Histórico
28 septiembre 2010Francisco Ortí

Un milagro llamado Guy Roux

Marcel Lory estaba acostumbrado a convivir con la presión. Combatió en la Primera Guerra Mundial, fue secuestrado por la ejercito alemán y crió a dos hijas tras la muerte de su esposa, pero esta vez la situación le superaba. Su hija Alice acababa de sufrir una hemiplejía y él tendría que encargarse de los cuidados de su pequeño nieto, pero no se encontraba capacitado para ello. Las heridas de guerra y los años le pesaban demasiado. No se veía capaz de atender tanto a su hija como a su nieto, así que tomó la decisión que le pareció más coherente por mucho que le doliera. Envió a su nieto a Colmar, donde se alojaría en casa de unos conocidos suyos.

Sin embargo, ese niño no necesitaba ningún techo. O no aparentaba necesitarlo. Un balón le bastaba para ser feliz. Siempre que podía se escapaba  para seguir con fervor al  equipo de fútbol local, el humilde Sports Réunis Colmar. Lloviese, tronase o nevase, el chaval, de no más de diez años, acudía al campo y sin mediar palabra se colocaba detrás de la portería que defendía Pierre Angel para presenciar la sesión de principio a fin.  La devoción de este pequeño aficionado conquistó a los jugadores del SR Colmar, que le consiguieron un puesto como recogepelotas en la temporada 1948-49, la única en la que el equipo jugó en la primera división francesa. Inquietado por el hecho de que un niño sintiera tal amor por Les Verts, Pierre Angel se acercó al chaval y no tardó en descubrir que lo que el Sports Réunis Colmar representaba en su mente era lo que la vida le había quitado demasiado pronto. Para él, ese equipo era su familia. Ese niño se llamaba Guy Roux.

Creció con el fútbol y nunca se ha separado de él. Su infancia pegada a los terrenos de juego da muestra del amor que siente por el deporte rey y explica su extrema fidelidad a los colores del Auxerre, club del que fue entrenador durante 44 temporadas, siendo el técnico más longevo de la historia. Al igual que le sucedió con el SR Colmar, para Guy Roux el Auxerre no era únicamente un equipo, si no una familia que se resistía a perder. Precisamente esta lealtad tan difícil de encontrar en el universo futbolístico le han convertido en uno de los personajes más emblemáticos del deporte rey en Francia.

Como jugador, Guy Roux tuvo una trayectoria tan corta como poco fructifera. Para jugar en Primera eres demasiado lento, pero tienes madera para ser un buen entrenador“, le recomedó Pierre Flamion cuando jugaba en el Limoges. Él ya lo sabía. De hecho no le importaba en absoluto pues su verdadera pasión no era jugar, si no entrenar. De hecho, en el colegio, con doce años, ya había debutado en los banquillos, entrenando incluso a niños mayores que él. Aunque su gran oportunidad como técnico le llegaría durante un amistoso entre el Auxerre y el conjunto inglés del Crewe. En el descanso se solicitó por megafonía alguien que pudiera hacer de traductor para el equipo británico y Roux, que se encontraba viendo el partido en la grada, se ofreció voluntario. Su inglés no era ninguna maravilla pero entendió cual era el problema que sufría el Crewe. Tenía un jugador lesionado, por lo que no podría formar con once jugadores en la segunda parte y necesitaban que el Auxerre le prestara un jugador. Roux, por segunda vez aquella tarde, se ofreció voluntario para el cargo.

Debió jugar bien porque tras el encuentro el entonces presidente del Auxerre, Jean Garnault, le ofreció jugar para su equipo. Roux le hizo una contraoferta. Sólo aceptaría si le permitiese ser entrenador-jugador.  Garnault se negó en redondo. No iba a entregarle el mando del equipo a un chaval de 21 años y que no tenía experiencia. Sin embargo, Roux no se rindió. Redactó una carta de seis páginas explicando su proyecto para el Auxerre, el número de entrenamientos por semana que quería programar y recomendando la compra de unos nuevos terrenos de entrenamiento. Garnault estaba barajando los nombres de ex futbolistas como Jean Baratte o Bolek Tempowski para el banquillo del Auxerre, pero, sorprendido por la minuciosidad del proyecto presentado por Guy Roux decidió contratarle a él.

Así comenzó la larga trayectoria de Guy Roux como entrenador del Auxerre. Su primer objetivo, en 1961, sería lograr el ascenso a la tercera división y lo acabó convirtiendo en el campeón de la Ligue 1 en la temporada 1995-96. Cosechó cuatro Copas de Francia, una copa Intertoto y llevó al Auxerre a las semifinales de la Copa de la UEFA, pero su mejor legado no es su palmarés, si no los avances que regaló a su familia futbolística, en especial la construcción de centro de formación en el que se han criado talentos como los de Éric Cantona, Laurent Blanc, Basile Boli, Djibril Cissé, Philippe Mexés, Abou Diaby o Bacary Sagna.

El Real Madrid del nómada José Mourinho visitará este martes el reino de Guy Roux. Los blancos se enfrentarán al Auxerre en el Stade de l’Abbé-Deschamps y si ven que los balones con los que calientan no están muy hinchados o que la calefacción de su vestuario está demasiado alta no  deben enfadarse. Sabrán que están siendo complices de una de las muchas tradiciones que Guy Roux instauró en el Auxerre durante los 44 años en los que fue su entrenador. Y todo comenzó ofreciéndose como traductor. Tal vez a alguno le resulte familiar…

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