Histórico
26 agosto 2010El Enganche

El vetusto olor de la zurda de Old Trafford

La Premier League es la mejor liga del planeta. Todo lo malo y lo bueno del fútbol pasa allí. Las leyendas caídas, las estrellas del momento, los entrenadores longevos, los que duran dos días, los estadios llenos, las mañanas de sábado. La Premier, como Inglaterra, es distinta al resto, es tradición y modernidad que se dan la mano en el césped. Quizás pocos sepan que este formato de competición fue imitado por todo el mundo, la Premier introdujo los nombres en las camisetas, los tres cambios, los estadios con asientos al completo… Todo empezó el 15 de agosto de 1992, daba comienzo la nueva liga inglesa. Y Ryan Giggs estaba allí.

Corría el minuto 71 del partido que enfrentaba al Manchester United con el Newcastle y Nani salía del terreno de juego para dar paso a Ryan Giggs. El galés recibió una estruendosa ovación y, diecinueve años y medio después de su debut ante el Everton un 2 de Marzo de 1991, seguía en Old Trafford. Su sola presencia sobre el terreno de juego ya era un récord, una leyenda no sólo del equipo de Manchester si no de la historia de la Premier League. Pero le bastaron 840 segundos, o lo que es lo mismo, 14 minutos, para añadir un nuevo hito a su colección personal. El galés sellaba el partido con el definitivo 3-0 y se convertía así en el único jugador de la historia en anotar al menos un gol en todas las ediciones de la Premier League desde su creación.

El fútbol inglés posee una sensibilidad especial a la hora de tratar a los mitos. La Premier es un reducto para los fieles, aquellos que sienten el fútbol como una religión, donde la liturgia es el partido y los templos, los estadios. Es allí entre las gradas que parecen hablarte, donde los vinculos se forjan.  Ryan Joseph Willson Giggs -porque ese es su nombre completo- representa mejor que ningún otro jugador ese sentimiento. No ha cambiado de equipo en 20 años, el Manchester; tampoco de entrenador, Sir Alex Ferguson; ni siquiera de representante. Es el único capaz de haber superado al eterno Bobby Charlton en partidos disputados con la casaca roja. Su fertilidad y sus números infunden el añejo respeto de las leyendas.

Fue a su padre, Danny Wilson, un destacado jugador de rugby, a quién debe Giggs una infancia difícil, de las que siembran carácter. Sus padres se divorciaron, tras lo cual se adjudicó el apellido materno -Giggs-. Para Ryan su padre era “un verdadero renegado”. Quizá parte de esa paternidad perdida la adoptó Ferguson. El sabio de Old Trafford le regaló en su 14 cumpleaños la posibilidad de jugar en el Manchester y le convirtió en el abanderado de una generación en la que sobresalían los hermanos Neville, Scholes, Nicky Butt o David Beckham, entre otros. Entre tantas, Lawrie McMenemy, seleccionador de Inglaterra sub’21, trató de convencerle para recaer en las filas inglesas, pero Giggs no quiso renunciar a su país natal, Gales. Siempre fue arrebatadoramente fiel a todo lo que consideraba suyo.

Han pasado los años y las generaciones en el Manchester United pero algo permanece imperturbable: Ryan Giggs. Ferguson sabe que no está para excesivos trotes, y por ello lo dosifica, lo mima, consciente de que de sus pies aun brotan los destellos de ese joven de excepcional calidad que limpiaba las botas de veteranos como Charlton y cobraba 120 libras semanales.Ya no cabalga por la banda. Ahora, ejerce de canalizador del juego aprovechando su maravillosa pierna izquierda. Y de vez en cuando corre como en los viejos tiempos.

El mismísimo Del Piero confesó haber llorado viéndole sobre el campo. En la ciudad del río Irwell no pocos lo harán cuando “The welsh wizard” cuelgue sus botas, previsiblemente el próximo año. Porque hay equipos y ciudades indisociablemente ligados a un jugador: el Madrid de Di Stéfano, el Milan de Sacchi, la Hungría de Puskas, o la Barcelona de Cruyff. El tuétano del Manchester United es y será siempre Ryan Giggs.

Este es el humilde homenaje de un fiel seguidor del Arsenal que ha disfrutado durante toda su vida con el que probablemente ha sido uno de los mejores extremos de la historia. Te he sufrido en mis propias carnes, ¿te acuerdas de cuándo nos apeaste de la FA Cup y nos enseñaste tu velludo pecho después de conseguir uno de los mejores goles que he visto?. Tranquilo, no te guardo rencor. Para mí siempre serás un grande. La banda izquierda de Old Trafford te pertenece, y allí has dejado un vetusto olor que permanecerá inalterable con el paso de los años.

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