Histórico
16 agosto 2010Jose David López

La esquizofrénica hombrada del Arles-Avignon

Esta semana en El Enganche, lanzamos una mini-sección con los cinco equipos recién ascendiso más singulares de los principales campeonatos europeos. Arrancamos con el modestísimo aunque enigmático Arles francés.

La necesidad de unir arte y vida representa el ideal máximo de muchos genios y artistas, aunque la gran mayoría de ellos fuera incapaz de conjugarlos. El mito del bohemio, el primitivismo, la singularidad de valorar las tendencias fuera de lo habitual por ser lo más auténtico y, desde luego, el encontrarse a sí mismo, formaban parte del ADN de iconos de nuestra historia. De leyendas como Vincent Van Gogh. El pintor expresionista, enigmático en todo el mundo, pasó las mayores épocas de delirio personal en el sur de Francia, donde su esquizofrenia y el profundo abatimiento de su persona, dejaron retratos únicos en la pequeña y modesta localidad de Arles.

Van Gogh vivió allí, en un alojamiento humilde, con poco mobiliario, muebles de pino y una pequeña ventana sobre la que lanzar sus ideas al mundo pintura en mano. En esa habitación pintó Slaapkamer te Arles (El dormitorio de Arles) y fue allí donde, tras una trifulca con su amigo Paul Gauguin, acabó por cortarse la oreja derecha. Sus graves problemas mentales le hicieron un habitual de hospitales y centros psiquiátricos en una localidad poco dada a los sobresaltos. Cerca de allí, 120 años más tarde, corre el rumor de que aún no ha abandonado el manicomio, sino que ha dado la bienvenida a multitud de ‘vecinos’ arlesianos, completamente dementes y alucinados con la trayectoria de su equipo, el Arles-Avignon.

A sólo 50 kilómetros de la coqueta Marsella y con la llaneza de sus poco más de 60.000 habitantes, la pequeña localidad de Arles jamás pensó en poder colocar su nombre en el primer peldaño del fútbol francés. La 2010-2011 será la primera campaña de toda su enigmática historia en la Ligue 1. Sitiado por monumentos romanos declarados Patrimonio de la Humanidad, el diminuto Stade de Fernando Fournier ha sido el epicentro de la hombrada pues sus aficionados han podido disfrutar, aunque parezca imposible, de cuatro ascensos en apenas cinco temporadas. De la CFA2, una liga amater cuyos jugadores son al mismo tiempo trabajadores de la zona, al primer escalón de un fútbol, el francés, encaprichado históricamente en ofrecernos (sobre todo en Copa), auténticos milagros.

Uno de los artífices de tal osadía fue el ahora defenestrado Jean Marc Conrad, presidente del club durante todos estos ascensos, pero que ha salido por la puerta de atrás después de dejar una deuda importante en las debilitadas arcas del club. Sin embargo, el auténtico ídolo y el gran fenómeno de la historia del Arles es su técnico, Michel Estevan, que llegó en 2005 a la entidad sureña y que no se ha cansado de mejorar sus resultados año tras años. El míster (al que apodan El Mago y comparan con Guy Roux, modesto pues siempre dirigió en fútbol semi-profesional, ascendió en su primera campaña, así como en la segunda. En la tercera terminó octavo en National pero una campaña más tarde fue tercero y repitió éxito. Tras lograr plaza de Ligue 2, se multiplicaron los problemas pues como equipo amateur, debían profesionalizarse al completo. La falta de recursos obligó a jugársela con prácticas delicadas que debilitaron más la economía pero se logró la cesión de grandes jugadores como Andre Ayew, Dalé, N`Diaye o Reynaud, claves para que se lograra la mayor de las hombradas, ascender a la Ligue 1 en las últimas jornadas superando a un clásico como el Metz.

Ese inesperado giro en la historia del club llevó cambios inmediatos. Los dos primeros, sacarse de encima al mito que había logrado el reto desde los despachos (el citado Jean Marc Conrad) y encontrar nuevo estadio pues el Stade de Fernando Fournier, de sólo 7.000 espectadores, no es considerado apto por la federación gala. En el sillón presidencial se ha sentado hace unos meses el polifacético Marcel Salerno, ex presidente del Cannes que ya ha soltado de su bolsillo cerca de 2 millones de euros en renovar las instalaciones de club y que comparte poderes con François Perrot. Encontrar un nuevo alojamiento no fue sencillo puesto que, directamente, han ‘robado’ el escenario del modesto Avignon 84, Parc des Sports, con capacidad para 17.000 espectadores que llegan desde la ciudad vecina de Arles. Esta mezcla interesada por ambas partes obligó a que el club cambiara de nombre y uniera la ciudad de Avignon a su historia, aunque la gran mayoría no toma como suyo el equipo de fútbol que durante años se llevó los titulares comarcales.

Una larga lista de complicaciones que saber sobrellevar y solucionar en apenas unos meses y es que no olvidemos que el Arles apenas tiene 10 millones de presupuesto y ascendió siendo el equipo con menos ingresos de la Ligue 2. La DNCG (el organismo regulador francés) prohibió al club participar en la primera división gala por problemas financieros pero acabó ganando la apelación. Eso le otorgó un impulso y tranquilidad, pero la marcha del antiguo presidente generó un caos en el banquillo pues Estevan había firmado ya un contrato previo por un monto mayor al que la entidad podría asumir. Ambas partes acabaron por entenderse y la directiva se ahorró una suma que utilizó para añadir iluminación, cabinas de prensa y unos vestuarios dignos. Este pasado fin de semana, ante el Lens, se examinó con notable, pues sus modestas instalaciones lograron convencer a la Federación, aunque en lo deportivo el proyecto tendrá muy difícil salvarse.

El bloque que logró el ascenso, casi ha pasado a la historia pues entre cesiones de salida y de entrada, el Arles ha confeccionado un plantel completamente nuevo. Los argelinos Hameur Bouazza y Ghilas, Dja Djedjé (un joven que había dejado buenas impresiones en el Estrasburgo), el irregular aunque experto Camel Meriem o el español Álvaro Mejía (que abandonó el Murcia tras su descenso a Segunda B), son sus fichajes más sonados. La osadía de cuatro ascensos consecutivos es única, legendaria y sin precedentes pero la verdadera hombrada llegará si finalmente logran la permanencia. En caso negativo, esperemos que la auto-mutilación del arlesiano Van Gogh no sea esta vez la esquizofrénica solución.

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