Histórico
11 agosto 2010Ariel Judas

La nueva Brasil de Meneses: “Todo un palo”

A minutos de Times Square, con varios raros peinados nuevos, y muchas ganas de gustar. Así se presentó anoche el futuro del fútbol mundial. O el futuro de la selección de Brasil, que a veces es lo mismo. La generación 2014 -la que está prácticamente obligada a bordar la sexta estrella en la camiseta amarilla- es una orquesta que aún no afina tan bien como el afiatado equipo de Dunga, pero que bajo la inspiración de su nuevo cuerpo técnico toca melodías reconocibles, que todos queríamos escuchar desde hace tiempo. El narrador de la televisión estadounidense cerró su labor diciendo que hay que comenzar a temer a este nuevo Scratch. No puedo asociar fútbol con temor, me niego a hacerlo. Pero sí creo que el futuro aterrizó anoche en New Jersey. “Todo un palo”, como dirían los Redonditos de Ricota.

“Veámoslo un poco con tus ojos…”, invita Patricio Rey desde los surcos del vinilo de Un bahión para el ojo idiota. Visto con la mirada del torcedor brasileño el debut de la selección administrada (con apenas dos días de trabajo aún no puede decirse que sea entrenada) por Mano Menezes debe haber resultado muy esperanzador. No solo por aquello de que la Canarinha ha apelado al jogo bonito, sino porque lo ha hecho con un elenco de ejecutantes nuevos en gran medida.

No es que los soldados de la selección de Dunga no fueran capaces de jugar bien llegado el momento (lo hicieron en más de una ocasión, antes y durante el último Mundial). Pero la eliminación frente a Holanda activó en el aficionado, la prensa y la directiva del fútbol brasileño una necesidad de renovar a fondo el guión y los actores de la selección más prestigiosa del planeta. Tras quedar fuera de Alemania 2006, la CBF eligió para su equipo una coducción regida con manu militari. Los excesos y la falta de disciplina que personificaron estrellas de la vieja guardia como Ronaldo y Roberto Carlos, o figuras en trayectoria descendente como Ronaldinho Gaúcho, fueron borrados de un plumazo. Aún a cuesta de someter el pulso natural y talentoso del fútbol brasileño a un estilo que resultó extraño e incómodo para los formadores de opinión y quienes la consumen.

Luego de la rocambolesca definición de la sucesión de Dunga, la selección de Brasil ungió como su entrenador a Mano Menezes, un técnico que no hace demasiado tiempo trabajaba en equipos de la segunda división de su país. El de Passo do Sobrado conoce de una manera profunda -al igual que Muricy Ramalho, Vanderlei Luxemburgo, Joel Santana o Adílson Batista, entre otros- la realidad de su fútbol. Sabe de sus carencias y de sus puntos fuertes. Domina -como tal vez no lo hacía su predecesor- el repertorio de los hechos diferenciales del balompié brasileño. Tras pasar por prácticamente todas las categorías de la competición local, y luego de conducir durante un tiempo considerable a un grande como el Corinthians, a Menezes le llegó la oportunidad de su vida, pintada de dorado y rematada con un cartel de neón que llama a la gran cita del 2014.

El 4-3-3 con el que debutó esta nueva versión de la Verdeamarelha contó con cuatro jugadores que actúan en el Brasileirâo. En el arco estuvo Victor (Grêmio), y de tres cuartos de cancha en adelante brillaron las tres máximas estrellas del plantel del Santos: Paulo Henrique Ganso (que jugó como enganche), Robinho (extremo por derecha) y Neymar (extremo por izquierda, aunque con muchísima libertad posicional). Con el transcurso de los minutos también tuvieron su oportunidad Hernanes (medio del Sâo Paulo hasta hace apenas unas horas), Jucilei (volante del Corinthians), Diego Tardelli (delantero centro del Atlético Mineiro) y André (atacante del Santos). Además de buscar savia nueva para su proyecto, lo que ha hecho Mano Menezes al incluir a esta serie de futbolistas en la selección es reivindicar a la Série A de su país. La carta de intención firmada anoche por el nuevo entrenador declara que -además de contar con los europeos como Daniel Alves o Kaká- su proyecto se basará en gran medida en lo que estas caras nuevas (alguna de ellas con pinta de crack global a corto plazo) puedan producir.

Ante un equipo de Estados Unidos que se vio desbordado en todo momento, salvo en los primeros diez minutos de juego, Brasil respondió con calidad y oficio. Con Thiago Silva y David Luiz como centrales (el del Benfica estuvo muy sólido y sobrado a lo largo de todo el encuentro), Alves -al mejor estilo de su función en el Barcelona- fue el motor inicial del Scratch por banda derecha. En la izquierda André Santos se mostró más efectivo atacando que defendiendo. El tiempo pasa, y esa demarcación sigue siendo una duda permanente en la selección. Filipe Luis y Marcelo probablemente tengan pronto su oportunidad.

Lucas y Ramires actuaron en el doble pivote. Jamás desentonaron con el resto de una seleçâo bastante brillante, aunque en líneas generales estuvo más sólido el nuevo jugador del Chelsea que una de las eternas promesas del Liverpool. Tal como ocurre en Argentina, la camiseta con el número 10 en Brasil suele pesar un poco más que las demás. Y en New Jersey la lució Ganso, el cerebro de la versión remasterizada de los Meninhos da Vila del Santos. Acertó Menezes al incluir al bloque ofensivo del equipo de la ciudad portuaria casi al completo. El enganche se entiende de memoria con Neymar y Robinho. El trío se profesa afecto constante y se divierten dentro del terreno de juego. No hay envidias entre ellos, y la pelota por momentos circuló de manera endemoniada en la frontal de la defensa estadounidense. En el Santástico de Dorival Júnior el delantero centro es André, y en la selección esa función la ha cumplido un Alexandre Pato que se acopló muy bien al juego de sus compañeros de ataque.

Ante casi 80.000 personas, en el flamante New Meadowlands Stadium, Brasil volvió a parecerse a esa noción que todos tenemos en la cabeza cuando nos mencionan al equipo que ganó en cinco ocasiones la Copa del Mundo. El equipo divirtió y se divirtió. Fue irreverente y siempre propuso. Regaló más de un lujo. Y dos de sus héroes -Neymar y Pato- marcaron los goles con los que el cuadro de Mano Menezes sella con un aprobado alto su presentación en sociedad.

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