Histórico
23 noviembre 2010Jesús Camacho

Bergkamp: ‘Iceman’, la frialdad de un genio

El fútbol holandés ha dado a lo largo de la historia jugadores de un talento descomunal, desde Abe Lenstra, Wilkes, Cruyff, Van Basten o Van Nistelrooy son muchos los ejemplos de tulipanes que han brillado con su juego por todo el planeta. Un estilo de fútbol y de jugador del que se ha hablado mucho y en ocasiones de forma negativa aludiendo a la presunta frialdad y carácter apático de sus futbolistas. Sin duda tópicos con tendencia a la generalización que no se corresponden con la realidad y que en todo caso se corresponderían con el estilo, la paciencia y el juego de toque del fútbol orange.

Cualidades que se enseñan en el fútbol base holandés y que cuando se suman a la elegancia dan como resultado la creación de un futbolista fuera de serie, como lo fue en este caso ‘Iceman’, un delantero de la escuela Cruyff que tuvo como maestro de ceremonias a un tal Van Basten. Un producto ‘made in Ajax’, de elegancia descomunal, aspecto frío y aparentemente desangelado que al conectar con el balón convertía ese instante en un bucle espacio temporal en el que el resto de los protagonistas se convertían en ávidos espectadores de la imaginativa creatividad de un jugador de frac. Su nombre Dennis Bergkamp y sus credenciales iniciales indisolublemente ligadas al gol, tal y como dejó patente con sus tres Trofeos de máximo goleador de la Eredivise en 1991, 92 y 93.

Su estilo frío, carácter ausente y mirada tranquila contrastaba con su fútbol mágico, su carrera flotante y su toque sutil y certero. Recuerdo que Cruyff, su mentor, en más de una ocasión incidió en esas pequeñas características que le quedaban por pulir y que ponían en entredicho su futuro como crack mundial. Quizás por ello Johann fue el primero en dudar sobre su futuro en el fútbol italiano y en el Inter de Milan. Una decisión errónea y que le llevó al seno de un club que no tendría la paciencia suficiente como para dejar crecer el fútbol de genio de Iceman. Y es que Italia fue para él un duro destino en el que jamás encajó y en el que nunca pudo desplegar su fútbol de alta calidad.

Afortunadamente para el fútbol y para todos nosotros en Highbury los gunners le tenían reservado el tiempo y espacio natural que requería su personalidad. Allí encontró a Arsene Wenger, un técnico paciente con muy buen gusto y que supo darle su sitio a este delantero que acabó explotando su talento de nueve y su alma de diez para compartir desde la segunda punta o el enganche la delantera con un histórico como Ian Wright y luego con su heredero, Thierry Henry. Pura dinamita, pura seda, que convirtió las gradas de Highbury en la primera fila para el disfrute y la emoción. Años inolvidables en los que Bergkamp nunca se cansó de dar clases de fútbol y elegancia, años en los que la grada se rindió a sus pies y en los que dio tres títulos de Liga y cuatro FA Cup a los ‘gunners’.

Un estilo único que dejó huella, al que quizás la aerofobia impidió mostrarse por toda la geografía europea pero que como bien decía su compañero Lee Dixon perdurará. Y perdurará porque Bergkamp jugaba al fútbol sentado desde la grada, viéndolo absolutamente todo y sin la necesidad de mancharse de barro para marcar las diferencias con una sola acción. Ese estilo al que siempre jugaba sin diferenciar partidos oficiales de entrenamientos, en los que como decía el legendario Tony Adams recibía ‘palos’ por todos lados y en los que invariablemente Iceman dejaba su sello de identidad.

Puro fútbol, puro espectáculo de un tipo de apariencia lejana, aspecto frío pero de talento único, elegancia sublime y trato íntimamente cercano con su mejor aliado: el balón.

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