Histórico
23 febrero 2011Jose David López

Leonardo y el vestuario del Inter

“Tenemos que pedir perdón a Rafa Benítez, no lo dimos todo. La única diferencia con Leonardo es que ahora él está en el banquillo”. Con palabras tan directas y sinceras a cargo de Samuel Etoo, el camerunés generalizaba el sentimiento del vestuario del Inter de Milan tras la renovación impuesta por Massimo Moratti en Navidades. El actual campeón de Europa, de Italia y de Coppa, había intentado iniciar un nuevo proyecto con el técnico español en el banquillo pero una amalgama de problemas (múltiples lesiones en jugadores clave, obligación de confiar en canteranos poco curtidos y falta de recambios que generó vaivenes con la directiva), contaminaron el aire en torno a Meazza, que rápidamente pidió explicaciones al dueño neroazzurro.

Nada salió bien en la etapa de Benítez. Se levantó la Supercoppa venciendo a la Roma y las primeras jornadas de Serie A indicaban que la decisión parecía adecuada. Sin embargo, la derrota ante el Atlético de Madrid en la Supercopa de Europa levantó ampollas en su vestuario, decidido a reajustar la situación a su antojo aprovechando la lista de despropósitos que se acumularon en unos meses. Nadie respaldó al técnico, los resultados le fueron dando la espalda y tras sumar el Mundial de Clubes, la sintonía con Benítez perdió referencias definitivamente. Desde la directiva se asumió su cede como una necesidad, aunque asumiendo el error y situando quizás desesperadamente a un milanista accérrimo como Leonardo, que venía de fracasar claramente en su única experiencia a primer nivel. Hoy, sin lesiones y con un esfuerzo económico tras de sí no ofrecido al ex entrenador, el balance destaca al vestuario como principal culpable del devenir más inmediato.

Y es que las pruebas son irrefutables. Moratti no fichó absolutamente nada en verano, dejando a Benítez la misma plantilla, idéntica, que meses atrás había tocado techo alzando la Champions League de manera merecida a las órdenes de Mourinho. La sombra de luso torpedeó cualquier atisbo de normalidad en su vestuario, partidario de sus costumbres, reglas y directrices. No dio oportunidades al español, que remó sin cesar y sin rumbo hasta su fin. El presidente, consciente del poder de sus jugadores, no tuvo más remedio que empezar de cero pero con la mitad de temporada ya atravesada, tuvo que sacar la billetera y acumular más efectivos de calidad, los que demandó su anterior entrenador, al que no le concedió nio el beneficio de la duda.

Benítez remendó bajas como las de Diego Milito, Sneijder, Julio César, Samuel, Coutinho o Cambiasso, con sobrantes anteriores o juveniles faltos de experiencia como Castellazzi, Obi, Alibec, Natalino, Muntari, Santon o Nwankwo (hoy subordinados o lejos de Milan). No había parangón posible pero las exigencias, tras los éxitos de meses anteriores, eran igualmente altas, lo que condenó poco a poco un proyecto sin argumentos posibles para el éxito. Por tanto, el cambio en el banquillo no era la única obligación, sino también ofrecer al recién llegado Leonardo alguna variante que, en cuestión de semanas, ha ofrecido un mayor volumen de alternativas en su plantilla. El técnico brasileño no ha tenido que buscar acomodo a juveniles ni cambiar tácticamente sus planes conforme a los pocos jugadores que tuviera disponibles, sino que a la recuperación de hombres determinantes, le han acompañado impulsos ‘extras’ de tanta valía como Pazzini (actual delantero centro que no podrá jugar en Champions por haberla disputado con la Sampdoria), Nagatomo (quizás el mejor jugador de la Copa Asia), Kharja (un centrocampista con recorrido y capacidad de comodín) o Ranocchia (el valuarte perfecto para sus problemas defensivos).

Ahora el Inter arranca porque con el compromiso de jugadores expertos y la anexión de varios puntales, la plantilla presenta un cartel totalmente contrario al mes de de septiembre. Once partidos de Serie A con dos derrotas y nueve victorias, han dado la vuelta a la situación que, pese al pésimo inicio de temporada, vuelve a colocarles como candidatos número uno al Scudetto. Doce jornadas por delante para terminar de redondear la remontada (el Milan les saca cinco puntos pero aún tienen que cruzarse), una semifinal de Coppa a la vista y la perspectiva intacta en una Champions en la que defienden título, sirven para limpiar el rastro post-Benítez y mantener expectativas para intentar un nuevo ‘triplete’. Siempre, desde luego, con el debido permiso de su vestuario, el que manda y al que nadie se ha dignado en acusar…

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