Histórico
12 enero 2011Jesús Camacho

Kenny Dalglish: “King of the Kop”

Corriendo por la calle del olvido se encontraba para muchos de nosotros -nunca para los aficionados de Merseyside- Kenny Dalglish, cuando el Liverpool decidió rescatarle de la sala de los mitos con la intención de que el genial escocés de Dalmarnock consiguiera retomar el rumbo de su amado Liverpool.

Una calle del olvido que bien podría estar situada en las cercanías de la zona portuaria de Govan, cerca de Ibrox, donde el joven Kenny creció al abrigo y afición de los cánticos de los ‘Gers’. Aquellos que de forma inconsciente inocularon el veneno del fútbol a un chaval que comenzó a practicarlo durante su estancia en la Milton Bank Primary School, donde curiosamente y aunque fuera por poco tiempo lo hizo en la posición de portero. Aquella que abandonó para, a la edad de 15 años comenzar a brillar en la zona medular. En la que en un enfrentamiento contra los escolares ingleses fue destacado por la revista The People y le abrió la inminente posibilidad de firmar un contrato profesional.

En su bagaje también el rechazo de West Ham y Liverpool, pues cuentan que en agosto de 1966, poco después de que Inglaterra se coronara campeona delmundo y Shankly construyera los cimientos del mejor Liverpool de la historia, un joven futbolista fue a probar con el equipo B del Liverpool, jugando un amistoso contra los reservas del Southport en el que no logró superar la prueba. En su corazón y sus sueños la ilusión por jugar con los presbíteros Rangers, pero en su camino profesional únicamente la posibilidad de firmar por los católicos del Celtic Glasgow. El máximo rival que por expreso deseo de Jock Stein y mediación de Sean Fallon, logró convencer a su padre -ingeniero protestante- de que Kenny encontraría su futuro en Celtic Park.

El Celtic lo cedió al Cumbernauld United y luego lo incorporó a su conjunto reserva, debutando con el primer equipo un 25 de septiembre de 1968 en los cuartos de final de la Scottish League Cup. El primer gran reto de su carrera, hacerse un sitio en un equipo que acababa de saborear la gloria europea. Circunstancia que comenzó a gestionar de forma definitiva a partir de su debut en la Scottish League, en un partido contra el Kilmarnock que acabó con el resultado de 7-2 y seis goles de Dalglish. Pronto aquel chaval que hasta no hacía mucho había sido aprendiz de carpintero, se convirtió en el ídolo de la afición del Celtic. En su primera campaña en el conjunto profesional ya aportó una contribución decisiva para la conquista de un doblete -Liga y Copa- marcando 23 tantos en 49 partidos y superándose en la siguiente, en la que se adjudicó su segunda liga con 41 tantos anotados en 53 partidos.

La exquisitez de su pierna zurda abrió entonces la senda de su fútbol valiente, frío, eficiente y espectacular. Desborde e imaginación al servicio del fútbol ofensivo, cualidades que le llevaron a conquistar cinco títulos de la Scottish League, uno de la Scottish League Cup y cuatro de la Scottish Cup entre 1971 y 1977. Así hasta aquel año de 1977, cuando con tan solo 22 años -siendo ya una estrella consagrada de la Liga escocesa- protagonizó un traspaso récord de 440.000 libras al firmar por el Liverpool. Cuentan que en aquel momento, cuando Shankly conoció que el talento escocés había sido desechado años atrás, montó en cólera, pero aquella elevada suma de dinero desembolsada acabó siendo enormemente rentable para el conjunto de Merseyside. Y es que pese a que Dalglish llegó con el complicado reto de suplir al recién traspasado -al Hamburgo- Kevin Keegan, supo como nadie heredar aquel pesado dorsal nº7.

Para Dalglish la situación no era nueva, una vez más llegaba a un equipo consagrado en el ámbito doméstico y europeo, y una vez más -pese a la presión- no se amilanó. Convenció a todos con sus goles, su fútbol y su genialidad. Dalglish jugaba y hacía jugar a sus compañeros, era capaz de finalizar por sí mismo o dar un gran pase al compañero. La Liga inglesa se les escapó en su primera campaña ante el Nottingham de Clough, pero no así la Copa de Europa. Una final disputada el 10 de Mayo del 78 en Wembley ante el Brujas.

La llegada de Hansen en defensa, la calidad y trabajo del escocés Souness en el medio y la genialidad de Dalglish arriba habían supuesto un enorme salto de calidad para los Reds, circunstancia que quedó reflejada en aquella final. Especialmente por la acción que abrió paso a otra gran victoria europea  del  Liverpool. Y es que pese al dominio y las oportunidades generadas por el conjunto inglés, nada se movió hasta la doble genialidad surgida de la cabeza de Souness y las botas de “King Kenny”. Souness recibió un balón llovido del cielo, lo bajó con el pecho, lo acomodó con la izquierda para su pierna diestra y envió un pase al hueco genial que Dalglish convirtió en oro puro. El futbolista escocés cazó con su velocidad aquel balón y definió de forma fría picando sutilmente con su pierna diestra ante la salida de Jensen. Golazo y un nuevo paso más hacia la leyenda.

A partir de aquel instante “King Kenny” fue aclamado como “King of the Kop” por los aficionados de Merseyside. Su compromiso con el escudo y la camiseta fue tal que bien podría haber nacido a orillas del río Merseyside, en cada regate, cada movimiento, cada pase y cada disparo una muestra de la sintonía existente entre el futbolista escocés y la mítica grada “The Kop”. Una relación que el legendario nº7 vivió así: “Desde aquel fondo de Anfield se vivían los sueños de la gente que nos veía. Dábamos un esfuerzo extra porque ellos siempre lo daban. Era una relación de respeto y admiración mutua”.

Una relación inquebrantable que se saldó con la conquista de  seis Ligas, tres Copas de Europa, una Supercopa de Europa, una FA Cup y tres Carling. Dalglish consiguió lo más difícil, hacer olvidar al genial Kevin Keegan, circunstancia de la que dio fe Tommy Smith -que jugó con ambos futbolistas- que dijo que Dalglish fue mejor que Keegan. Máximo goleador de la historia de la selección escocesa con 30 goles en 102 partidos, desde que debutara allá por 1971, con tres mundiales disputados en 1974, 78 y 82 con desigual fortuna. Elegido mejor jugador del año del fútbol inglés en 1979 y 1983, en 1985 vivió con intensidad y tristeza la “tragedia de Heysel”. Sin duda un antes y un después para Dalglish y el conjunto red, que decidió dar un golpe de timón entregándole las riendas del equipo -tras la marcha de Joe Fagan- a Dalglish, ejerciendo las funciones de entrenador/jugador.

Una nueva etapa que marcó el final de su leyenda como jugador e inició su trayectoria como técnico, cargo en el que se mantuvo hasta el 91. Siendo responsable de la conquista de varios títulos y el artífice de que jugadores como Beardsley, Barnes y un joven Redknapp jugaran con los reds. Catorce años ligado al club en los que Dalglish dejó una huella solo comparable a la dejada en su momento por el mítico Bill Shankly. La huella de Kenneth Mathieson Dalglish, un número siete de leyenda, veloz, trabajador, con una pierna derecha notable y una zurda genial. “King of the Kop”.

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