Histórico
24 noviembre 2010Jose David López

Mourinho, el detallista descortés

Las leyes son, en nuestra sociedad, esa tabla de valores intachables sobre la que dirimir nuestros actos. No existe piedad sobre el papel pues todos tenemos las mismas obligaciones y deberes ante la justicia pero, abogado en mano y ‘cábalas’ en la sala, cualquier culpable sale indemne. En el fútbol, pese a quien pese, todo gira de la misma manera. Los estamentos arbitrales estipulan junto a UEFA-FIFA una serie de reglas sobre las que organizar una competición y estas son inamovibles y sólo arbitrarias conforme a la interpretación de algunos aspectos puntuales. Sin embargo, como en la vida real, existen caminos por los que evitar problemas posteriores y al bueno de José Mourinho se le ocurrió tomar una vía alternativa en Amsterdam.

La maniobra de auto-expulsión de Xabi Alonso y Sergio Ramos en aquél escenario donde el Real Madrid escribió una de sus mejores noches europeas con la ‘Séptima’ Copa de Europa, será desde hoy recordada, igualmente, por las hazañas faltas de cortesía de míster portugués. No ha inventado un nuevo prisma el técnico madridista, desde luego, pero a buen seguro que su decisión de forzar tarjetas amarillas para ‘asegurar’ la presencia de ambos jugadores en el primer cruce de octavos de final, obligará a la UEFA a tomar cartas en el asunto. No hablo de sanción puesto que el reglamento deja abierta esa opción pero sí de cara a evitar semejantes ‘comedias’ en un futuro no muy lejano.

Lo peor quizás es entender punto a punto y con todo lujo de detalles, el periplo de tales decisiones. Desde que Mourinho piensa en llevar a cabo su plan, conocemos que Chendo dialoga sobre la propuesta, que Dudek se convierte en el ‘brazo espía’ para llevarlo al césped vía Casillas, que los dos expulsados fuerzan al máximo su salida en los instantes finales y que incluso Mou, el iniciador, se cabrea en el banquillo y hasta oculta sus intenciones para dar mayor ‘realidad teatral’ al asunto. Un plan que hoy en día, gracias a la televisión, no se puede escapar exento de valoraciones pero que, pese a lo descortés que pueda parecer, está permitidísimo.

Para lo bueno y para lo malo, la UEFA ha provocado este tipo de circunstancias. Variopintas, imprevisibles y sólo plasmadas en la cabeza detallista de José Mourinho pero no más absurdas que las de colocar dos colegiados más en las porterías para atestiguar la insensatez ante jugadas conflictivas o que mostrar cartulinas a aquellos que demuestren alegría excesiva en un gol celebrado sin la camiseta a cuestas. Mourinho no descubrió América. América ya estaba allí…

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