Histórico
28 octubre 2010Jesús Camacho

Zinedine Zidane: ‘Zizou’ (1998)

Argelia nos saluda con la poderosa mano de los vientos del Sahara, esa vasta alfombra de arena que cubre un país besado en su franja costera por Atlas. País de la rosa del desierto, de Argel la blanca, la de blancos y brillantes edificios reflejados en mediterráneas aguas. La del romanticismo y las laberínticas calles de la alcazaba pero también la Argel de influencias francesas y europeas que generan contrastes únicos de verdadera belleza. Tan lejos y tan cerca de Francia como del pueblo de Aguemune, la aldea cabileña en la que nacieron Smail y Malika, padres de un chico que llevaría en sus botas la esencia de la bella Argelia y la elegancia de la Marsella en la que nació.

Puro contraste, el talento callejero de un chico surgido de la exclusión, musulmán, argelino y francés, del que brota aquel fútbol que practican los gitanos en los suburbios de Marsella. Complicado seguir el hilo de su carrera deportiva sin hacer alusiones a su grandeza, a ese fútbol libre y de la calle que solo los elegidos son capaces de llevar al mundo profesional. La definición del fútbol hecha futbolista que nos regaló el literato franco-argelino Albert Camus: “La manifestación estética que se convierte en gol”. Su nombre Zinedine Yazid Zidane.

Su infancia unida siempre al deporte a través del bádminton, el judo y el fútbol y su carrera una sucesión de colores, controles, pases, regates y goles geniales que arranca en los suburbios marselleses del norte en los que aprende a defenderse. El US Saint Henri y el Septemes acogen el incipiente talento de un chico que da sus primeros pasos, los de un espigado chaval que queda fascinado con el fútbol de un príncipe uruguayo que juega a otra cosa en el Stade Velodrome marsellés: Enzo Francescoli.

Aquellos que le llevan con solo 14 años a dejar su familia para firmar por el AS Cannes, conjunto en el que crece bajo la estricta educación de Jean Claude Elineau, directivo que le acogió y le trató como a un hijo. Allí con 17 debuta en la Ligue y comienza a dejar muestras de su grandeza no solo por su 1,85 metros de estatura. Paso previo a su ingreso en las filas del Girondins de Burdeos, donde Zizou se exhibe en Francia durante cuatro años y se muestra en Europa. Una etapa de la que llega mi primer recuerdo vital de Zidane, un golazo desde mitad de campo a Pedro Jaro, portero del Betis en copa UEFA -1996-.

Por entonces Zizou ya es puro Burdeos, solo para paladares exquisitos y como tal se lo rifan los grandes equipos del continente. Razón por la cual es contratado por la “Vecchia Signora”, conjunto en el que aquel gigante que gira como un bailarín logra romper los rigores tácticos del fútbol italiano cada vez que conecta con el balón. Y es que Zidane puede parecer lento pero juega más rápido que todos, su cabeza viaja por todos los puntos cardinales del juego y sus pies que no son otra cosa que delicadas extensiones de sus ideas, dominan como nadie a una pelota que no puede hacer otra cosa que obedecer. En las filas de la Juve integra un gran equipo con futbolistas de la talla de Peruzzi, Deschamps, Davids, Tacchinardi, Pippo Inzaghi, Vieri, y su mejor aliado sobre el terreno de juego, un joven llamado Del Piero con el que formará una letal sociedad.

Juntos conseguirán dos títulos de la serie A, una copa Intercontinental y una Supercopa de Europa, resistiéndosele tan solo la Liga de Campeones, competición en la que se quedó a la orilla del éxito en dos ocasiones, la primera en 1997 cuando cayeron en la final 3 a 1 ante el Borussia, y la segunda en la temporada 1997/98, en la que el Madrid se impuso al conjunto juventino gracias al gol de Mijatovic.

Aquel segundo revés en cambio no supuso un paso atrás en su carrera, pues Zizou nos tenía reservado para el futuro un momento mágico en la citada competición. Es más diría que el año 1998 constituye el punto de inflexión en el que un extraordinario futbolista se convierte en uno de los grandes de la historia y el mejor jugador de su década. El Mundial que se disputa en Francia es elegido por Zizou para pasar a la historia con una selección con la que no se identifican Le Pen y sus radicales seguidores, pero ante la que gente como ellos tendrán que doblar las rodillas y abrir sus mentes para ser conscientes de la verdadera realidad que se vive en su país.

