugando un papel fundamental en las conquistas de los títulos de Liga en 1988 y 1999 y aportando su incuestionable talento y calidad en momentos complicados para la entidad azulgrana. Y como mayor exponente de ello, un golazo de chilena ante el Valencia, anotado en un partido memorable que sirvió para meter al Barcelona en Champions, un impresionante vuelo mortal de espaldas en el último minuto de partido. Sus números en el Barça de crack, -130 goles en 235 partidos- y su juego de alta escuela le llevaron al justo reconocimiento del fútbol mundial que en 1999 le otorgó el Balón de Oro y el FIFA World Player.

Y es que este año de 1999 logró también ser máximo goleador de la Copa América, primer título que consiguió con la seleçao y que le sirvió para quitarse la espina del Mundial de Francia de 1998, en el que pese a entrar en la selección ideal del torneo se quedó a la orilla de un triunfo que acabó llevándose Francia. Una cuenta pendiente que saldó cuatro años más tarde, en el Mundial de Corea y Japón de 2002, en el que junto a Ronaldo -con el que formó una sensacional sociedad- Ronaldinho y Roberto Carlos, llevó a Brasil a la conquista del título mundial.

Desgraciadamente para el Barça su rendimiento en sus dos últimas temporadas como azulgrana fue bajando de nivel junto al de su equipo, que pasaba por una grave crisis institucional y deportiva, circunstancia que provocó el regreso de Louis Van Gaal -que jamás mantuvo una buena sintonía con el de Recife- y precipitó la marcha de Rivaldo tras el mundial de Corea y Japón de 2002 al AC Milan.

Otro grande le abría las puertas pero en esta ocasión su rendimiento no estuvo a la altura del gran jugador que era. Lo cierto es que Rivaldo nunca gozó de la confianza del entrenador Carlo Ancelotti y en su segunda temporada casi no jugó siendo apartado del equipo por lo que a principios del 2004 sería cedido a Cruzeiro poco antes de recalar en la Liga Griega. El Olympiacos de El Pireo heleno fue su siguiente destino y allí logró cierta estabilidad en su fútbol de la que se benefició su equipo. Tres aceptables temporadas de un futbolista genial que ya se encontraba en el tramo final de su carrera y logró en tres temporadas tres títulos de Liga y uno de Copa.

Posteriormente un breve periodo en las filas del AEK y su fichaje por el conjunto uzbeko del PFC Bunyodkor, la última gran aventura de “Pata de Pau”, un futbolista imprevisible pero en el fondo siempre aquel mismo chico de piernas largas y arqueadas, mirada melancólica y fútbol alegre que comenzó. El niño de la favela que se agarró a las estrellas.

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