Histórico
22 diciembre 2010Jose David López

Inter: Benítez, Moratti y un Mundial agitado

Sentirse número uno del planeta fútbol sólo está permitido en dos circunstancias eternamente soñadas por cualquier futbolista profesional. Oficialmente, a nivel de clubes, ese honor recae en aquellos que logran levantar el Mundial de Clubes y el Inter, como apuntaban todas las quinielas, se siente así desde el pasado sábado, cuando derrotó al inesperado finalista (DP Mazembe). La cúspide de ese trono mundial se ha logrado con suma facilidad y mucha más comodidad de la que los críticos esperaban, sobre todo teniendo en cuenta que en ningún momento se vio obligad por sus rivales ni con el marcador exigiendo reacciones. Un título que confirma al equipo interista como el mejor del año 2010 y que cierra una serie de éxitos de difícil clonación.

Y es que para ver un Inter como el actual, al menos en lo que a títulos se refiere, hay que remontarse 45 años atrás. Existía entonces el formato de la Copa Intercontinental, que enfrentaba al campeón de Europa con el de la Copa Libertadores. El Inter, con cracks de la época como Facchetti, Burgnich, Corso, Luis Suárez o Mazzola, estaba dirigido por el mediático Helenio Herrera, un técnico polémico, innovador, motivados excepcional y, sobre todo, un arquitecto. Helenio creó una ‘maquina’ con sus ideas y dejó atrás al Real Madrid de Di Stefano o, en aquella final de la Libertadores, a Independiente de Avellaneda.

Hoy, más de cuatro décadas después, ese Inter vuelve a vivir instantes de brillantez tras un año 2010 donde logró levantar todo lo que jugó. Máximo placer fue repetir en el Scudetto o recuperar el trono europeo a base de convicción y carácter, el que imprimió un José Mourinho que salió por la puerta de la gloria y siempre será recordado como el técnico que recuperó el honor en Meazza. Porque allí, en sus años de vorágine neroazzurra, el entrenador portugués dotó a este equipo de un poderío mental y físico imponente, lo que unido a la gran adaptación de algunos fichajes, provocó la aparición de un proyecto líder que tenía el éxito a la vuelta de la esquina. Su gran capacidad táctica y la facilidad para moldear sus esquemas, resultó clave ante clubes de mayor potencial técnico.

En parte, este Mundial de Clubes pertenece al portugués, aunque quien más lo ha sudado haya sido Rafa Benítez. El técnico español llegaba a Abu Dhabi instalado en la cuerda floja de su cese, motivado por el caótico inicio de campaña que ha dejado el Inter en la Serie A y por unos resultados negativos que lo han alejado de su aureola de equipo referencia en la lucha por el Scudetto. Massimo Moratti, experto en provocar tensiones variopintas cuando su equipo no circula por las vías que él estima adecuadas, nunca ha soportado las intenciones de Benítez, al que ha ido perdiendo el respeto paulatinamente. Cierto es que las exageradas e incontables lesiones del Inter (realmente alarmantes porque sólo 5 jugadores de la plantilla no han estado al menos 2 semanas ausentes por este motivo), han provocado una falta de regularidad y tranquilidad en torno a la llegada de un nuevo técnico, algo que ya de por sí despierta ciertas sensaciones novedosas.

Benítez, que había sido una momia en las últimas semanas  había encajado los ‘golpes’ de su presidente con aparente tranquilidad, pero estalló cuando se supo campeón de mundo. Con el poder anímico del título y la fuerza de quien acaba de dar al club un torneo que no existía en su palmarés, buscó la reacción de la directiva a sus súplicas de mercado, exigiendo fichajes invernales que, al parecer, ya le habían prometido falsamente en verano. Además, dejó ver que si no estaban de acuerdo, podían hablar con su agente, en clara referencia a un final de contrato pactado.

Hoy, la marcha de Benítez está casi cerrada y el Inter estaría buscando ya un nuevo líder para su controvertido banquillo (Spalletti es la opción preferencial si le dejan escapar del Zenit aunque el ex milanista Leonardo es más accesible). Moratti evidenciaría su error de este verano, provocaría un desconcierto extra en su plantilla, ya de por sí torpedeada y, lo que es peor, levantaría a la afición, la misma que aún recuerda a Mourinho como el ‘salvador’. Y todo este caos, en el mejor año de la historia del Inter.

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