Histórico
18 enero 2011Jose David López

Pires, un deleite ‘villano’

La incongruencia fue parte de su infancia y la franqueza, la mejor de sus aptitudes, fue asimilada a medida que la pelota le mostraba el camino hacia el éxito en base a una estricta profesionalidad. Un fin de semana de televisión le sirvió para traducir los sentimientos contrastados en su propia casa, donde su padre y su madre, tremendamente futboleros ambos, no eran capaces de imponer un dominio futbolístico sobre su propio hijo. Él, portugués, enamorado del Benfica. Ella, española, fiel seguidora del Real Madrid. Y su hijo, multicultural desde su propio nacimiento, era francés, del noreste, del frío Reims. Tan patrióticos eran sus padres pese a haber emigrado en busca de mejores oportunidades, que el origen galo de su vástago quedó en segundo plano pues “en casa no se hablaba nunca francés y yo tuve que aprender día a día en el colegio con lo duro que es eso para un niño nuevo”.

Sin embargo, ese déficit lingüístico era paliado por sus padres de una manera totalmente opuesta. Antonio llevaba a su hijo a cada uno de sus entrenamientos y partidos con el modestísimo Les Corporation. Eva, le vestía adecuadamente para cada una de esas citas y creaba en su interior una perspectiva de lo que era capaz de generar ese deporte en su familia. Tanto, que a los 14 años, cuando el niño había mostrado ya sus capacidades con el balón, ambos lo empujaron al reto de ser profesional, abandonando la escuela y entrando a formar parte de la escuela del mítico Stade Reims. Allí arrancaba la carrera de uno de los jugadores franceses más admirados de los últimos tiempos: Robert Pires.

Y es que en aquél enclave al norte de Francia, donde el frío arrecia y el fútbol un día fue referencia mundial, Pires encontró el cariño de una familia que lo arropó y que, apenas tres años más tarde, le impulsó al profesionalismo. Les Graoullys del Metz, un equipo ascensor del país galo, le convirtieron en el joven más prometedor, haciéndole debutar con apenas 19 años en la etapa más exitosa del club de la comarca de Lorraine. Su mentor, el técnico que confió en él más que en nadie cuando apenas era un crío de piernas largas, fue Joel Muller, sempiterno director de un club donde ha sido todo como jugador, asistente y donde curiosamente ahora vuelve a ejercer de entrenador. En seis campañas pasó de la escuela de juveniles a ser el fenómeno e icono de un Metz incomparable que llegó a levantar la Copa de la Liga y que quedó a un pasito de alzar la Ligue 2 pues fue subcampeón.

Sin embargo, su crecimiento y progresión le abrieron las puertas de los clubes más poderosos de Europa y cuando su nombre era vinculado a traspasos millonarios, prefirió dar un salto menor arriesgado. Salió del nordeste francés pero siguió sus pasos en la Costa Azul (justo el verano en el que se convertía en Campeón del Mundo en Francia 98), convirtiéndose en el dueño de la banda izquierda del Velodrome y en uno de los jugadores más enigmáticos de la época en el Olympique de Marsella. Su visión de juego, la facilidad con la que desbordaba por un cambio de ritmo no muy veloz, pero sí muy desequilibrante y, desde luego, su estupenda lectura de cualquier situación, le hizo ser estrella en dos años y emerger como él había deseado. Real Madrid y Juventus le tuvieron casi fichado (se llegó a fotografiar con la camiseta blanca) pero finalmente fue el Arsenal quien se llevó al que hoy sigue siendo uno de sus jugadores más queridos y recuerdo imborrable de una etapa histórica.

Su fichaje no llegó a 7 millones de euros, suplió con creces la marcha de Overmars y alcanzó su zenit gracias a la conexión formada con Henry, Vieira, Bergkamp o Ljunberg, que sumaría dos Premier, tres FA Cup, dos Community Shield y una finalísima de Champions que les hubiera coronado para los anales en el fútbol mundial. D’Artagnan sucumbió a la edad pero encontró un semi-retiro muy apetecible en Villarreal, pues los de Roig apuntaban maneras hacia lo que ya son hoy y en su etapa de crecimiento, la aportación de un centrocampista tan experimentado y voluble como Pires, fue clave. Rozó el título de Liga en 2008 y superó varios problemas físicos de extremo peligro pero su imagen, su talento y su profesionalidad, volvieron a dejar momentos inolvidables en El Madrigal.

Este pasado verano se quedó sin equipo pero ni aún así Robert mostró desprecio hacia quienes no vieron factible su renovación. Trabajó en silencio, sus buenas relaciones con el Arsenal le permitieron mantenerse en forma entrenando con los hombres de Wenger y aunque se especuló con un regreso, sólo estaba cogiendo el estado adecuado para que algún club inglés se atreviera a darle una nueva oportunidad. Su compatriota Gerard Houllier, gracias a los elogios de Wenger, le hizo ficha hasta final de campaña en el Aston Villa, donde espera aportar de nuevo sus mil y una cualidades. Serán los últimos meses de Pires, los más irregulares y donde apenas tendrá protagonismo pero de Gunner, Submarino o ahora Villano, siempre será un deleite.

Síguenos también desde Twitter y Facebook

Contacta con El Enganche




Nuestras redes sociales

 

Contacta con nosotros

Puedes ponerte en contacto con El Enganche a través de este formulario.

Envíanos tus consejos, dudas, quejas o sugerencias para ayudarnos a mejorar. Rellena el formulario y haznos llegar tu mensaje. #yosoyenganche