Histórico
18 noviembre 2010Jesús Camacho

Corea y Japón 2002: Ronaldo se corona

A diferencia de lo que la mayoría cree sobre que la vida solo te da una oportunidad soy de los que piensan que la vida siempre te otorgará otra oportunidad aunque lo verdaderamente complicado es saber reconocerla y darle vida a esa siguiente oportunidad. Justo lo que supo hacer el gran protagonista del pequeño recuerdo que dedico a la final de la Copa del Mundo de Corea y Japón 2002: Ronaldo. El recuerdo del estadio Yokohama repleto con 69.290 espectadores, la fecha un 30 de junio de 2002. El desenlace del decimoséptimo Mundial de la historia con dos grandes selecciones frente a frente, la Alemania de Rudi Völler contra la Brasil del cuestionado Luiz Felipe Scolari.

En el caso de Scolari, director técnico de un plantel tremendamente talentoso y ofensivo en posiciones atacantes al que supo aportar solidez reforzando posiciones defensivas claves en el equipo, liberando así de carga de trabajo a los creativos de aquella selección. Especialmente por el trivote constituido en la zona media y compuesto por Gilberto, Kleberson y Edmilson, que propició el brillo de la triple R, Ronaldinho, Rivaldo y Ronaldo. Además de una defensa que descansaba en la seguridad y liderazgo de un buen portero como Marcos, en el descaro y la eficiencia de Lucio, acompañado en el centro por Roque Junior y por fuera, por bandas, lo mejor del mundo: en la izquierda Roberto Carlos y en la derecha Cafú.

Por su parte Rudi Völler trabajó en base a una columna vertebral compuesta por Kahn en la portería, con la pareja central  Linke y Metzelder, en defensa, con Ballack en la media punta, acompañado por Schneider y arropado por el trabajo de Frings y Ramellow. Dejando arriba a Miroslav Klose, que se complementaba bastante bien con la velocidad de Oliver Neuville. En definitiva una selección poderosa en lo físico y en el juego aéreo, sólida en defensa, con dosis de talento y carácter alemán, pero quizás sin aquella superestrella capaz de cambiar el signo de un partido con una acción individual. Mucho más sin la presencia de Ballack en la final.  El encargado de dirigir la final el italiano Pierluigi Collina, posiblemente el colegiado más mediático de la historia pero ante todo un buen árbitro.

Un encuentro en el que en la primera mitad Alemania tuvo la posesión del balón optando a entrar por bandas con la intención de potenciar sus virtudes en el juego aéreo, enviando centros al área que no fueron aprovechados para batir al brasileño Marcos. Por su parte Brasil no mostró soltura en su juego y en cambio dispuso de las mejores ocasiones para batir a Kahn, pero unas veces el acierto del meta teutón, otras el desacierto de Ronaldo o Kléberson -en sendos mano a mano- y el larguero, impidieron que la selección brasileña se adelantará en el marcador al término de los primeros 45 minutos.

En la segunda mitad el encuentro pareció arrancar con una Alemania dispuesta a hacer tambalear la magia y la mística del conjunto brasileño, pues nada más comenzar un cabezazo de Jeremies puso en apuros a Marcos y poco después un internada con disparo de Neuville estuvo a punto de convertirse en el uno cero de no ser por la buena intervención de Marcos, que tuvo como aliado a su poste derecho para evitar el tanto alemán.

Dos acciones que acabaron siendo un espejismo puesto que aunque Alemania siguió  intentándolo, echó en falta el concurso de Ballack -ausente por sanción- y Brasil comenzó a dar muestras de su calidad y pegada. Y hablo de calidad y pegada porque la jugada crucial del partido dejó en evidencia al mejor portero del Campeonato, Oliver Kahn. Corría el minuto 21 de la segunda mitad cuando un error de la defensa alemana -Hamann perdió inexplicablemente la pelota- fue aprovechado por Rivaldo para lanzar uno de sus envenenados latigazos de zurda, al que  Kahn reaccionó irregularmente, dejando un rechazo a los pies de Ronaldo para que el goleador brasileño estableciera el 1-0 en el marcador. Un tanto con el que Ronaldo se convirtió en el goleador del Mundial con siete tantos, cantidad que no era superada desde Argentina 78.

Posteriormente y en el minuto 33 de la segunda mitad Kléberson desborda por la derecha y manda un centro raso que es dejado pasar de forma genial por Rivaldo, -abriendo sus piernas y despistando a media zaga alemana- una acción que transporta la pelota al punto de llegada de Ronaldo, que se acomoda y define a la perfección haciendo el 2 a 0 con el que sentencia la final.

Las tres R de Brasil le habían dado el Mundial, Ronaldinho hizo un buen campeonato, Rivaldo fue el mejor compañero de genialidad de Ronaldo y este entró  en la historia porque como dije había sabido esperar, reconocer y luchar por aquella segunda oportunidad de la vida, esa que le había sido esquiva cuatro años atrás.

No fue un partido brillante pero sí histórico, Brasil fue justo campeón, a la finalización y sobre el terreno de juego se vieron las dos caras del deporte, el abatimiento de Kahn por la derrota y aquel gol que no le dejaría dormir durante un tiempo, y el exultante rostro de felicidad de Ronaldo, que es la viva imagen de la segunda oportunidad. Mientras, a pocos metros Cafú eleva al cielo la Copa Mundial de la FIFA, que aquel día corona la cima del Monte Fuji entre una lluvia de papelillos verdeamarelhos. Brasil es pentacampeón y Ronaldo ha convertido en sueño aquella pesadilla que vivió  cuatro años atrás.

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