Histórico
29 septiembre 2010Jose David López

El ‘foso’ diestro de Gelsenkirchen

El castillo de Lüttinghoff es uno de los enclaves arquitectónicos  con más historia de Alemania. Situado al norte de de Gelsenkirchen, rodeado de una de las mayores reservas naturales del país y conservado casi en su esplendor como escenario de alquiler para fiestas y eventos, otrora se destacaba por la robusta seguridad que desprendía. Sitiado de robles de más de 300 años y reconocido en escritos de 1308, representa el monumento histórico más antiguo del lugar. Sin embargo, ninguna de esas características de épocas pasadas logró tanta repercusión como el foso que lo rodea. El castillo sigue siendo hoy en día ejemplo de perfecta fortificación, sirviendo de modelo para construcciones de la época e incluso asemejándose a los edificios comerciales y residencies del siglo XVIII.

Ese espíritu vanguardista que el mercado de explotación financiera ha sabido aprovechar como un centro taxativo de la zona Rin Norte-Westfalia, también ha ejercido influencia sobre la otra ubicación estelar de la comarca, el Veltins Arena del queridísimo Schalke. Allí, durante años, máxime desde la llegada de Felix Magaht al banquillo Die Knappen (los mineros), la contundencia, poderío y eficacia defensiva han sido prioridad absoluta. No se esperaban grandes acciones de calidad pues el talento está concebido a otros escenarios, pero sí se exigía que la fortificación defensiva, el rigor táctico y la firmeza en la línea trasera sellaran un estilo propio. Ese castillo modelo tomó forma pero el foso se volvió en su contra y en este arranque de campaña supone una auto-amenaza para quienes defienden y un placer para los que atacan.

Y es que el Schalke, que apenas ha sido capaz de sumar cuatro puntos en las seis jornadas ya disputadas de la Bundesliga, ha regresado a la élite europea perdiendo su sello identificativo, la defensa. La marcha de Rafinha, Bordon y sobre todo Westermann (incomprensiblemente vendido al Hamburgo), han debilitado su mejor aval de éxito, la única salvación de un club que ya durante los últimos años apostó por un ritmo lento, mucha pegada en acciones a balón parado y máxima eficacia de sus mínimas ocasiones. No llegaron recambios de nivel y el mejor valuarte de un proyecto con muy pocos argumentos ‘extras’ que ofrecer, quedó en el olvido, relegando al Schalke a la cruel realidad que ahora transmite (pese a que un día tuvo su momentode gloria).

De todos los muros que fortificaban su mejor  ‘don’, el que mayor caos está generando es el flanco derecho. Felix Magath fichó, supuestamente para rearmarse ante la baja no explicable de Rafinha, al japonés Uchida, un joven nipón con buen cartel en su país al que apenas ha dado opciones y al que defenestró de sus planes en las primeras pruebas. Ha sido capaz de probar al chino Hao Junmin como carrilero pese a que el asiático necesita más salida ofensiva y no es ni mucho menos un jugador con inteligencia táctica al primer nivel. Está retrasando a Schmitz, realmente un interior, y hasta fue capaz de probar repetidas veces al mediocentro camerunés Matip (sin duda uno de los mejores efectivos para labores destructivas en su mediocentro). Por allí también pasó el joven Moritz, pero el gran perjudicado fue Metzelder, ya de por sí ajusticiado diariamente por quienes no entienden su fichaje tras ser un ex del acérrimo rival (Borussia Dortmund). Si a esas dudas le añades su lentitud, la facilidad con la que los rivales preveían una opción de peligro por esa zona y el nerviosismo de un veterano lejos de su mejor zona de influencia, el caos ha sido y es un misterio sin resolver.

Quizás Magaht no se atreva pero tiene al menos una opción más y, si cabe, de mayor atractivo. El español Escudero está siendo prácticamente marginado hasta la fecha pero es un lateral zurdo en crecimiento y con progresión. Su ubicación es el carril zurdo pero si allí está jugando el veterano y muy dubitativo Sarpei (que realmente es diestro), colocar al español en el once y al ghanés en su sitio más lógico, toma algo de sentido. De cualquier manera, encontrar remedio está siendo una dolorosa enfermedad para un Schalke que dejó a un lado la organización y planificación de la plantilla tras el astronómico revuelo post-Raúl.

Ahora, sufren las consecuencias de no haber fortificado el mejor de sus avales de éxito, una defensa que ha encontrado un enorme rompecabezas sin solución a la vista. Este miércoles se estrenan en Champions posiblemente con más dudas en un carril maldito, el foso diestro de Gelsenkirchen.

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