Histórico
17 febrero 2011El Enganche

Oporto, Alenichev y las finales

Velikiye Luki es una ciudad fuertemente golpeada por la II Guerra Mundial. Entre 1941 y 1942 tuvo lugar una intensa batalla entre las fuerzas alemanas y soviéticas que acabó por destruir la localidad por completo. Unos 20.000 alemanes habían sitiado la zona y la ciudad fue convertida durante meses en una especie de fortín en el que sus habitantes esperaban el final del temible episodio que estaban viviendo. Los locales consiguieron expulsar a los germanos tras varios meses de pelea, pero la ciudad quedó marcada para siempre. Desde entonces se dice que sus habitantes nunca se dan por vencidos, que por muy mal que se dé algo, con trabajo y esfuerzo se puede revertir la situación y este aforismo se ve reflejado perfectamente en la carrera de Dmitri Alenichev.

A pesar de que en su más tierna infancia había sido un acérrimo hincha del Spartak de Moscú, Alenichev dio sus primeros pasos profesionales en el eterno rival, el Lokomotiv, con apenas 18 años. Tres brillantes temporadas con los ferroviarios le valieron su salto al que siempre había sido su equipo en un polémico traspaso que crispó a la afición del Loko al ver que perdían a uno de los futbolistas con mayor proyección de la época. Y no se confundían. Pasó cinco años en el Spartak en los que consiguió tres ligas y dos copas locales, además de ser elegido Futbolista del Año en Rusia en 1997, hasta que la Europa occidental, en concreto la Roma, llamó a su puerta.

Por desgracia, su paso por el club de la capital fue discreto, disputando apenas una treintena de partidos (la gran mayoría de ellos como suplente) en el año y medio que permaneció en la plantilla. En diciembre de 1999 fue cedido a un Perugia que por aquel entonces merodeaba la mitad de la tabla en la Serie A y a pesar de que se vistió la elástica en un buen número de encuentros, no consiguió impresionar a los dirigentes romanos. Calificado como uno de los peores fichajes extranjeros en el Calcio, Alenichev debía enmendar cuanto antes su paso por el país de la bota, y para ello eligió el Oporto.

Su primera impresión no pudo ser más positiva. El Oporto disputaba la Supercopa frente al Sporting y a falta de dos minutos para el pitido del colegiado el resultado era de 0-1 para los verdiblancos. Entonces, tras un centro colgado al área, la pelota quedó muerta en la frontal, a los pies de un Alenichev que colocó el empate con un sensacional disparo con la derecha. Era su primera encuentro oficial con el Oporto, y aunque él no lo sabía, acababa de comenzar su idilio con las finales vistiendo la camiseta blanquiazul. Al termino de la temporada 00-01, el club se enfrentaba al Marítimo en la final de la Copa. El Oporto venció por 0-2. Alenichev marcó el segundo.

La etapa en Portugal también tuvo momentos oscuros. Tras la marcha de Fernando Santos (actual seleccionador griego) y la llegada de Octavio Machado en sustitución del primero, tanto Dmitri como su compatriota Sergei Ovchinnikov fueron condenados al ostracismo. Para su fortuna, la aventura de Machado en el Estadio das Antas fue corta, y Mourinho apareció en su carrera cambiando su suerte. A pesar de no jugar como titular con regularidad, para el ahora entrenador del Real Madrid, acostumbrado a manejar plantillas cortas, era el jugador número 12. Y así, después de haber conquistado Portugal, le llegó la hora de conquistar Europa.

El 21 de mayo de 2003 el Oporto, como sucederá hoy, visitaba Sevilla. En aquella ocasión no era para enfrentarse a los hispalenses, sino para disputar la final de la UEFA frente al Celtic de Glasgow. Los de Mourinho consiguieron el título en un apretado choque en el que dos goles de Derlei y sí, uno de Alenichev, neutralizaron la remontada escocesa encabezada por el gran Henrik Larsson.

Pero el momento cumbre de su carrera futbolística lo vivió exactamente un año después, en Gelsenkirchen. El Oporto fue dejando por el camino a rivales como el Manchester United, el Olympique de Lyon y el Deportivo de la Coruña y, para sorpresa de todos, se plantó en la final de la Champions League ante un Mónaco que, entre otros, había eliminado a Real Madrid, Chelsea y el primer club de Alenichev, el Lokomotiv de Moscú. Dmitri veía desde el banquillo como al borde del descanso Carlos Arberto adelantaba a los suyos, y en el minuto 60 le llegó su hora. Sustituía al primer goleador del encuentro, y tan sólo quince minutos después hacía el 0-3 definitivo (Deco había marcado cuatro minutos antes). Así, en su último partido en el cuadro portugués antes de regresar al Spartak, lograba anotar en su cuarta final  y se convertía en el tercer jugador de la historia en marcar en dos finales europeas consecutivas, tras Ronald Koeman y Ronaldo. Un ejemplo de pelea que hoy viaja, de nuevo, aunque como aficionado, a Sevilla.

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