Histórico
4 julio 2010Francisco Ortí

David Villa, minero del gol

Como cada mañana Mel amanecía antes que el sol para esconderse en el corazón de la Tierra. Era minero. Desde su humilde hogar en Tuilla descendía los 900 metros del Pozo Mosquitera para extirpar carbón a la mina. Esa fue su rutina día tras día durante 27 años. Salvo los lunes. Los lunes eran especiales. Era el momento de compartir su pasión con sus compañeros en la oscuridad. Hablaba de fútbol, de goles, de penaltis no pitados, y sobre todo de su Oviedo, el equipo del que era devoto desde que niño.

Nada era más importante para él que el club de sus amores. Hasta que le traicionó. Mel tenía un hijo con aptitudes para el fútbol. El niño soñaba con ser futbolista. Él soñaba con que jugara en su Oviedo. Durante su juventud él mismo había coqueteado con el balompie. Era un delantero, pero las necesidades económicas y las exigencias de una profesión tan dura como la de minero le cerraron las puertas de la profesionalidad. Ahora estaba dispuesto a esforzarse para ofrecerle la oportunidad que él no disfrutó.

Así, llevó a su hijo David a la escuela del Oviedo. “Tiene 10 años, pero es un gran delantero. Juega con niños más mayores que él y no acusa la diferencia“, aseguró Mel a los técnicos del Oviedo. David hizo la prueba y cumplió con las expectativas levantadas por su padre, pero tenía un ‘defecto’ que le condenaría. “Es demasiado bajito. No puede quedarse“, aseguraron en el Oviedo. Le rechazaron. Acto seguido Mel rompió su carnet de socio del Oviedo. Si ellos no querían a su hijo, él tampoco los quería a ellos. Ni David ni Mel se renunciaron al sueño e inscribieron al niño en el Langreo, que se encuentra a cinco kilómetros de Tuilla. Ahí comenzó la leyenda del nombre más gritado de España esta noche. Ahí comenzó la leyenda del Guaje. La leyenda de David Villa.

Continúa siendo bajito, pero ahora toda España gritan sus goles. Desde Sudáfrica, David Villa ha enloquecido al país. En su haber, cinco goles que le convierten en el máximo goleador del Mundial y permiten a España sellar el billete para las semifinales, donde se enfrentará a Alemania. Ante Paraguay a la Roja se le presentó el fantasma de los cuartos de final, aquel que le había alejado de la gloria entre polémicas y desgracias, pero se desvaneció con un zarpazo de David Villa que besó la red tras golpear en los dos palos. “El palo ha querido que entrase“, agradece el nuevo héroe nacional.

Para Villa lo de marcar goles decisivos no es nuevo. Los ha marcado en el Sporting de Gijón, en el Zaragoza, en el Valencia y los marcará en el Barcelona. Es el Bota de Oro de la pasada Eurocopa y 43 goles como internacional. La novedad es que los está marcando como extremo izquierdo. Vicente del Bosque ha escorado al asturiano a la banda izquierda para hacer hueco a Fernando Torres, pero a él no le importa. “A mí, con tal de jugar, me da un poco igual“, asegura. Se desvive por ayudar al equipo con continuos desmarques, esfuerzo defensivo y, sobre todo, con goles. Y aún así no se da por satisfecho: “Lo único que me falta en banda es aprender a defender mejor cuando el equipo no tiene el balón“.

Con su histórico gol ante Paraguay David Villa se ha convertido en inmortal para España y todavía le queda pólvora para atacar a los alemanes. Mel ya no es minero. Afortunadamente puso retirarse gracias a su hijo, pero seguro que en las charlas futboleras del próximo lunes se escuchará su nombre. Se hablará del padre de David Villa. Del padre del Minero del gol.

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