El eje del equipo era Zinedine Zidane, alrededor suyo el técnico Aimé Jacquet construye y protege su mágico fútbol con un prodigioso entramado defensivo, montando un equipo extremadamente táctico que resultó muy difícil de batir. Con unos aún jóvenes Henry y Trezeguet, Francia es sobre todo poder, Blanc, Lebouef, Desailly, Thuram, Deschamps, Petit, más la calidad de Djorkaeff y la genialidad de Zidane. Aún así el camino de Francia hasta la final de Saint Denis no fue para nada sencillo, pero una vez allí el mundo fue testigo de la consagración mundial de un grande del fútbol que hizo dos de los tres goles con los que Francia se coronó campeón mundial por primera vez en su historia. Los reconocimientos no tardan en llegar, Zidane es el héroe de Francia, su cara proyectada sobre el Arco del Triunfo de París ante millones de extasiados franceses, un momento para la historia. Su entrada en el Olimpo del fútbol, que le reserva en forma de Balón de oro el reconocimiento de la revista France Football al mejor jugador europeo del año.

Dos años más en el Calcio le hacen madurar como futbolista para volver a hacer historia en la Eurocopa del año 2000, con una generación gala que logra un doblete histórico. En esta ocasión con un bloque una vez más muy potente a nivel defensivo, pero además con un ataque especial en el que brillan Henry, Wiltord y Trezeguet. Por su parte Zidane sigue a lo suyo, convirtiendo en naturalidad toda su grandeza, exhibiendo una coordinación muscular y un control tan perfecto de su cuerpo que le lleva al fútbol a través del ballet clásico. Luego en 2001 se produce su salida de la Juve y su llegada al Real Madrid como futbolista más caro de la historia -su pase se cerró en 76 millones de euros-. La presión era grande y el precio fuera de mercado pero a Madrid llegaba un Zidane con bouquet, con el último nivel aromático del vino, de su fútbol directo al paladar.

Y aunque al principio le costó un poco adaptarse al fútbol español, el Bernabéu acabó siendo testigo de la magia de un fuera de serie. Un genio que como dije nos tenía reservado aún un momento histórico. Un golazo sacado de su chistera un 15 de Mayo de 2002 en el viejo escenario Hampden Park de Glasgow (Escocia) ante 50000 espectadores. Era la final de la Liga de Campeones y el Madrid se enfrentaba al B.Leverkusen, dos goles tempraneros, de Raúl para el Madrid en el minuto 9 y de Lucio para el Bayern en el 14, pusieron el equilibrio en el luminoso hasta que en el mágico minuto 44 surgió la imponente figura de Zinedine Zidane. Y digo mágico porque Zizou resolvió con una volea altísima un globo mandado por Roberto Carlos por la izquierda, una acción técnica solo a su alcance con la que limpió las telarañas de la meta defendida por Butt.

El mejor gol para darle la novena Copa de Europa al Madrid y conseguir el único título que le faltaba en su impresionante palmarés. De esta forma se ganaba para siempre los corazones de los aficionados del Real Madrid y la admiración del resto. El mejor jugador pero el menos galáctico de aquella etapa en la que algunos de los componentes de aquella plantilla perdieron contacto con la realidad del futbolista profesional. Desafortunadamente las lesiones y el tiempo avanzan demasiado rápido para los futbolistas eternos, aún así para el recuerdo el recital de fútbol que dio durante estos cinco años, un jugador para el que los aficionados siempre tendrán reservado un hueco en su selectiva memoria.

Recuerdos de una carrera en la que también tuvo tiempo para vivir decepciones con la zamarra de la selección francesa, la primera tras el fracaso en el Mundial de 2002 y la segunda en la Eurocopa de 2004. Decepciones que unidas a los problemas que arrastraba con su estado físico le llevaron a retirarse de la selección. Una retirada que acabó convirtiéndose en un hasta pronto, puesto que en 2005 anunció su regreso para disputar el Mundial de Alemania de 2006, su último gran reto.

Intenso año este de 2006 pues pocas fechas antes de la finalización del Campeonato de Liga anunció su retirada tras la gran cita mundialista. Así un 7 de mayo de 2006 el Bernabéu en pié se despidió del mago francés, acompañado por sus compañeros que portaban una camiseta en la que se podía leer “Zidane 2001/2006”. Pocas fechas antes de emprender su última aventura futbolística en el Mundial de Alemania, que a mi juicio fue el Mundial de Zidane. Y lo digo porque disfruté viéndole en cada partido y porque me provocaron risa algunos titulares de la prensa española en las horas previas al partido ante España: “Vamos a retirar a Zidane”.

Es más recuerdo que le preguntaron a Pernía por la edad de Zizou y la respuesta no pudo ser ni más sabia ni más certera: “¿Viejo? También es viejo el viento y sigue soplando”. Zidane llevó prácticamente solo a Francia a la final y hasta aquel desgraciado incidente con Materazzi, fue el mejor del partido y el mejor futbolista del Mundial. Con aquella acción subterránea Materazzi ganó el partido y la reacción desproporcionada Zidane le hizo perder su Mundial, el que hasta ese momento había sido suyo sin discusión y del que prefiero olvidar aquel cabezazo para recordar ese majestuoso penalti a lo Panenka -en una final de un Mundial- con el que nos dijo adiós. Gracias Zizou.

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