Histórico
22 octubre 2010Jose David López

Rooney y su ‘vida imposible’

Era verano de 1974, el otrora poderoso Manchester United confirmaba su desastrosa campaña con un descenso sorprendente. Un futbolista de corazón ‘Devil’, se convertía en el justiciero de aquella generación alicaída tras el éxito de proyectos anteriores y el último partido de la temporada se convirtió en el peor de los recuerdos para el ‘King’ de Old Trafford. Denis Law, el ‘Rey’ del United en los brillantes años 60, cerró su exitosa trayectoria con el gol que jamás quiso anotar, el que supuso el descenso del club que le había dado todo: “Estoy destrozado. Yo no pretendía marcar un gol así nunca”. El escocés, Balón de Oro en 1964, fue quemando etapas en su carrera y protagonizando alguna indisciplina (dicen que cuando jugaba en el Torino se estrelló con su coche para que accedieran a devolverlo a su país) paralela a su mayúsculo talento, alcanzó el cielo en el United de Matt Busby. Junto a Best y Charlton, Law se convirtió en una inspiración. Tres futbolistas considerados por la prensa de la época como el tercer corazón de Inglaterra tras The Beatles y Su Majestad La Reina.

Dennis no recibió un adiós ejemplar de las gradas a las que tantos goles dedicó, pero tampoco salió mal parado de la decisión de cambiar City por United y viceversa en más de una ocasión pese a alterar el curso de la historia entre ambos. Hoy, 36 años después de su ‘amarga’ despedida, otro ‘King’ de Old Trafford puede apurar sus días de tranquilidad y gloria en Manchester, volviendo a perturbar la rivalidad y leyenda entre dos pasiones extremas. Unos viven de los títulos y la magia de sus incontables hombradas y los otros intentan escribir versos brillantes en una historia dignísima pero sin reputación de nivel. Wayne Rooney decide pero un Rooney celeste jamás podrá vivir en Manchester.

El delantero estrella de los Red Devils ha reorganizado su futuro en unos meses donde el club, su entorno personal y la Premier League en general, ajusta su nueva perspectiva de futuro a corto plazo. No hay hueco para los menos adinerados pues Abramovich primero y Al Mubarak después, han obligado a un esfuerzo extra a entidades acomodadas en un estereotipo de fútbol que ahora ha quedado caduco. La escasez de medios provocó el Top 4, lo está reajustado en la actualidad y amenaza con hundir auténticos mitos como Liverpool o Manchester United. No es algo imprevisto pero sí castiga a una Premier League que se diseñó para ser el mayor campeonato futbolístico del planeta y que, cuando lo ha sido, perdió el control admitiendo la entrada de millonarios y falsos negociantes a cambio de libras de glamour. Las gotas de ese perfume ambicioso ya se han agotado y en el club que mayores ingresos genera en el planeta (más de 110 millones de libras anuales), es a su vez el que mayor deuda arrastra. Todo, producto de los Glazer, que adquirieron el club gracias a préstamos bancarios con alto interés y le adhirieron la suma que tales condicionantes una vez que ya era su propiedad.

Creado el problema, conviviendo con él desde que el Manchester United se vio obligado a vender a Cristiano Ronaldo en esa tesitura necesitada, el ‘mazazo’ definitivo puede llegar con Rooney. No hablamos de un extranjero que se hizo grande en Old Trafford ni de una estrella que logró títulos vestido de mancuniano. Wayne es mucho más que todo eso. El motor cuando la maquinaria está desengrasada, el impulso de una hinchada a la que es capaz de levantar con un gesto, el honor de ser hoy en día seguidor del equipo más británico de los ‘gigantes’ ingleses. Ese sentimiento, esas sensaciones, están desde ayer en duda y, desde luego, en sobre-aviso. Y es que el cariño puede no ser recíproco y no hay nada peor que un amor sin correspondencia tras años de lujuriosa pasión.

Semanas de rumores dentro de una temporada aciaga tras un Mundial donde nada salió como estaba planeado (sigo diciendo que la lesión en Múnich en semifinales de Champions secó al que, en ese instante, era el mejor jugador de mundo), finalizaron ayer con una declaración de intenciones demasiado cruel y, pese a todo lo llovido, inesperada. Rooney alzaba la voz, respaldaba el aviso de Sir Alex Ferguson y recalcaba que desea salir del Manchester United. ¿Su motivo?, el mismo que alegó Cristiano Ronaldo hace dos años, el de la incapacidad del club para asegurarle un proyecto ganador a corto plazo. “Hablé con David Gill (eje de Glazer y aliado del proyecto deportivo) la semana pasada y no me dio ninguna garantía. Entonces le dije que no firmaría un nuevo contrato”.

No se le puede discutir ambición por volver a ser referente en un club que asegure títulos (creo que no hay ninguno en el mundo que pueda tener semejante don) pero tampoco que su paciencia con el club que le ha dado todo es mínima. Apenas han hecho falta unas jornadas donde los resultados han dado la espalda, para avisar de sus intenciones de  huida. Una decisión sorprendente pues no se corresponde con el carácter ganador y aguerrido que plasmó siempre en el césped. Su futuro es incógnita e incluso hay quien asegura que todo es una estrategia para forzar a los Glazer a vender el club antes de que se devalúe. Rooney estará preparado para mantener su vivienda, su novia, sus amigos y sus lugares de ocio en la ciudad, pero nada de eso será posible si se viste de citizen. No es Tévez y, desde luego, no es un nuevo caso Dennis Law pero el icono del fútbol inglés actual no puede cambiar de bando sin más. No en Manchester.

La verdad Anti-Glazer del Manchester United

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