Histórico
27 enero 2011Jesús Camacho

Alemania 2006: Italia apaga la magia de Zidane

El mundial de Alemania de 2006 acabó pasando a la historia por un incidente protagonizado por dos futbolistas antagónicamente distantes tanto en su rol como en su estilo de juego. Se podría decir que Marco Materazzi escenificó a la perfección las malas artes del engaño para conseguir su gran objetivo: convertir el que hasta ese momento había sido el Mundial de Zidane en la final de Marco Materazzi y por extensión a Italia en campeona del mundo. Fue sin duda la más antigua y conocida artimaña del fútbol para sacar de quicio a la estrella rival, pero con la importante salvedad de que se produjo en el marco y en el nivel más alto de una competición futbolística mundial. Una trampa en la que un genio como Zidane nunca debió caer y el punto y final a la majestuosa carrera de un jugador que pudo haberse despedido a lo grande de no haber caído en aquel error.

Y es que pese a que alguno de vosotros no compartáis mi opinión sobre el rendimiento del francés, -que ciertamente tardó en aparecer en los primeros partidos-, creo que cuando decidió aparecer fue para obsequiarnos con los mejores detalles de un Mundial en el que tanto Ronaldinho como el buen fútbol estuvieron ‘missing’, salvo aquellos detalles de nº1 del astro galo.

Un fenómeno que a sus 34 años nos regalaba las últimas gotas de esencia de su fútbol. Cierto es que también compañeros suyos como Malouda, Ribery o Henry –en menor medida- hicieron un muy buen papel, pero mi recuerdo más vivo me llega cuando ojeo la histórica portada del Diario Marca en la previa del encuentro de Francia ante la selección española: “Vamos a jubilar a Zidane”.

Justo lo contrario a lo que posteriormente pudimos contemplar, una exhibición del genial futbolista francés que lideró a su selección y acabó retirándonos a nosotros del torneo. Aquella tarde el genio francés nos mandó para casa en octavos y nos dejó la sensación de que aquel iba a ser su Mundial y que poco se podía hacer para evitarlo. En cuartos se merendó a Brasil, -Ronaldo y Ronaldinho incluidos- y en semifinales encontró otra víctima propiciatoria en la selección de Portugal.

Así hasta a aquel día en el que todo comenzó y concluyó, en el Estadio Olímpico de Berlín, escenario que fue testigo del enfrentamiento de dos grandes potencias del fútbol mundial, la Italia de siempre y la que a priori iba a ser una vieja y decadente Francia, en dirección a la fase final de un ciclo.

Fue un 9 de julio del año 2006, cuando la Italia de Lippi compareció nuevamente a una final por su camino habitual, con un sólido equipo con figuras como Buffon, Cannavaro, Pirlo y Totti, más una serie de futbolistas que rindieron a gran nivel, como fueron los casos de Grosso y Del Piero, este último vital cuando Lippi le dio minutos para cambiar el signo de los partidos. Un equipo acostumbrado a sufrir, basado en su perfecta organización defensiva, en el sensacional torneo completado por Cannavaro y compañía, pero cómodo cuando se ha de recurrir a la épica, a la experiencia, y a la calidad de sus futbolistas más determinantes. Futbolistas como Pirlo o Del Piero, éste último junto Grosso, héroe de las semifinales ante Alemania, pues estos dos futbolistas fueron los encargados romper la paridad en el tiempo suplementario con goles en los minutos 119′ y120′.

Italia a por su cuarta Copa del Mundo y Francia a por su segunda gesta mundial, un partido que nada más comenzar puso en escena a los dos grandes protagonistas del mismo. Y es que a los seis minutos de juego Florent Malouda cayó dentro del área por una entrada de Marco Materazzi. El colegiado Horacio Elizondo no dudó un instante y señaló la pena máxima. Zinedine Zidane agarró el balón con suavidad y se dispuso a escenificar el primer gran engaño de aquella gran final.

Zidane cobró suavemente en un intento de burlar al guardameta Buffon con un penalti al estilo Panenka, llamado así en honor al jugador checoslovaco que le dio el triunfo a su selección en la final del Campeonato Europeo de 1976.

El balón voló sutilmente y besó con suavidad el travesaño, picó dentro de la portería y luego salió. Tremenda frivolité solo al alcance de un tipo como él. Un golazo de leyenda para un jugador de leyenda. El cuarto jugador en la historia que lograba anotar en dos finales mundialistas.

