Histórico
14 julio 2010Jose David López

Tozudez y descrédito en los banquillos

Rectificar es de sabios y de necios tener que hacerlo a diario. Más aún cuando la masa social exige un cambio de dinámica, caras nuevas o un simple rediseño táctico. No hay ninguna fórmula mágica pero el pasotismo de personalidades caracteriales y fuertemente ligadas a la polémica, engendra la base sobre la que se sustentan infinidad de rencores del resto. Sudáfrica 2010 ha sido el reflejo perfecto para todos aquellos que, desde el banquillo, murieron con ideas opuestas al sentir de los colores que defienden. Algunos seguirán expandiendo sus contrariedades mientras sus superiores le giren la tuerca pero otros, siempre por la puerta trasera, ya son parte del pasado.

Maradona: Cuando uno se viste de traje, se engalana rumbo al césped y es sometido a un espectacular recibimiento de flashes durante años, puede erróneamente pensar que la tarea del técnico tiene un valor diminuto respecto al de antaño. Sin embargo, el amor de los argentinos al que llaman Dios, aún mantiene chances de seguir la misma dinámica pues Diego, pese a su catastrófico desenlace en Sudáfrica, sigue por ahora en el cargo a expensas de que pasen todas las críticas. No pudo convencer cuando pasó la primera fase con honores y con mucho gol, porque en el fondo, allí donde se gestan los grandes equipos, faltaban directrices válidas de quien domina aspectos externos a lo psicológico. Recalco el aspecto mental y moral porque entiendo que es el único punto donde podría comprender que Maradona fuera seleccionador (antes y ahora). Un técnico mediático o uno del ‘pueblo’.

Dunga: Tuvo que aguantar críticas a su juego, a sus convocatorias, a su estilo ramplón y hasta hubo quien la tomó con sus trajes cuando se dejaba ver por los banquillos de la canarinha. Sin embargo, los resultados siempre le dieron fuerza y consistencia para seguir tomando decisiones pues, pese a todo, aquellos que le criticaban no paraban de saltar de alegrías cuando Brasil venció en la Copa América o en la Copa Confederaciones. Dunga nunca erró en sus esquemas y la solidez más extrema que se haya visto en los últimos años dentro de un combinado nacional, chocó contra su peor enemigo, la derrota. Sólo un error doble de Felipe Melo (en un rechace nefasto que se convirtió e auto-gol y su expulsión posterior), tumbaron a una Brasil que, hasta ese momento, no había mostrado debilidad ninguna. Y como toda Brasil tenía un pulso pendiente con el seleccionador, Dunga ya es historia y no hay ‘Dios’ que valga pese a los títulos obtenidos.

Domenech: La polémica reflejada en una persona siempre puede acarrear problemas globales cuando es el líder de un colectivo lleno de egos pero si, además, estos caracteriales súbditos no aceptan la más mínima práctica de vasallo, la inestabilidad puede llegar a azotar a la mismísima bandera nacional. Algo así se llevó por delante el más que caduco proyecto de Raymond Domenech en Francia. La federación y los dirigentes del país le dieron su última oportunidad pues Laurent Blanc ya estaba de camino. Sin embargo, cuando un grupo no encuentra resultados dentro de una extensa red de complicaciones globales, la ansiedad crece de manera desorbitada y es fácil culpar a quien sólo quiere informar. El míster fue menospreciado por sus jugadores, que ahora son juzgados. Algunos quizás no vuelvan a vestir la camiseta Bleu y, desde luego, toda una nación ha quedado en vergüenza ante sus jactanciosos internacionales.

Capello: Tenían una de las rachas más positivas de los últimos años, habían encontrado un proyecto ilusionante con jugadores de primer nivel (el equipo más veterano del torneo) que, quizás por poseer un alto cargo en el banquillo, habían solucionado sus dudas previas. El mejor técnico resultadismo en mano, uno de los jugadores más en forma del momento (Rooney) y una larga lista de cualidades que hacían presagiar un gran Mundial y soñar con el clon del 66. La interpretación de todo esto en suelo sudafricano fue, definitivamente, catastrófica para la historia del fútbol inglés, sempiternamente elogiado y de romanticismo exclusivo. Se recuperaron costumbres, pero nada positivas. Beber y fumar ante el técnico, criticar los cambios, mostrar sus debilidades defensivas y, desde luego repetir el desastre de años atrás con resultados para la lista negra como el empate contra Argelia. Lo más sorprendente es que, pese a todo, la nómina de Don Fabio es tan suculenta (8 millones de euros al año) que nadie osa en dejarlo escapar sin más en tiempos de crisis.

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