Histórico
22 septiembre 2010Jose David López

Heroicas y sueños según Mainz

El arte de la caracterización consiste en adaptar con el mayor realismo posible la fisonomía del intérprete a las cualidades del personaje que interpreta. Se aplican todo tipo de técnicas de peluquería, maquillaje e implantes, aunque no siempre se busca la realidad, sino que la ironía y el humor también juegan un papel clave a la hora de diseñar estos protagonistas. La grandilocuencia, la exageración y el grado superlativo de estos rasgos interpretativos, desde la propia actuación hasta el diseño más imprevisible y original, también forman parte del espectáculo de la caracterización. De hecho, nuestro país es exportador de uno de los mayores festejos tradicionales en este sentido pues las Fallas valencianas son, más allá de una fiesta, una tradición que exalta este arte a base de ninots “humanizados”.

Sin embargo, la exclusividad de esta forma de expresión artística no es única del mes de marzo español, sino que encuentra un clon comparativo en el Fastnacht de Maguncia. La ciudad con mayor índice de inmigración de todo el suroeste de Alemania, a orillas de la margen opuesta del río Rhin, no descansa durante el mes de junio, donde une la música de Gautschen (bautismo de los impresores, ya que en la ciudad se inventó la imprenta) con los espectáculos del festival Open-Ohr (bandas locales se dan a conocer). Un cúmulo de actos y celebraciones que quedan a la sombra de los Schwellkopp, verdaderas obras de arte que elaboran constructores y artistas durante meses con materiales como cartón, madera, papel y pintura. ‘Cabezas Gigantes’ en cuerpos de humanos que escenifican curiosidades y tradiciones de la comarca a lo largo de su historia y que, este año, tienen un denominador común en un milagro, el de su equipo de fútbol, el del Mainz 05.

Cinco partidos disputados hasta ahora en la Bundesliga, cinco victorias. Dos de ellas a domicilio, visitando a rivales de primer nivel germano como Wolfsburgo y Werder Bremen. Las otras tres como local en su coqueto, humilde pero intimidatorio, Stadion am Bruchweg, un terreno de juego de reducidas dimensiones y que genera un ambiente de ‘encerrona’ en cada partido (están construyendo el Coface Arena, con 33.500 asientos, que estrenarán el año que viene). Doce goles a favor, cuatro en contra y la clara filosofía de jugar con ilusión, una palabra que en fútbol muchos han perdido pero que en Maguncia se ha convertido en una obligación para seguir creciendo. El sueño ya ha empezado, pero la mística que rodea a este Mainz va mucho más allá de estadísticas varias. Crece por realidades que progresan en base al trabajo y la superación. Un cóctel de ingredientes variopintos ha generado el inicio de una historia cuyo desarrollo se está gestando y donde el final, imprevisible conociendo la mística y equilibrio de la Bundesliga, puede ser brillante.

Y es que sólo el Mainz es capar de dar la mayor oportunidad de su vida a un técnico semi-desconocido como Thomas Tuchel, auténtico ídolo del movimiento pro-Die Nullfünfer. El jovencísimo entrenador, de sólo 37 años, se retiró prematuramente cuando una lesión crónica en su rodilla derecha le obligó a aprovechar sus cualidades desde la barrera con apenas 25 años. No había logrado jugar al primer nivel pero sus metas iban a ir tomándo forma poco a poco. Se ganó reputación en categorías inferiores, cuando fue capaz de sacar varias generaciones de jugadores contrastados en la cantera del Stuttgart, pasó al Augsburgo para meter a varios de sus chicos en el primer equipo y entonces apareció el Mainz. Pero no para ser el líder de su proyecto, sino para seguir trabajando con sus juveniles. Logró el campeonato A con sus jóvenes cracks lo que, unido a la mala relación de la directiva con Jorn Andersen pese a lograr el ascenso, le dio vía directa al primer equipo para salvar la situación y ganarse un proyecto bajo su filosofía para esta campaña.

Pero no en el banco terminan las heroicidades del actual líder de la Bundesliga. La plantilla tiene una larga lista de singularidades que lo hacen aún más especial. Muller, veterano portero clave durante el curso pasado, cayó lesionado de gravedad en verano y ante la falta de euros para entrar en mercado, tocó confiar en el eterno Wetklo. Sobrio, silencioso en su trabajo pero leal, tanto que llevaba diez años en Maguncia esperando su ocasión de oro desde el anonimato de todo portero suplente que apenas interviene ante los focos. Pero hay más. Apenas diez días antes del inicio de la temporada, el fútbol árabe se llevó a su única estrella saliente, a su goleador, el delantero de Burkina Fasso, Aristice Bancé (determinante el pasado curso). Evidentemente, la única salvación posible ante la debilidad financiera de la institución, es rebuscar cesiones entre los grandes del país para encontrar algún salvavidas que busque continuidad. Seis cesiones atestiguan esta mentalidad. Todos ellos son absolutamente imprescindibles hoy.

Uno es el lateral zurdo Fuchs (ex Bochum), uno de sus mejores activos ofensivos, un jugador peleón con mucho recorrido que ha empezado la temporada a un ritmo altísimo. Otros, el delantero Rasmussen (ex Celtic), punta de mayor calibre internacional, Riise (ex Leverkusen) es el llegador por excelencia y jugador más incisivo mientras Holtby (ex Schalke del que ya hablamos hace tiempo), representa hoy en día su jugador más desequilibrante y prometedor. Si a estos ingredientes le sumamos que el austriaco Ivanschitz, probablemente el jugador más talentoso de la plantilla, llevaba varias semanas lesionado (se estrenó anoche) y que su pilar atacante como punta referencia es un ex canterano del Real Madrid como Adam Szalai, que triunfó en Segunda B de España pero que no llegó a debutar en la primera plantilla, el cóctel supera cualquiera de los que se toman en la noche de los Schwellkopp.

Por ahora no conocen la derrota, han vuelto a levantar un partido en la segunda mitad para demostrar que su físico está por encima del resto (diez de sus doce goles han sido en el tramo definitivo de los partidos) y siguen líderes. Su propósito no es otro que dejarse ver, dar un paso al frente y reflejar el fervor de una ciudad pasional con su equipo de fútbol. No es época de carnaval en Maguncia pero el festival ya se está disfrutando. Que les quiten lo ‘bailao’.

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