Histórico
7 septiembre 2010Ariel Judas

Argentina: Cinco razones para rechazar a Sergio Batista

Sergio Batista vivirá hoy el que probablemente sea el partido más importante de su carrera como entrenador. En un encuentro amistoso, sin riesgos aparentes, el ex “5″ de la selección campeona en 1986 se encuentra ante una situación que puede marcar de una manera tajante su futuro laboral. El Checho ha llegado al presente status de seleccionador interino de la Albiceleste por una acumulación de hechos y situaciones lpoco vinculados con su valía como técnico. Más allá del resultado del choque en el Monumental, creo que Batista está ostensiblemente menos calificado que varios de sus colegas del medio local para el cargo que ocupa en calidad de mal menor oficial. Aquí, mis cinco razones por las que Sergio Batista no debería ser el entrenador de la selección Argentina.

- Antes de su llegada a la comisión técnica de la federación argentina, Sergio Batista tuvo una discretísima carrera como entrenador. Tras colgar los botines en 1999 -cuando defendía la camiseta de All Boys en el fútbol de ascenso-, el Checho cruzó el Río de la Plata un año más tarde para asumir la conducción táctica del Bella Vista de Uruguay. Tras unos meses no demasiado felices de experiencia en el fútbol oriental, el ex volante central regresó a su país para sentarse en los banquillos de Argentinos Juniors, Talleres de Córdoba, Nueva Chicago y Godoy Cruz. Durante ese período Batista se curtió en un ambiente austero y muy competitivo, como es el Nacional B. Pero la gestión del técnico en todos esos clubes no será recordada por el alto nivel de juego. Tampoco por los títulos, que han pasado de largo en su carrera. Si hacemos la vista gorda, tal vez se pueda sacar alguna conclusión medianamente positiva de su estadía en el equipo de la provincia de Mendoza. Pero nada más.

- Su desempeño como seleccionador de los juveniles de Argentina es cuestionable. A principios de 2008, tras la finalización del exitoso ciclo encabezado por José Pekerman y Hugo Tocalli (quienes llevaron a la Albiceleste a ser una potencia casi incontestable en el fútbol para equipos Sub-20), Batista fue contratado por la AFA para gestionar al semillero del equipo nacional. El comienzo de su ciclo no pudo ser mejor, al conseguir con el equipo Sub-23 la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 2008. No intento restar mérito a ese logro -no lo haré- pero creo que es justo poner esa conquista en su justo contexto. En ese equipo (que por momentos se movía muy bien, todo hay que decirlo)  jugaban Sergio Agüero y Leo Messi, dos futbolistas excepcionales dentro de la categoría. Y -además de las espectaculares apariciones de Ángel Di María y Fabián Monzón- Argentina contaba con dos refuerzos de lujo, como Juan Román Riquelme y Javier Mascherano. Entiendo que cualquier técnico de la primera división de mi país podría haber llegado a la final de Beijing. La materia prima de ese equipo era de máxima calidad. Y Batista estuvo en el lugar adecuado, en el momento indicado. Algo que no se repitió unos meses más tarde, cuando no pudo conseguir la clasificación al Mundial Sub-20 del año pasado. El fracaso más rotundo de las selecciones juveniles argentinas en las últimas dos décadas no se detuvo allí. En sus últimos enfrentamientos oficiales o amistosos los juveniles argentinos han sido superados por la mayoría de sus rivales tradicionales a nivel regional. El cuerpo técnico de Batista relativiza su responsabilidad por los malos resultados y asegura que las canteras de los clubes no entregan a futbolistas formados. Sea esto cierto o no, desde la finalización de la era Pekerman, la selección menor no consigue hacer pie.

- A Sergio Batista no se le ha dado el cargo de seleccionador interino de Argentina por sus méritos profesionales. Tras el regreso desde el Mundial de Sudáfrica, Julio Grondona parecía estar dispuesto a designar de manera inmediata al sucesor de Diego Maradona. La escandalosa y previsible no renovación de Pelusa demoró tal vez más de lo pensado. El nombre de Alejandro Sabella parecía número puesto. Incluso se habló de un binomio con Rubén Américo Gallego, una idea absolutamente lógica teniendo en cuenta que ambos fueron ayudantes de campo en el ciclo que llevó a la Albiceleste a la Copa del Mundo de 1998. Por algún motivo aún desconocido la AFA no tomó ninguna decisión al respecto, y encomendó a Batista la administración temporal de la selección, en principio por el amistoso disputado hace unas semanas en Dublin, y por el encuentro de esta tarde en Buenos Aires. Si el resultado del partido ante España es favorable, o incluso una derrota más o menos digna, es muy probable que Batista sea confirmado en el cargo por un año, hasta la finalización de la Copa América que organizará Argentina. Por ese entonces -de acuerdo con una serie de especulaciones de las que se hace eco la prensa porteña- es probable que el presidente de la federación Julio Grondona abdique y deje a quien lo reemplace la carga de optar por una hipotética renovación de Batista, o por buscar un nuevo técnico. Pero si la selección sufre una derrota por un marcador abultado, creo que a Batista no se lo podrá sostener de ninguna manera. La propia AFA ha creado un clima de referéndum alrededor del choque ante el equipo campeón del Mundo. Pese a las declaraciones laudatorias, pese a las bendiciones mediáticas, el Checho -ese que no protesta, ese que intenta quedar bien con todos, ese que jamás cuestionará lo que Don Julio o el Doctor sugieran, ese que seguramente cobra mucho menos que cualquiera de los que podría estar en su lugar en este momento- deberá marcharse si el equipo de Vicente del Bosque le propina una paliza que se refleje en el marcador final.

