Histórico
13 diciembre 2010Francisco Ortí

Marcelo ya no es el culpable

El Real Madrid pre-Mourinho respondía a dos axiomas. El primero, los partidos se ganan gracias a Cristiano Ronaldo. El segundo, los partidos se pierden por culpa de Marcelo. El diario Marca abanderaba un tercero contra Manuel Pellegrini, pero ese no viene al caso ahora. De los dos primeros, sólo uno ha sobrevivido a la llegada de José Mourinho al banquillo madridista. Cristiano Ronaldo continúa ganando partidos que convierte en batallas personales, pero Marcelo ya no es el culpable de las derrotas. Ahora es un secundario de lujo.

De habilidosos pero ingenuos ataques, y perezosa defensa, Marcelo encarnaba los pecados que odiaba la afición del Real Madrid.  El brasileño carece del atractivo marketiniano de otros compañeros de plantilla y eso le convirtió en una diana fácil para las críticas tanto de los aficionados como de los medios de comunicación. Marcelo se acostumbró a escuchar silbidos cada vez que saltaba al césped del Santiago Bernabéu y a protagonizar rumores de posibles traspasos que le alejaban de triunfar vestido de blanco.

En el tramo final de la pasada temporada, Marcelo comenzó a cambiar la percepción que el Bernabéu tenía de él. Pellegrini le eximió de sus tareas defensivas adelantándole hasta el centro del campo y escoltándole con Álvaro Arbeloa.  Con la llegada de José Mourinho se presumía que el brasileño sería desterrado por su escaso compromiso con la retaguardia, pero se ha convertido en un indiscutible y jugando en el puesto para el que le fichó, de lateral izquierdo.

Mourinho descubrió en Marcelo uno de los jugadores que más valora, de esos que puede moldear a placer para encajarlos en sus esquemas.  Y el brasileño ha asimilado a la perfección las doctrinas de su técnico. Su rendimiento defensivo está cada día más alejado del cliché que acompaña a su nacionalidad, mientras que en ataque aparece con inteligencia. Corre la banda cuando se le necesita y siempre por sorpresa. Y los adornos o florituras ya no son pagos para ganar el aprecio popular, sino un recurso con el que ayudar al grupo.

La versión madura de Marcelo es un actor secundario de lujo en los planes de Mourinho. El rutilante brillo de megaestrellas como Cristiano Ronaldo, Ángel Di María o Mesut Özil eclipsa el anónimo trabajo de este brasileño que protagoniza su mejor temporada desde que aterrizó en la capital de España. Este domingo, contra el Zaragoza vivió el partido de su confirmación.  Fue un incordio constante para la defensa maña, deleitó con un delicioso caño a Ander Herrera, y rubricó su actuación regalando una generosa asistencia para que Özil abriera el marcador.

Su actuación en La Romareda es una declaración de intenciones. Jornada tras jornada Marcelo aumenta su rendimiento y se muestra hambriento de galones. Sueña con ser lo que Roberto Carlos fue para el Real Madrid en la pasada década.  Méritos no le faltan para eternizarse en el puesto, pero, desgraciadamente, lo más probable es que acabe devorado por la ambición galáctica de un equipo que no aprende de su eterno rival. Su excelente rendimiento, no impedirá que el próximo verano Marcelo tenga que escuchar nombres de laterales izquierdos con mayor perfíl marketiniano. Al menos, le queda el consuelo de saber que ya no es el culpable de turno.

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