Histórico
12 septiembre 2010Martín Díaz Núñez

Samsun: Al sur del mar negro, al norte de Anatolia

Allí, entre los deltas de dos ríos, se yergue Samsun.  Fundada por colonos griegos veintiséis siglos atrás, importante puerto y uno de los centros de la producción nacional de tabaco, la ciudad, arrasada en varias ocasiones, no conserva demasiados restos de su largo pasado.

El club más representativo de la ciudad es sin duda el Samsunspor. Nacido en 1965, de la fusión de nada menos que cinco equipos, su historia transcurrió subiendo y bajando sin cesar entre primera y segunda división (ascendió seis veces y descendió cinco entre 1969 y 1993), hasta ese ultimo ascenso. Entre 1993 y el 2006 vivió su edad de oro, consolidándose en la elite y participando en varias ocasiones en competiciones europeas. Ahora en segunda, permanece aguardando el próximo ascensor…

Una fecha permanece marcada en negro entre los aficionados del equipo. El 20 de enero de 1989 el Samsuspor viajaba en autobús hacia Malatya para disputar la que iba a ser la decimonovena jornada (la 1º de la segunda vuelta) de la superliga Turca de esa temporada. Pero el partido no se jugó, ni se jugaría nunca.  El autobús de la expedición sufrió un accidente. Murieron tres jugadores (uno seis meses después, tras permanecer en coma todo ese tiempo), el director técnico y el conductor del autobús. Otros siete pasajeros (cinco de ellos futbolistas) sufrieron graves heridas.

El equipo no pudo continuar en competición, y la federación le reservó la plaza de cara a la siguiente temporada. El rayo rojo (tal es el apodo del club, por sus colores), luce en su emblema una estatua, la que podéis ver en la imagen. ¿De quien se trata, y por que fue escogido como representación del equipo y la ciudad?

Repasemos un poco la historia turca. Desde que fuera derrotado a las puertas de Viena a finales del XVII, el imperio otomano había iniciado una lenta pero irreversible decadencia que le había hecho ser llamado “el imperio de Europa”. Ambicionados sus territorios por las naciones vecinas, carcomido en su interior por los aires de libertad a la que aspiraban los pueblos sometidos bajo su puño, fue disgregándose inevitablemente, primero a ligeros bocados, luego con voraces mordiscos. Antes de la gran guerra había ya perdido casi todos sus dominios europeos y africanos, pero fue el final de la primera guerra mundial cuando los turcos se dieron cuenta de que habían pasado de ser los amos a convertirse en siervos.

Y es que no solo veían como sus antiguas conquistas o bien se independizaban o bien pasaban a tener nuevos dueños, sino que incluso partes de lo que se consideraban territorios intrínsecamente turcos eran cedidos u ocupados por las potencias vencedoras, que habían convertido al Sultan y a su gobierno en una mera marioneta.  Pero de ese estado general de abatimiento y ruina, surgió un nombre que cambio el rumbo de su país .Pocos hombres han sido tan decisivos y han transformado de tal modo la nación a la que dirigían como Mustafa Kemal Atarturk, el padre de los turcos.

Oficial de gran renombre, conseguido merced a su actuación en Galipoli, se opuso a la completa cesión de la soberanía turca en manos de las grandes potencias y al gobierno del Sultan, al que consideraba traidor a los intereses de la nación. Tras salir de Estambul, desembarco el 19 de mayo de 1919 en Samsun. Esa fecha, fiesta nacional en Turquía, es considerada como la del inicio de la guerra de la independencia turca y de la creación del movimiento de liberación nacional. Tras varios años de combates, los kemalistas lograron expulsar a los ocupantes, abolir el sultanato y proclamar la republica. Atarturk emprendió un programa de reformas que cambiaria radicalmente en pocos años las costumbres nacionales, europeizando y modernizando todas las estructuras. Su legado se mantiene aun vivo, su figura es aun reverenciada por la mayoría.

No es extraño que la ciudad donde comenzó todo, Samsun, decidiera rendir tributo al Héroe, en forma de estatua ecuestre. Esculpida entre 1928 y 1931 por el escultor austriaco Heinz Kriphel, la misma también apareció durante un tiempo en los  billetes de 100.000 liras turcas. Como era previsible, el equipo de fútbol no podía ser ajeno al recuerdo del mito, y luce con orgullo su figura en su enseña. Que continúe cabalgando allí por mucho tiempo…

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