Histórico
20 diciembre 2010Francisco Ortí

Iniesta, simplemente gracias

Hace tiempo, durante mi época de estudiante, uno de mis profesores me contó la historia de Santo Tomás de Aquino, al que sus compañeros apodaban “el buey mudo” por su parquedad de palabras. Un día, uno de esos compañeros leyó los apuntes de este joven estudiante y, sorprendido por la excelencia de los mismos, corrió a presentárselos a San Alberto. Al leerlos, éste descubrió que contaba con un alumno sobresaliente y dirigiéndose a sus estudiantes dijo: “Ustedes lo llaman el buey mudo. Pero este buey llenará un día con sus mugidos el mundo entero“.

El mundo del fútbol -afortunadamente el español- cuenta con su propio buey mudo. Es tímido, discreto, humilde, de pocas palabras, y es un genio. Es Andrés Iniesta, don Andrés Iniesta, el hombre que cambió la vida de toda España anotando el gol del triunfo en la final del Mundial 2010 frente a Holanda. Su tanto en Sudáfrica es su mayor hazaña, pero el mito de Andrés no se alimenta de grandes gestas -eso va contra su personalidad- sino de pequeños detalles. Tarde tras tarde ha labrado su leyenda.

Con tardes como la del pasado sábado en Cornellà-El Prat. Espanyol y Barcelona, vecinos y rivales acérrimos se enfrentaban en el derbi barcelonés. La afición local estaba preparada para recibir de uñas a sus archienemigos, prestos a construir un ambiente infernal ante el que sucumbiera el todopoderoso Barcelona. Sin embargo, cualquier tipo de hostilidad que hubiese preparado la hinchada espanyolista quedó desactiva por Andrés Iniesta, que se marchó del terreno de juego aplaudido por el estadio enemigo.

No tengo palabras para describir lo vivido cuando he abandonado el terreno. Me llena mucho. Por encima de la rivalidad están las personas y hoy ha quedado muy claro -declaró el de Fuentealbilla tras el inesperado homenaje- Simplemente, gracias“. No había sido una tarde especialmente brillante para el centrocampista manchego. Villa, Pedro y Xavi firmaron los goles del triunfo azulgrana, y Messi puso la magia con asistencias de imposible factura. Fue solo un día más en el trabajo para Iniesta, pero, como ya hemos dicho, Don Andrés alimenta su leyenda de pequeños detalles. Detalles como los que tuvo hacia él la afición perica.

En la mente del aficionado todavía sobreviven los derbis barceloneses violentos con los ultras enturbiando el ambiente con disturbios innecesarios y provocaciones desde el césped por parte de los jugadores. Esta peligrosa exaltación ha encontrado su antídoto en Andrés Iniesta. Sin necesidad de rebuscadas palabras, sin necesidad largos discursos, el pequeño artista de Fuentealbilla ha logrado unir a dos aficiones tradicionalmente enfrentadas. Gracias a su fútbol, a su personalidad, y a que cuando personificó con el momento que todo futbolista sueña decidió regalarle el protagonismo a Dani Jarque, un futbolista del Espanyol que falleció el 8 de agosto del 2009.

Lo más probable es que Andrés Iniesta reciba el Balón de Oro el próximo 10 de enero de 2011 -compite con sus compañeros Xavi y Messi- pero su mayor premio son tardes como la del pasado sábado en la que el  eterno enemigo le tiende la mano. Así que, Andrés, gracias a ti. Simplemente gracias.

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