- En su calidad de seleccionador interino Batista no ha sabido estar a la altura del cargo en los medios. En su afán por ser confirmado el Checho se ha paseado en las últimas semanas por prácticamente todos los programas de radio y televisión más o menos importantes de Argentina. Y ha esquivado, de una manera estudiada, al entorno catódico y radiofónico de Diego Maradona. Pese a que ha acudido a muchos sitios donde le han pasado la mano por el lomo, la imagen del técnico se ha visto perjudicada en mi opinión. Sergio Batista ha intentado munirse de un aire de pretendida sofistificación y relajamiento que no van con él. O, al menos, que no casan con el personaje que el entrenador había presentado ante los medios hasta antes del último Mundial. No veo mal que, dentro de sus posibilidades, intente hacer todo lo que esté a su alcance para conseguir ser confirmado en la selección. Pero no me parece correcto que Batista pretenda soslayar su fracaso con la Sub-20, o que pida que no se lo juzgue por el resultado del partido ante España. Es fútbol. Si no hablamos de aquel torneo Sudamericano y del marcador final de esta tarde, ¿De qué podemos hablar para evaluar su trabajo?.

Puede resultar un tema menor, pero creo que Batista no es capaz de aguantar una ronda a la camorra mediática argentina, como ha demostrado hace un par de semanas con su incompresible aparición en el ciclo “El Show del Fútbol”. Tampoco creo que esté bien que -sabiendo que aún no está firme en su cargo- hable de su plan de trabajo hasta el 2014. Suena a tomadura de pelo. Como esa milagrosa locuacidad de Leo Messi, que se empeña en hacernos creer que esa Argentina aún agarrotada por la pretemporada europea se pareció al Barcelona en el choque contra República de Irlanda. Pero del avatar mediático del 10 hablaré en otro momento. Ahora no corresponde.

- Batista efectuó una convocatoria marcada por el temor a perder. En su primera nómina propia (la lista del partido contra Eire no es de su autoría), el entrenador llamó al 70% de los jugadores utilizados por Diego Maradona en Sudáfrica. En el que se supone es el inicio del camino que terminará en la próxima Copa del Mundo (el mismo Batista lo plantea en esos términos) me llama la atención que el cuerpo técnico cuente con dos veteranos que han estado entre los más criticados en la última versión oficial de la Albiceleste, como Martín Demichelis y Gabriel Heinze. Allí también están Walter Samuel y Nicolás Burdisso. La nómina de jugadores habilitados para disputar el encuentro ante España carece por completo de espíritu de renovación y de riesgo. Quien desde hace dos años entrena a las selecciones juveniles no ha convocado a uno solo de sus integrantes para el compromiso de esta tarde. ¿Raro,no?. ¿Importa o no el resultado?

El técnico, que se propone como un cambio con respecto a la gestión del colérico Pibe de Oro, disecciona el cadáver de quien fuera se amigo y aprovecha casi todas las partes. Y su Frankenstein con cara de bueno abraza a los descartes del último corte de Diego: Javier Zanetti y Esteban Cambiasso. El Pupi fue el jugador más insultado por el hincha argentino durante la porción de las eliminatorias sudamericanas en la que el equipo estuvo a cargo de Alfio Basile. Hoy, con 37 años, el eterno capitán del Internazionale afirma que quiere formar parte del equipo que -presumiblemente- disputará el Mundial 2014. Batista refrenda este delirio, y algunos seguidores aplauden. Que alguien me lo explique. Inaceptable en una selección que se presume importante. Lo de Cambiasso es aún más grave, creo. El Cuchu es un futbolista que ha resultado absolutamente intrascendente en el 90% de los partidos en los que le ha tocado jugar con la camiseta celeste y blance. Lejos está Zanetti de ser un símbolo de la selección argentina, pero puedo entender cierto sentido de homenaje hacia un profesional honesto, que ha estado en el equipo en una enorme cantidad de partidos. Pero lo de Cambiasso no lo comprendo. Buen jugador en la liga italiana o en las competiciones europeas, mediocre cuando nos ha hecho el favor de vestirse de internacional. Hay quienes ven en las presencias de ambos interistas una puñalada trapera a la decisión del anterior seleccionador. Tal vez. Traición o venganza. Los dos sentimientos caben en la personalidad de Batista, que es humano y falible, como el que escribe. Y si no, que se lo pregunten a Javier Pastore (definitivamente, uno de los mejores futbolistas argentinos de la actualidad, con muchos años de carrera por delante), quien ha dejado de contar cuando al seleccionador interino le permitieron decidir. En tiempos del Huracán del Tiki Tiki, Pastore y Matías Defederico eran las estrellas del equipo que casi consigue el campeonato de la mano de Ángel Cappa. Por indicación de su técnico, por convicción personal, o por sugerencia del club, Pastore se rehusó a ser parte de la Albiceleste Sub-20 que, al mando del Checho, fracasó en su intento por clasificar al Mundial de Egipto. Hoy, el cadáver que Batista guarda desde hace un año en su armario le pasa factura al enganche del Palermo. Una pena.

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