Histórico
16 septiembre 2010Jose David López

PSG: Un ‘clásico’ sobrevalorado

Gran parte de la actual camada de periodistas nacionales, pertenece a la generación de los 80, iniciando su alocada vocación a principios de los 90. Como con cualquier otra época, los recuerdos de los primeros contactos con el césped emanan con facilidad en las tertulias. El Ajax de Van Gaal, la Juventus de Lippi, el Milan de Capello o el Madrid de finales de siglo, siempre tienen un impacto principal entre nuestras menciones, pues nadie es capaz de ignorar de su aún ávida memoria el gol de Kluivert en el Ernst Happel, las agónicas finales de la Vecchia, la potencia de Marcel Desailly en Atenas o la ‘puntilla’ de Mijatovic en el Amsterdam Arena.

Todos son momentos imborrables, noches que marcaron títulos y que encumbraron trayectorias de equipos de primerísimo nivel. Sin embargo, siempre muy bien posicionado entre esa amalgama de recuerdos se sitúa un club singular pese a su grandeza, el Paris Saint Germain. El respaldo de 48.713 fieles que suelen abarrotar el Parque de los Príncipes, la fuerza de un club capital dentro de una mega-ciudad como París y el honor de haber dejado para los anales a algunos de los mejores jugadores de la historia del fútbol francés, son muestras de poderío deportivo y social. Excusas suficientes como para catalogar a Les Rouge-et-Bleu de un ‘grande’ del continente, aunque alejado del estereotipo de clásico que, pese a todo, desprende cada vez que sacude sus colores por Europa.

Fue refundado en 1970 por lo que, sobre el papel oficial, apenas tiene 40 años, lo que ya limita muchísimo sus opciones para encaramarse a los primeros puestos de cualquier ránking histórico. Pero lo más llamativo es su aureola actual, inmersa en una crisis de identidad ante la falta de resultados deportivos que lo avalen en los últimos años. Porque hoy, cuando visite el Sánchez Pizjuán, no habrá motivos para respaldar ese sello de calidad que en los 90 le situó entre los clubes simpáticos para una generación que aún les recuerda con afecto.

Y surgen esas sensaciones de cercanía porque la mente evoca un equipo que hizo enloquecer el hambre de fútbol de todo parisino, sólo así se explica su crecimiento y progresión en apenas una década. Trece años después levantaron su primer título, la Copa Francesa (1983), el impulso necesario para coronarse campeón francés (1986) y perder el control de una entidad plagada de poder extra-deportivo tras el arreón de los Carlos Bianchi, Mustapha Dahleb, Safet Susic... Los nostálgicos deseaban un club poderoso en una ciudad multi-cultural y fantasiosa como París, que llamó poderosamente la atención de uno de los gigantes económicos del país, Canal +, dispuesto a explotar su imagen en épocas de economía fértil. La empresa televisiva adquirió el club en 1991 y su inversión (la de dos iconos como Daniel Hechter y Francis Borelli) empezó por el banquillo, contratando a ilustres como Arthur Jorge o Luís Fernández, aunque desempolvando la chequera para unir en varios proyectos a mitos como Raí (‘Roi de París’), David Ginola (el extremo zurdo más técnico de la década), George Weah (Balón de Oro y goleador consumado), Bernard Lama (uno de los porteros más sólidos de entonces) y héroes nacionales como Alain Roche, Paul Le Guen, Vincent Guérin o, más adelante, Youri Djorkaeff.

A pesar de que se encontró con la Juventus en más de una ocasión y acabó por convertirse en su ‘bestia negra’, el París Saint-Germain disputó dos finales de la Recopa, dos semifinales de la Champions League y otras dos más de la extinta Copa de la UEFA. Méritos suficientes para considerarlo un referente de aquella década pero insuficiente como para catalogarlo de clásico una vez que los años han transcurrido. No remató sus oportunidades, siempre quedó a las puertas del gran foco, pero mantuvo perennemente un sentimiento de cariño muy arraigado en todo el continente, que ha sufrido durante los últimos tiempos sus desastrosas campañas. Tanto, que ha rozado el descenso, algo que rompería su línea impoluta como club que más temporadas consecutivas lleva disputando la Ligue 1. Resumiendo, que a pesar de tener algunos títulos poderosos y de haber quedado a las puertas de la gloria definitiva, el PSG vive demasiado anclado en una época de brillantez fugaz.

Hoy, la situación es muy diferente aunque no tan gris como la acontecida hace apenas un año. Se afrontó con buena previsión el mercado veraniego y hasta el Parque de los Príncipes llegaron buenos aportes como el comodín Bodmer (ausente esta noche), el lateral marfileño Tiené y el extremo brasileño Nené, que se convirtió en la estrella del pasado campeonato con su gran rendimiento en el Mónaco. Se fichó con cabeza, con buen sentido financiero y atendiendo a las demandas de una plantilla que ya había encontrado una base para ser explotada con Coupet bajo palos, la juventud de Sakho como líder de la zaga, el destructor experto que aún representa Makelele y la dupla ofensiva del gigante Hoarau y el veloz ratoncillo Erding. La magia la pone, aunque en gotas demasiado irregulares, Sessegnon (que tampoco estará ante los hispalenses). Un equipo que explota mucho las contras, que prefiere entregar al rival la pelota y que, contrario a su caché continental, no es capaz de afrontar con ambición partidos a domicilio. El caledoniano Antoine Kombouaré cuenta con una gran premisa a su favor, la promesa que realizó el actual presidente de asegurarle un proyecto regular durante unos años, algo que ninguno de sus antecesores podría contar con sus resultados. Hoy no hay estrellas, sino un bloque cumplidor con un papel terciario en el panorama europeo. Cruel pero real.

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