Histórico
11 noviembre 2010Ariel Judas

Argentina: Camino de regreso a los torneos largos

Julio Grondona movió ficha. Tras fijarse una fecha de caducidad de improbable cumplimiento, el presidente de la AFA deja entrever por estas horas que a mediados de 2011 el fútbol argentino abandonará el modelo competitivo de torneos cortos para volver a una liga de 39 jornadas, con un fixture compatible con el calendario europeo. De golpe, con un golpe de efecto, el mandamás del balompié albiceleste hace parecer tan cercano y accesible lo que durante años a muchos se nos ocurrió como lejano y hasta imposible.

Varios son los motivos que han impulsado al líder de la federación argentina a -por fin- abrir la puerta al cambio. El primero de ellos es que los torneos cortos han dejado de tener razón de ser. Nacieron dos décadas atrás, para revitalizar a una liga en la que los equipos grandes -liderados por River y Boca- dominaban casi a voluntad el panorama. Con los campeonatos cortos -necesarios y bienvenidos en ese momento- los chicos consiguieron equilibrar parcialmente la balanza. Hoy, luego de las sucesivas crisis económicas que afectaron al país, y -fundamentalmente- del cambio en la mecánica de transferencia de jugadores argentinos al exterior, muchos clubes pequeños y no tan populares han superado en poderío económico y competitivo a los cinco grandes. El formato de torneos de 19 jornadas ya no es determinante para que equipos como Lanús, Banfield, Estudiantes o Vélez sean los que dominen la escena. Solo hace falta ver la tabla del descenso para ver cuáles han sido las instituciones más consistentes en los últimos tres años.

La segunda razón por la cual la AFA ventila su proyecto de retorno al formato extendido de competición es porque desde la federación se considera que con una liga de 38 fechas la presión será menor para jugadores, entrenadores y directivos. En una liga de 19 fechas, como la que se juega en cada Apertura o Clausura, hay muchos entrenadores que saltan por el aire antes de completar la mitad del calendario. Esto no solo revierte en contra de las economías de los clubes, sino que impide que el trabajo planeado por los cuerpos técnicos fructifique. No creo que con un programa de 38 partidos la inestabilidad laboral de los estrategas se solucione, aunque tal vez sí se consiga que los plazos se prolonguen. Quienes seguramente agradecerán más una medida como esta serán los futbolistas de los equipos que corren el riesgo de perder la categoría. Como los profesionales de Quilmes, que desde hace semanas son hostigados por los barras bravas del equipo cervecero y se ven obligados a entrenar con custodia policial. El doble de jornadas podría reducir (o prorratear) el grado de tensión que viven casi desde el mismo inicio de la temporada los conjuntos condenados a tener un año brillante para conseguir la permanencia, como pasa con los recién ascendidos.

El tercer argumento es estratégico. Con el sistema actual de competición el fútbol argentino pierde terreno con respecto al Brasileirâo, la mejor liga del continente en estos momentos. El campeón de la Série A del mayor país de Sudamérica pesa bastante más del doble que el ganador de un torneo semestral en Argentina. El producto de la primera división de la AFA se ha devaluado en las últimas temporadas, y con el regreso al formato largo se lo  repotencia (al menos parcialmente) de manera inmediata. Además, da toda la sensación de que -de una manera u otra- toda América se encamina hacia los campeonatos largos. La MLS, la máxima categoría chilena y el Descentralizado de Perú son, con matices, ejemplos de ello. Los torneos de Ecuador y Uruguay -si bien tienen un formato poco ortodoxo visto desde Europa- son, a su modo, ligas anuales. Incluso un cultor de las ligas cortas, como el fútbol mexicano, discute por estas horas la conveniencia de copiar la organización y el calendario de los torneos de Estados Unidos o Inglaterra.

Según las palabras de Grondona el Clausura 2011 sería -hasta nuevo aviso- el último certamen corto del fútbol argentino. Lo que significa que el nuevo campeonato comenzaría en Agosto o Septiembre del año próximo y finalizaría en Mayo o Junio de 2012. La AFA parece decidida a adoptar un calendario 100% compatible con el fútbol de Europa. Una medida con pros y contras.

A favor del nuevo esquema puede decirse que el mercado estival en el Viejo Continente no resultaría tan lacerante como lo es ahora. Si la federación de Argentina copia el período de apertura del libro de pases de las principales ligas de la UEFA permitirá que sus equipos puedan responder mejor a los tours de compras de los conjuntos europeos. En Brasil -donde la liga se disputa de Marzo o Abril hasta Diciembre- los planteles se ven gravemente modificados a mitad del campeonato, cuando al otro lado del Atlántico se da comienzo al período de transferencias. En ese sentido, la AFA -creo- acertaría.

En contra del calendario europeo pueden aducirse cuestiones sociales y climáticas. En el Hemisferio Sur las vacaciones estivales se disfrutan entre los meses de Diciembre y Febrero. Al aficionado argentino se le haría extraño hacerse a la idea de que su equipo pueda estar jugando partidos importantes del campeonato en Enero, el equivalente al Agosto europeo. Al menos al principio, tal vez este sería un aspecto conflictivo. Un eventual rechazo del hincha influiría negativamente en las recaudaciones y en las audiencias televisivas. Otro factor determinante es el del calor. Las temperaturas sofocantes del verano argentino podrían ciertamente atentar contra el rendimiento de los equipos. El grado de efervescencia social y la impunidad con la que los barras bravas se mueven en el país hacen poco recomendable el hecho de pensar en la programación de la totalidad de los encuentros en horario nocturno durante esa parte del calendario.

¿Receso en Enero? ¿Una copa veraniega con un número reducido de participantes, en horario nocturno y con clasificación a las competiciones internacionales como premio? Son algunos de los rumores que circulan desde que el presidente de la federación se decidiera a hablar del regreso a los torneos de 38 jornadas. Tampoco queda claro como se gestionaría el acceso de los equipos argentinos a la Copa Libertadores y a la Copa Sudamericana. Está claro que a la primera llegarían los cinco mejores conjuntos de la temporada. Pero lo de la Otra Mitad de la Gloria es más confuso. ¿Pasaría a ser -de una vez- el campeonato internacional de segundo orden para los cuadros de la AFA? Aparentemente, lo que se mantendría en pie -al menos durante algunas temporadas- sería el promedio del descenso. Una herramienta que ha servido desde su nacimiento a preservar las posibilidades de permanencia de los grandes en la primera división, y que ha lastrado injustamente a los equipos que llegan al máximo circuito desde el Nacional B. No es lo ideal, pero aún así la reforma de la competición sigue resultando atractiva y beneficiosa.

La ansiada compatibilidad con el calendario europeo tantas veces reclamada por un lado. Las costumbres, la climatología y -para muchos- el sentido común por el otro. Ese es el conflicto de intereses que plantea a día de hoy el plan de regresar a un torneo largo en el fútbol argentino.

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