Histórico
14 septiembre 2010Jose David López

Bursaspor, caimanes en la Champions

La histórica frontera eroasiática de Turquía, reune quizás una mezcla cultural sin parangón. Esa división natural e histórica entre ambos continentes a través del Bósforo, reúne ciertas obligaciones para todo aquél afortunado que se asome a conocerlas y, desde luego, el fútbol siempre tuvo un exostismo imperdible en Estambul. De los 54 campeonatos ligueros (Superlig Turca), sólo siete se han escapado de la antigua Bizancio, pues la dictadura de los tres ‘gigantes enemistados’ (Galatasaray, Fenerbahce y Besiktas), es prácticamente infranqueable. Para osar desafiar al triunvirato, se necesita valentía, un proyecto con buenas directrices, mantenerse a la sombra como expectativa para no hacer ruido y, desde luego, suerte. Todo ello se combinó a la perfección el pasado curso en Bursa, provocando la mayor sorpresa de la historia del campeonato y el primer mordisco a la Champions de los ‘cocodrilos verdes’.

El Ulu Dag, la montaña más relevante de la otrora ‘Montaña de los Monjes’, sirvió de inspiración para vestir al recién creado Bursaspor en 1963. El verde de sus praderas y el blanco del invierno nevado, encontraron traducción en Esmirna, sede inicial donde unieron fuerzas conjuntas el Acar İdman Yurdu, Akınspor, İstiklal, Pınarspor y Çelikspor (todos ellos clubes humildes de la zona). Su arranque en Lig2 fue corto pues apenas tres años más tarde, lograron su primer ascenso y a pesar de encontrar cierta estabilidad en los años 70, donde encontraron un nuevo hogar (el Bursa Atatürk Stadium, de 18.000 espectadores y con un proyecto que se culminará este próximo verano para aumentarlo hasta 35.000), volvieron a convertirse en un club ascensor en los 80. Curiosamente, fue en 1986 donde lograron el que hasta hace unos meses, era su mayor éxito, la Copa turca de 1986. El líder de semejante heroicidad fue Ertugrul Saglam (ex goleador del Besiktas en los 90), un técnico jovencísimo que a sus 40 años buscaba encontrar su primer gran momento de gloria tras varias experiencias semi-frustradas ya que empezó a dirigir desde el banquillo a los 34 años. Su cercanía al grupo dicen que resultó clave, pues no encontró egos exaltados en el vestuario ni una afición contraria a sus ideales, entre otras cosas, porque los resultados le acompañaron durante todo el curso. En Turquía incluso resaltaron las grandes tardes de charlas que pasaba una vez a la semana con varios de sus jugadores, con los que quedaba para mejorar sobre el césped pequeñas debilidades y, posteriormente, compartía con ellos vivencias entre ‘cañas’, lo que evidentemente generó un ambiente tranquilo y de enorme compañerismo global.

Más goles anotados que nadie (65) y menos encajados (26), fueron registros insuperables para los millonarios proyectos de sus rivales, incapaces de darles caza pese a algunos titubeos finales que sirvieron para enmarcar más aún la osadía de los de Bursa. El milagro había llegado pero mantener el estatus alcanzado siempre requiere un mayor sacrificio, sobre todo cuando los ‘gigantes’ buscan robar aquellos nombres que ahora forman parte de la élite del campeonato. Sin embargo, la fuerza financiera y la ilusión por representar al Bursaspor en la Champions, motivaron sobradamente al bloque y sólo Tomas Zapotocny (vuelve al Besiktas tras su cesión) dejó la plantilla, que sigue siendo mayoritariamente turca y prácticamente anónima para la gran mayoría. Inspeccionando, la situación es bien distinta pues, desde la humildad, surgen jugadores en pleno crecimiento, intrépidos y ambiciosos.

El equilibrio defensivo llega de la mano del brasileño Vederson y el veterano búlgaro Ivankov bajo palos, acompañados de la diestra de Tandogan, el creativo y desequilibrante Volkan Sen, el buen arranque de campaña del serbio Ergic y, desde luego, la estrella y promesa criada en la cantera, Sercan Yildirim (al que tantean desde la Premier hace tiempo). El fichaje mediático ha sido el argentino ‘Pocho’ Insúa, que aún no ha entrado a buen nivel en la dinámica del campeón turco, algo que sí puede decir Stepanov, junto a los argentinos Steiner y Nuñez, otro de los refuerzos que más puede aportar esta campaña.

El sueño europeo del Bursaspor arranca este martes con la mirada puesta en revolucionar también Europa y conscientes de que una buena imagen continental facilitará su crecimiento (sin ir más lejos, ya está programada la construcción del moderno Timsah Arena si Turquía se lleva la Euro 2016). Euros que deben renovar las sensaciones positivas en el alicaído fútbol turco, necesitado de ‘novatos’ atrevidos como los criados en Bursa, epicentro de ilusiones otomanas a base de mordicos. El primero en ser amenazado, el Valencia.

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