Histórico
20 septiembre 2010Ariel Judas

Disparen sobre Neymar

El Brasileirâo es la liga que más jugadores exporta al mundo cada año. La cantera ecuménica. El granero global. Capaz de alimentar a torneos tan disímiles y de características tan diferentes como los de Rusia, México, Italia, Qatar, Inglaterra, España, Emiratos Árabes Unidos, Francia, Alemania o Inglaterra. Un país-continente, con una primera división que alberga a una docena de equipos grandes -un fenómeno irrepetible en cualquier otro punto del planeta-. Un certamen competitivo con una gran cantidad de figuras jóvenes y veteranas, pero con una sola vedette: Neymar.

Con apenas un año de presencia contínua en el primer equipo del Santos, el juvenil delantero divide aguas como nadie consigue hacerlo en la Série A. Todo en la carrera profesional de Neymar da Silva Santos Júnior ha sido tierra fértil para el debate. Primero se habló de su corta edad, y también de su presunta endeblez física. Luego todo el mundo -o casi- se rindió ante la evidencia planteada por su gran talento y su descaro a la hora de enfrentar a cualquier rival. A partir de ese momento -en base a tacos, rabonas, bicicletas y goles llenos de fantasía- la leyenda de Neymar comenzó a forjarse, hasta llegar al extremo de haber sido comparado con Pelé o Garrincha, dos de los mejores futbolistas brasileños de la historia.

Crazy Boy tuvo hasta hace muy poco en Paulo Henrique Ganso y en Robinho a dos socios de lujo. Se volvió a hablar de una nueva reencarnación de los Meninos da Vila en el mejor momento del trío. Incluso se llegó a decir que el Santos era junto con el Barcelona el equipo que practicaba el fútbol más vistoso del mundo. Y no estaba tan errada esa sentencia. Durante una buena cantidad de meses el Peixe fue el mejor equipo sudamericano, más allá de que ninguna competición premiara ese momento. En ese terceto de oro, PH creaba y repartía el juego, Robson arrastraba y abría las defensas contrarias, y Neymar iba por libre, aportando locura creativa, jugadas imposibles y definiciones magistrales.

Hoy Robinho intenta cuajar en su tercera experiencia europea. Y Ganso guarda reposo hasta entrada la temporada 2011, tras sufrir una grave lesión. Luego de la obtención de la Copa do Brasil, que ha dado al Santos la clasificación para la Copa Libertadores del año próximo, el equipo ha quedado en manos de Neymar. La expectativa generada alrededor del de Mogi das Cruzes es fenomenal. La presión también. Y la publicidad de sus actos, inusitada. El aficionado brasileño es semanalmente admitido en el cenáculo de las escenas de la vida cotidiana de Ney. Así, las cámaras lo han llevado al momento en el que el jugador se sometía a examen para obtener su licencia de conducir. Han mostrado al astro cargando música en su iPod. Lo han puesto en medio de las cavilaciones familiares cuando el Chelsea se plantó con una oferta mareante.

A mayor exposición, mayor rechazo o cansancio de parte de la audiencia. O de una parte sustancial de ella. A las morisquetas de un reportaje en el que Neymar explica los secretos de su estilismo, le siguen los testimonios de los padres de un grupo de niños con parálisis cerebral que se quejan porque el delantero no ha estado presente en un acto solidario. Los goles de videoconsola son sucedidos por un informe sobre el poco grado de acierto del 11 en la ejecución de penales. A la estadística que indica que N7 es el jugador que más faltas recibe en la primera división brasileña, se la remata con el testimonio de futbolistas y entrenadores que pintan al atacante como un provocador permanente.

“Muy pocas veces he visto a alguien comportarse así en los deportes”, dijo tras el encuentro del miércoles el técnico del Atlético Goianiense René Simoes. “Es hora de que alguien trate de educar a este muchacho, estamos creando un monstruo en el fútbol brasileño. Alguien tiene que educarlo por el bien del fútbol brasileño”. En el partido disputado en Vila Belmiro, Neymar insultó al entrenador de su equipo -Dorival Júnior- y al capitán Edu Dracena luego de que no se le permitiera ejecutar un penal. Fue la gota que para muchos colmó el vaso de la paciencia.

