Histórico
9 diciembre 2010Ariel Judas

Copa Sudamericana: Hilario y diez más

“Hilario y diez más”, apuntaría cualquiera que -aplicando la lógica maradoniana- intentara explicar la obtención de la Copa Sudamericana 2010 por Independiente. Al final de la noche, el infierno estuvo encantador para las decenas de miles de personas que colmaron el Libertadores de América para empujar a su equipo al primer título continental en quince años. El Rey de Copas -que se acerca a Boca y al Milan para reclamar su corona- sufrió lo indecible para superar a un rookie en este tipo de instancias, como es el Goiás. Un sobresaliente Rafael Moura fue la punta de lanza de un cuadro Esmeraldino que estuvo muy cerca de cristalizar un título que hubiera resultado épico para el club que acaba de descender al Brasileirâo B. Y un acertadísimo Hilario Navarro -dueño de su área- consiguió impedirlo.

Tras el partido jugado en Serra Dourada hace una semana el técnico Arthur Neto se lamentaba de que el Goiás no hubiera sentenciado la serie final con un tercer gol. El 2-0 del partido de ida dotó al equipo brasileño de una ventaja apreciable, aunque no definitiva. En la revancha, Independiente intentó arrasar a su rival en la primera mitad, y lo consiguió. Antes del minuto 35, el Rojo ya había marcado los tres goles que le aseguraban al menos poder llevar la disputa por la Copa Sudamericana a la prórroga. Julián Velázquez en una ocasión y Facundo Parra (con un doblete cargado de potrero y picardía) dieron tres rápidas estocadas al conjunto de la ciudad de Goiânia, que consiguió neutralizar esa cuenta gracias al gol marcado por He-Man Moura.

La primera mitad terminó con un 3-1 que empataba la serie final. Todo parecía estar servido para que en el segundo tiempo el equipo local pudiera clavar los últimos clavos que terminaran de tapiar al Verdâo. Pero la dinámica dominante de los Diablos Rojos no pudo reproducirse. Por cansancio, nervios, relajación o por mérito de Arthur Neto y sus jugadores, el trámite del partido minuto a minuto se fue decantando hacia el lado de los visitantes. Se hicieron un poco más sólidos en defensa, con un Hernando y un Rafael Tolói que se multiplicaron. Se apoderaron del juego en la mitad de la cancha, con un Wellington Saci muy incisivo por izquierda y un Carlos Alberto que se convirtió en el patrón de la zona. Y fueron cada vez más peligrosos con las internadas en el área de Independiente, a cargo de Moura, Everton y Otacílio Neto.

El cumplimiento de juego dio paso a la prórroga. Treinta minutos en los que el Goiás estuvo realmente cerca de marcar el gol de una victoria histórica. Una ocasión más -en una versión más potente- para presenciar más de cerca el duelo entre los dos grandes protagonistas del partido: Rafael Moura -máximo artillero de la Sudamericana, y el mejor futbolista de la serie final- e Hilario Navarro, el arquero al que Independiente le debe en gran medida el título. El portero correntino -que podría jugar para la selección paraguaya próximamente- no solo fue determinante en el tiempo suplementario y en la definición por penales, sino que también fue clave en casi todas las etapas anteriores del certamen. Deportes Tolima y Liga de Quito pueden dar fe de la calidad de espigado guardián de la portería roja.

“Hilario y diez más”, entre los que hay que destacar a Facundo Parra -que solo por lo hecho en la primera parte justificó su contratación-, a Eduardo Tuzzio -pura entrega, puro sacrificio en la defensa-, y a Carlos Matheu como jugador-símbolo de un club que hace rato que no puede jactarse de tener una figura consular como tiempo atrás tenía.

“Hilario y diez más”, que sufrieron una transformación emocional de pies a cabeza con la llegada hace pocas semanas del técnico Antonio Mohamed. Una especie de Geppetto que reacomdó las maderas de un Independiente a la deriva en la liga argentina, y que no soñaba con volver a ganar una final internacional antes de la llegada del 2011. Todo ha sido rápido y bastante prodigioso. El equipo no juega bien (de hecho, su panorama dentro del Apertura no ha cambiado demasiado), pero el Turquito ha encontrado la tecla que pone en modo copero a un club que fue potencia en Sudamérica. Siete Libertadores y dos Intercontinentales hablan por sí solas.

“Nadie recuerda al subcampeón”, dijo Rafael Moura tras la final, a la que el goleador definió como “la peor decepción” de su carrera. No creo que este Goiás caiga pronto en el olvido. Dejó una imagen contradictoria y atractiva. En ningún momento de la recta final de esta Sudamericana se comportó como un equipo de una categoría inferior. Fue ampliamente mejor que su rival en el primer encuentro, y en Avellaneda tuvo acorralado a Independiente durante muchos minutos del partido. Quedan para los archivos mentales del hincha los nombres de tres o cuatro jugadores absolutamente aprovechables en cuadros de mayor jerarquía. Futbolistas y cuerpo técnico dieron mucho más de lo que se esperaba de ellos.

En horas bajas comparables y equivalentes para ambos equipos, prevaleció la estirpe de un equipo inmenso como es Independiente. El poste derecho del arco defendido por Hilario Navarro jugó en la definición por penales en favor de la historia y de los intereses de una benévola  CONMEBOL, que en su momento no ha sancionado debidamente al equipo argentino, por qué negarlo. La genética copera -de la que Goiás carecía hasta este año- se decantó por uno de los conjuntos que mejor la administra. En el fútbol no se puede vivir de la historia, pero a la historia no se la puede negar. Algunas camisetas pesan más que otras. Algunas aficiones empujan más que otras. Algunos escenarios condicionan más que otros. De todo eso se ha valido Independiente para ganar anoche la Copa Sudamericana y conseguir un billete en primera a la temporada internacional de 2011.

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