Histórico
8 diciembre 2010Jose David López

Martin Jol y la eterna regeneración del Ajax

“Technical-Intelligence-Personnality-Speed”. En términos futbolísticos, el TIPS, reúne gran parte de las cualidades que se exige dominar a todo buen jugador y bajo esas siglas, la escuela del Ajax ha conformado un auténtico imperio de fama mundial y extensión planetaria. El último año, en su día grande, el conocido como “talent days”, el club recibió en sus instalaciones juveniles la visita de unos dos mil chicos que, en un porcentaje minúsculo (puesto que dos o tres son los únicos que dan un paso adelante), buscan progresar baño el estricto y aún cotizado estilo ajaccied. Toque, capacidad de asociación, buena técnica individual y velocidad de ejecución. Premisas que dejaron de ser habilidades para convertirse en una seña de identidad, un sello de calidad para todo aquél criado en el Ajax.

El fútbol en Ámsterdam es parte de su cultura, una herencia y una doctrina que ilustrar a todo el mundo. El club aporta más de 4 millones de euros anuales al mantenimiento y renovación de sus escuelas de formación, distribuidas por edades desde benjamines hasta juveniles, un total cercano a los 250 jugadores y quince categorías diferentes. Salones comedor, habitaciones para los más veteranos, espacios para el ocio o para el estudio así como vestuarios para entrenamiento personal, dan forma a una mentalidad arraigada en el sentimiento de todo ajaccied. Modernas y lujosas instalaciones donde brotaron cracks mundiales como Johann Cruyff, Marco Van Basten, Dennis Bergkamp, Edwin Van Der Sar o Wesley Sneijder. Un precinto, el ajaccied, que hace años vive estancado una generación que prometía ser salvadora pero que está destrozando el biorritmo natural del Ajax.

En la escuela donde todo gira en torno al balón y a la habilidad creativa que se le ofrezca, también hay etapas de escasez, pues no surgen con la misma facilidad jóvenes capacitados para distinguirse dentro de su ideal de juego. El último de estos periodos duró una década y tuvo que reorganizar toda su estructura pues la generación de Louis Van Gaal, aquella que levantó la Champions League en 1995 con una ‘plaga’ de diamantes salidos de su cantera como Seedorf, Kluivert, Finidi, Litmanen, Overmars, los hermanos De Boer o el citado Van Der Sar, se disipó en cuestión de meses ante los multimillonarios contratos llegados desde cualquier rincón de Europa. Cierto es que esa misión, la de criar talentos que den brillo al club y posteriormente sean traspasados, es justamente su perenne objetivo pero una desbandada en masa como aquella, limitó al club y le obligó a empezar de cero.

Aquella cultura nacida en los años 60, fiel del ‘futbol total’ de la Holanda del 74 y del Ajax de la época, se topaba con una etapa de larga transición que le condenó a perder rápidamente caché en Europa y ritmo de títulos en Holanda, donde renacieron sus principales enemigos. Doce entrenadores en la última década, reflejan la falta de continuidad. Sin embargo, hace unos años surgieron nuevamente varios nombres que, con un desarrollo adecuado y con la tranquilidad justa, iban a reorganizar una buena estructura en la plantilla del Ajax. Hace mucho que el fútbol holandés a nivel de clubes es incapaz de competir con los ‘gigantes’ europeos y aunque no se le exigía semejante objetivo, sí es cierto que la generación de los Stekelenburg, Van der Wiel, Alderweireld, Vertonghen, Emanuelson o Eriksen, sí se les pedía reducir esas distancias. Su labor, que ha contado con numerosos sobresaltos, no ha podido completarse y tras varios años reforzando el proyecto con jugadores que siguen esa línea (Luis Suárez, El Hamdaoui o De Zeeuw), han vuelto a tropezar. Esta vez, además, llevándose por el camino al técnico que mayor provecho había sido capaz de generar: Martin Jol.

“He llegado a la conclusión de que las expectativas son demasiado altas. No podemos cumplirlas y eso me duele. El aluvión de críticas está empezando a pasar factura a la organización y a los jugadores”, dijo el técnico holandés en su despedida esta semana, dejando ver que, quizás, la aureola en torno a sus jóvenes jugadores ha descentrado un proyecto que no arranca y que, probablemente, dejará de tener continuidad en cuanto finalice la temporada. La última oportunidad la tienen a partir de esta noche. Un buen resultado en un escenario de renombre como San Siro ante el Milan más pragmático de los últimos tiempos y que alargue su vida europea (en Europa League), será el único salvavidas para un barco que, desde hoy, dirige uno de quienes lograron tocar el cielo en el 95, Frank de Boer.

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