Histórico
27 enero 2011Jose David López

La renovación ‘low cost’ del Milan

La palabra incombustible no encuentra sentido racional en el fútbol, pues su valor físico evita cualquier atisbo sensato. Sí ofrece sin embargo deducciones a lo largo de la historia porque la falta de agotamiento, la perseverancia en una labor sacrificada y la lucha contra los inconvenientes, ha encontrado epicentros futbolísticos de enorme trascendencia. Quizás no con tanta facilidad en el fútbol antiguo pero desde los años 80, la importancia de jugadores expertos, con lectura avanzada del juego y capacidad ciclomotora en labores defensivas-destructivas, se ha ganado un papel fundamental. Otra manifestación de incombustibilidad se ofrece en el carácter y allí, la historia no ha parado de crear personajes. Pequeños ídolos, iconos de una forma de ser, de un orgullo imperturbable y de una estresante capacidad para la polémica. La amalgama de estos dos aforismos se refleja hoy en Milan, en San Siro, núcleo de peripecias con la pelota pero también de egos recalcitrantes. Y todo, a precio de saldo.

El proyecto de Massimiliano Allegri arrancaba este verano en Milan con muchas dudas porque una apuesta similar aunque de la ‘casa’, fracasó con Leonardo (hoy en el Inter) meses atrás. La plantilla apenas había sufrido variaciones, mostraba sus incontables lagunas defensivas y una enorme incapacidad para crear juego lúcido a sus pocas estrellas. Y bajo el telón, el mismo problema de trasfondo de siempre, la falta de gran liquidez para mejorar un bloque que lleva trabajando unido una década con pocas alternaciones en su esquema. Pero ante el cúmulo de sensaciones negativas en las primeras intervenciones de la pretemporada, el capitán de navío rossonero, Berlusconi, telefoneó a su mano derecha, el siempre ávido Adriano Galliani. El equipo necesitaba calidad, técnica, talento para olvidar años a la sombra y la solución radicaba, en este caso, en saber aprovechar las debilitadas condiciones económicas de la entidad.

Gran conocedor del mercado y hábil como pocos a la hora de negociar, Galliani supo sacar rentabilidad a varios cracks que estaban en un momento conflictivo en sus clubes. Y con el arte de quien domina la profesión y la pillería, redondeó en cuestión de horas el fichaje de Zlatan Ibrahimovic y de Robinho. Dos estrellas, dos jugadores mediáticos, dos talentosos que llegaban prácticamente a coste cero y con pagos a posteriori (recordamos que por ninguno de ellos ha pagado aún un solo euro pues firmaron contratos para desembolsar en los próximos años). Con ese doble movimiento, logró que el mundo volviera a situar sus ojos en la cara rossonera de Milan. La esperanza regresaba a la hinchada, motivada por la inyección de moral y los intentos de reconstrucción.

Con mejores resultados que imagen, Allegri encontró un once y un esquema que trastocó a medida que Ronaldinho perdía la batalla ofensiva contra Ibra-Pato-Robinho. Sin embargo, pronto se divisó una enorme fractura en el equilibrio del once básico. Los tres hombres de ataque se auto-anulan de cualquier labor defensiva y su única meta es crear, imaginar e inventar cuando la pelota les llegue a posiciones peligrosas. Con Seedorf obligado a un sacrificio mayor al habitual, Pirlo constantemente tocado por problemas musculares y el dúo de veteranos bregadores Gattuso-Ambrosini, debilitado, esta fragmentación de hizo más notoria.

Había que recomponer la medular y mientras desconocidos canteranos como Merkel o Strasser ocupaban el rol que deberían incluso tomar Flamini o  el también ‘barato’ Boateng (por ahora aislados), la directiva encontró un nuevo filón mediático que aportaría mayor talento a su ataque. Antonio Cassano se puso ‘a tiro’ pues una nueva salida de tono había enrarecido el ambiente en la Samdporia, donde pasó de héroe a villano en cuestión de horas. Y allí, entre la controversia, como sucediera meses antes con Ibrahimovic en Barcelona o Robinho en Manchester, Cassano pasaba de Marasi a San Siro por un coste mínimo debido a su pasado madridista tras romper contrato con el cuadro genovés. Ronaldinho perdía automáticamente su sitio, era fulminado y la agudeza ofensiva se multiplicaba por diez con ‘Talentino’ motivado en el césped. Todo era fantástico pero había que renovar la medular, el problema de partida.

Galliani salió esta semana a escena y tras no poder cerrar contrataciones más valoradas económicamente como Ziegler o Criscito para el lateral zurdo, acabó cerrando a Urby Emanuelson. Un interior o extremo más que carrilero pero, desde luego, a precio de saldo tras buscar en los últimos meses ofertas para dejar Amsterdam. En Múnich, otra polémica jugador-técnico entre Van Bommel y Van Gaal (debido al fichaje de Luis Gustavo por el Bayern), fue la premisa ideal para la aparición de Galliani, que cerró en cuestión de horas al holandés más caracterial del momento y al elemento ideal para igualar el sacrificio y competitividad de sus habituales mediocentros. Dos jugadores que terminaban contrato en verano, que no estaban conformes en su equipo y que para todas las partes implicadas suponía un alivio la llamada milanista.

Estos seis refuerzos (Ibrahimovic, Robinho, Boateng, Cassano, Emanuelson y Van Bommel) se han traducido en apenas 8 millones de euros a falta de pagos futuros si logran consagrarse en el vestuario de San Siro. Una cifra irrisoria para cinco internacionales que hoy son el reflejo de una entidad que busca renovarse sin euros en la mesa y con el único caché que supone su nombre en Europa. Una revolución ‘low cost’ sólo apta para incombustibles.

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