Histórico
25 enero 2011Jose David López

Okudera, rey del profesionalismo japonés

La Nihon Sakkā Rīgu fue la primera competición que estructuró con cierto orden el fútbol japonés. No se trataba de un campeonato con sentimientos naturales de por medio, porque ninguno de sus clubes surgió del amor sincero que por la pelota veneraban un grupo de aficionados, sino por aspectos estrictamente comerciales. Los equipos formados representaban empresas y no se ocultaban sino que jugaban bajo el nombre que pagaba sus minúsculos sueldos. Los jugadores, todos simples trabajadores, eran auténticos ‘esclavos’ de sus nóminas, pues no recibían compensación alguna por saltar al terreno de juego, por viajar a cualquier hora del día o por perder fines de semana. Sus jornadas laborales, incluyendo los entrenamientos, ascendían considerablemente en plena temporada y las condiciones no eran las más adecuadas para afrontar con ilusión un deporte al que le costó progresar.

Hoy en día, el respaldo comercial, el impacto entre aficiones y la capacidad de crecimiento, es muchísimo mayor que entonces. Desde 1992 la Nihon quedó a un lado y los jefes de aquellos equipos-empresa, se reunieron para crear la J League, primer paso hacia la gran estabilidad de un fútbol que hoy por hoy vive su momento más dulce. Y es que nueve de los internacionales nipones que Alberto Zaccheroni se ha llevado a la Copa Asia, ya actúan en los principales campeonatos europeos en una dinámica que ha engordado en los últimos meses y que tiene su mayor exponente en la Bundesliga. Un campeonato que nunca dio la espalda a lo exótico, a lo asiático, ni a lo nipón. Allí, hace ahora más de treinta años, el mayor icono del fútbol japonés abrió el camino de la profesionalidad al resto: Yasuhiko Okudera.

Dentro de aquél nivel amateur que imperaba en Japón durante los años de la Nihon, la llamada de la Bundesliga era una osadía para cualquiera de sus jugadores. Alemania era el dominador y así lo había demostrado con su título mundial en 1974 y con el reinado del Bayern tri-campeón continental 1973-1976. Pero además, las arraigadas costumbres de un trabajador nipón, nada tenían que ver con las de un profesional de primerísimo nivel en el gigante europeo. Las estupendas campañas de Okudera con el Furukawa Electric (hoy JEF United) y si carácter de líder en el título japonés del club en 1977, llamaron la atención del Colonia, por entonces uno de los clubes más respetados en suelo germano y el que mejor trabajaba con refuerzos exteriores. Se convirtió en el primer japonés en pasar al profesionalismo y en el Die Geißböcke, iba a compartir experiencias que pronto se conviertieron en éxitos compartiendo vestuario con mitos como Dieter Müller, Pierre Littbarski o el controvertido guardameta Harald Schumacher.

Okudera atravesó momentos difíciles los primeros meses pero esa campaña acabó siendo titular y aprovechando sus minutos. Era un zurdo con desequilibrios por velocidad y una gran firmeza en sus centros, aunque fue determinante en el aspecto goleador, con tantos que sirvieron para que el Colonia venciera en la recta final al Borussia Moenchengladbach en la pelea por el título nacional. Un año más tarde, instalado en las glorias europeas, se convirtió en el primer japonés en marcar en la Copa de Europa, en un mítico gol para la historia del país asiático en semifinales ante el posterior campeón, Nottingham Forest. Pasó un año por el Hertha de Berlín en la segunda división germana para, después, ser parte interesante del Werder Bremen de Otto Rehhagel. El estratega, un mago de lo táctico y de sistemas avanzados a su época, aprovechó el dinamismo y la capacidad de Okudera para actuar de comodín y a pesar de su gran pierna izquierda, buscó en él un carrilero de recorrido para su banda derecha. Un rol absolutamente distinto al que había ocupado hasta entonces pero que le otorgó un plus en su aprendizaje natural, pasando a ser un jugador de enorme valía para cada plantilla.

Nueve temporadas en el campeonato más poderoso de Europa, 259 partidos después y con la vitola de ser un icono japonés, Okudera quería llevar su experiencia a su tierra natal. Dos años de transición hacia el retiro en el club donde había logrado éxitos a nivel nacional, Furukawa Electric, reflejaron su liderazgo y confianza en poder dotar al fútbol nipón las mejoras necesarias para trasnformarlo en profesional. Su llegada levantó el interés por la Nihon y al ser profesional, alertó a los clubes del siguiente paso, que no podía ser otro que renovar las bases. En meses, los clubes entendieron que la labor de un jugador no podía ligarse a un trabajador que en horas extras saltara al césped y el profesionalismo se convirtió en una realidad.

Hoy, Okudera sigue siendo hombre de fútbol. Es presidente y director deportivo del Yokohama FC, mantiene relaciones en Europa a través de la presidencia testimonial de un modesto inglés como el Plymouth Argyle y su experiencia ha servido de guía para impulsar el fútbol japonés que hoy se asoma a Europa sin censuras ni desmerecimientos. “Estoy seguro de que si Japón estuviese en Europa, ahora seríamos una nación futbolística más potente”, dijo hace unos meses, consciente de que el salto ya está dado y que la invasión japonesa ha empezado. Sin él, los trabajadores-futbolistas serían hoy parte de un fútbol que, con las ideas restauradas y el patrón afianzado, se descubre al mundo con orgullo y, desde luego, profesionalidad.

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