Materazzi vs Zidane o viceversa, todos los focos apuntando directamente al dorsal número 10 de la selección francesa y al dorsal número 23 de la azurra. La siguiente acción protagonizada por el controvertido y polémico central de la selección italiana, un cabezazo hacia su portería tras centro de Sagnol que puso en apuros a Buffon. Paradójicamente el preludio a la reacción de la tricampeona, en otra acción del espigado central italiano, que en el minuto 19 de partido aprovechó su altura y su dominio del juego aéreo para elevarse por encima de Vieira y conectar un potente cabezazo a un saque de esquina de Pirlo que acabó en el fondo de las mallas de la meta defendida por Barthez.

Un empate que dio paso a una fase de dominio alterno en la que Italia gozó de una gran ocasión para conseguir el 2 a 1, un cabezazo a saque de esquina de Luca Toni que acabó estrellándose en el larguero de la meta de Barthez. En cualquier caso y pese a que en el arranque de la segunda parte Italia pareció contra con más gasolina en el depósito, Zidane volvió a tomar el mando de las operaciones e hizo mover a su equipo. Henry apareció, Malouda y Ribery entraron también más en el partido, e Italia comenzó a notar la presión, pero el conjunto galo chocó una y otra vez con la férrea defensa y el orden mostrado por Italia en la zona media del terreno de juego.

La final parecía estar ligeramente inclinada del lado francés en cuanto al juego pero Italia sabía a qué jugaba, agazapada en su estilo salía con tremendo peligro a la contra. Buena prueba de ello fue el gol anulado a Toni en el minuto 62. Una jugada que nuevamente vino con un excelente envío de Pirlo a pelota parada que Toni remató de cabeza y mandó al fondo de la red pero en situación de fuera de juego bien vista por el linier.

Y así hasta el final, con aquel dominio infructuoso de los galos e Italia jugando sus bazas para encontrar el momento oportuno para decantar la final.

Un momento que encontró en el transcurso de la prórroga, periodo de tiempo en el que el conjunto de Raymond Domenech tuvo dos grandes ocasiones para lograr el triunfo. Una primera para Ribery quien, luego de una combinación con Malouda, disparó y se le fue desviado y una segunda en la que Zidane pudo haber escrito otra página de oro de los mundiales más por un cabezazo en una final. Un excelente cabezazo a centro de Sagnol, que sacó con una mano el no menos excelente Buffon, que salvó a su equipo.

Como apunté con anterioridad la cita con el destino de dos futbolistas antagonistas, la creación frente a la destrucción, caminos dispares que se fueron a cruzar en el momento menos oportuno para Zidane, y en el instante clave para el dorsal nº23 de la selección italiana. El minuto 110 de partido, a falta de solo diez para la conclusión, minutos quizás anecdóticos para muchos pero en los que la presencia del nº10 de la selección francesa podría haber decantado la final para su lado.

Acción e imágenes que quizás nos dolieron una tanto a todos los que apreciamos el buen fútbol, pues tras una confrontación dialéctica con Marco Materazzi y previa provocación del dorsal nº23, Zizou reaccionó de forma desproporcionada propinando un cabezazo en el pecho del central italiano. Una agresión que no fue apreciada por el colegiado principal Horacio Elizondo pero que no se le escapó al cuarto árbitro, el español, Luis Medina Cantalejo, quien al observar directamente el incidente desde su posición al lado del campo, informó al árbitro y a sus asistentes mediante el sistema de intercomunicación.

La imagen de Zidane abandonando cabizbajo junto a la Copa FIFA, sin duda una de las instantáneas legendarias de la historia de los mundiales. Se marchó sin mirar atrás, no regresó siquiera para recoger la medalla de subcampeón –craso error-, y con él se marcharon todas las ilusiones y el pequeño hilo de esperanza que le quedaba a Francia.

Materazzi lo había conseguido, Italia pudo llegar a donde quería: la ronda de penaltis. En la que todos sus jugadores convirtieron y en la que David Trezeguet, tras errar su pena máxima, escenificó el abatimiento del equipo francés.

Italia era cuádruple campeona del Mundo, Cannavaro elevaba al cielo berlinés la Copa Mundial FIFA como capitán. El nº10 de la selección francesa era elegido mejor jugador del torneo, pero a fin de cuentas Materazzi le había ganado a Zidane…

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