Histórico
29 octubre 2010Francisco Ortí

Farinós, pensando demasiado

No hay cárcel más asfixiante que la de un remordimiento. Francisco Javier Farinós conoce perfectamente esa sensación. En la novela San Manuel Bueno, mártir, Miguel de Unamuno narra la historia de un párroco que trabaja sin descanso para no tener tiempo libre y así no “pensar demasiado“. En su caso, evitar el ocio es la vía más rápida para que su mente huya de un recuerdo que le persigue. En la misma  situación se encuentra el centrocampista valenciano del Hércules, quien vive ahogado por sus propios errores.

Lo pasaba muy mal cuando tenía tiempo para pensar. Por eso me iba a trabajar con un amigo a cargar y descargar un camión“, confiesa en una íntima entrevista en El País. Era la época en que su carrera había tocado fondo. Después de no convencer en su segunda temporada en el Mallorca recibió la carta de libertad y nadie quiso apostar por él. Ningún equipo de Primera División estaba interesado en ficharle y ni siquiera el Charlton inglés, con quien hizo una prueba, le contrató. Después de saborear las mieles del éxito con su explosión en el Valencia y su fichaje por el Inter de Milán vio como el mundo del fútbol le daba la espalda.

Llegué a pensar que ya había hecho todo lo que tenía que hacer y que no me apetecía seguir“, señala. Entonces apareció el Hércules. El director deportivo de los alicantinos, Javier Subirats, conoció a Farinós durante el paso de ambos por el Valencia y le reclutó para su proyecto herculano. “Me consideraba un jugador de Primera pero no podía vivir en la irrealidad. Fue un golpe pasar a Segunda“, reconoce. Sin embargo, en el Rico Pérez resurgió de sus cenizas. Llegó a un equipo en construcción y lo lideró con autoridad -y algún que otro contratiempo- hasta lograr el ascenso a Primera División el pasado verano.

El regreso del Hércules a la máxima categoría del fútbol español suponía una segunda oportunidad para Farinós, pero otra vez tropezó con la misma piedra que le impidió triunfar en Italia. Su fracaso en el Inter de Milán estuvo provocado por haber jugado dos años con un lesión de pubis. “Es de lo que más me arrepiento“, afirmaba a comienzos del 2009. Y, pese a todo, volvió a cometer el mismo error. Sintiéndose responsable de la pérdida del ascenso en la temporada 2008-2009 por fallar un penalti decisivo contra el Celta de Vigo decidió darlo todo por subir la campaña siguiente. Arriesgó demasiado. Los últimos cuatro meses de la temporada pasada los jugó con molestias y ahora le pasa factura.

Lo que iba a ser un regreso a la cima se ha convertido en un nuevo infierno. Esas inofensivas molestias han degenerado en una lesión del tendón y un pequeño pinzamiento en el nervio ciático que le han impedido debutar en lo que llevamos de Liga y los peores presagios apuntan que podría perderse la temporada al completo. Para empeorar todavía más las cosas volvió a entrenar demasiado pronto y agravó su lesión. “Arriesgué demasiado por no estar bien de la cabeza y querer volver demasiado pronto“, admite.

Pensar demasiado le había vuelto a jugar una mala pasada y, como le sucedió en Milán, el desenlace podría estar de nuevo en el quirófano. Este fin de semana el Hércules recibirá al Real Madrid en el partido más esperado de la temporada en Alicante, pero Farinós lo tendrá que ver desde la grada. Si quiere jugar el partido de vuelta será mejor que mantenga su mente ocupada. Pensar demasiado vuelve a ser su enemigo. Al menos hasta que pise de nuevo un terreno de juego…

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