Las repercusiones no se hicieron esperar. El Santos anunció de manera inmediata un importante castigo económico, que se traducirá en una quita en el sueldo de Neymar, uno de los más suculentos de todo el continente. “Creemos que es un joven con un talento extraordinario, quien sin duda está pasando por una etapa radical de transformación”, dijo el presidente del club Luis Álvaro de Oliveira Ribeiro, quien pidió al jugador “cambios profundos en su comportamiento dentro y fuera de la cancha”. El público, santista o no, se ha atrevido a especular en la red el tipo de sanción aplicable a alguien tan joven a través del hashtag #castigodoneymar.

El entourage de Ney también se movió rápidamente. Su padre fue el primero en hablar ante los medios de comunicación, reconociendo el error de su hijo. Y el propio interesado intentó aclarar la situación a través de Twitter, donde comentó que había discutido con su entrenador y sus compañeros porque es alguien “que quiere ganar siempre”. También expresó a través de su micro blog su fidelidad y respeto al trabajo de Dorival Júnior.

El técnico del Santos -el mayor valedor de Neymar en este año de carrera profesional- ha quedado en la línea de fuego en el ambiente futbolístico brasileño. Así como el jugador ha pasado de héroe a villano en cuestión de horas, Dorival ha mutado de cultor del jogo bonito a un profesional demasiado permisivo, que está estropeando a uno de los mejores proyectos del fútbol local. La prensa local continúa publicando trascendidos de la durísima discusión entre el entrenador y el futbolista, que definitivamente no dejan bien paradas a ninguna de las dos partes. Tras las durísimas críticas de colegas como René Simôes o Joel Santana, Mano Menezes manifestó su preocupación: “Si permitimos que esto pase con tanta frecuencia en el club, en poco tiempo eso se va a transferir a la selección”.

Creo que Menezes acierta al apuntar que tal vez Neymar acuse demasiado el peso de tener que cargar el equipo sobre su espalda, ahora que ni Robinho, ni André, ni Ganso juegan para el Santos. Con apenas 18 años debe ser complicadísimo de llevar eso de ser considerado el redentor de un fútbol tan trascendente como el brasileño. Su entorno no ayuda, eso parece bastante claro. Pero tampoco el hecho de que el club haya fijado una cláusula de rescisión de 35 millones de euros, la más elevada que exista sobre cualquier futbolista que se desempeñe en el continente americano. Demasiadas cosas, demasiado rápido. A veces creo que bastante bien lo lleva Crazy Boy, teniendo en cuenta todos los atenuantes que se puedan aplicar al caso.

Tras pedir disculpas en privado a sus compañeros de equipo y al cuerpo técnico, Neymar no tuvo más remedio que volver a exponerse -una vez más- para satisfacer voluntades ajenas. Los medios que lo han endiosado, los patrocinadores del club, los aficionados del Santos, la selección brasileña, y la sombra de gigantes como el Real Madrid o el Chelsea lo exigían. “Neymar no es el de ayer (por el miércoles). Neymar es el de la alegría, con una sonrisa en la cara y jugando siempre al fútbol alegre y feliz” dijo en un brevísimo contacto con la prensa el Menino da Vila. Con tristeza, el aún adolescente comienza a crear un cayo, a generar las defensas necesarias para sobrevivir al otro fútbol. Salvando las distancias debidas, su declaración recordó por momentos a aquello de “la pelota no se mancha”. De vedette a vedette.

Neymar podrá moderarse, hasta pasteurizarse si es necesario para conseguir ser contratado por un grande de Europa. Pero jamás abandonará la calidad de divo que lo acompaña desde las categorías infantiles. Está llamado a ser uno de los futbolistas más grandes del planeta, y creo que es consciente de ello. Tendrá que pasar (como todos los grandes astros sudamericanos) por un proceso de depuración de su entourage. Sufrirá saudade. Provocará. Escandalizará. Es su destino. Muchos dispararán sobre él también en el Viejo Continente llegado el momento. Confío que para ese entonces estará lo suficientemente curtido como para lograr soportarlo.

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