Histórico
2 julio 2010El Enganche

Rajevac y el trío de mitos ghaneses

Essien-Appiah-Muntari Ghana

Los fracasos de la Selección de Ghana durante casi toda su historia, tuvieron como detonante la no clasificación para la Copa África de Naciones del año 2004 al quedar situados por detrás de selecciones como Uganda y Ruanda en su grupo clasificatorio. Un golpe de enormes proporciones que, pese a todo, supuso un punto y aparte favorable para la toma de decisiones drásticas. Esa serie de catástrofes desencadenaron en la destitución del hasta entonces seleccionador (el portugués Mariano Barreto) pero, sobre todo, en el nombramiento de uno de los verdugos en dicho grupo clasificatorio, el desconocido ex seleccionador ruandés, Ratomir Dujkovic, que sería el abanderado del renacer de las Estrellas Negras.

A su llegada, el serbio rompió con los dogmas impuestos hasta ese momento en el fútbol ghanés. De su convocatoria se cayeron jugadores clásicos y confió en la savia nueva. De la misma manera, Ghana, conocida hasta entonces por su fútbol atractivo y atrevido, cambió su discurso para jugar al contragolpe. Una nueva ideología que levantó moralmente a la selección no sólo en imagen, sino en resultados pues por primera vez en la historia, Ghana accedía a la fase final de una Copa del Mundo (Alemania 2006). Este nuevo sistema de juego se basaba en una sólida defensa y un centro del campo demoledor, formando un trivote lleno de gloria, experiencia y caché en Europa. Sus inquilinos, tres auténticos ídolos nacionales: Essien, Muntari y Appiah.

Tras el buen papel de Ghana en el Mundial de Alemania (cayendo en octavos de final ante Brasil), el seleccionador presentó su dimisión en la GFA (Ghana Football Association). Se contrató a Claude Le Roy, ex dirigente de toda una potencia como Camerún y descubridor de George Weah. De nuevo las Estrellas Negras caían en una Copa de África y de nuevo un técnico se marchaba por la puerta de atrás de la Federación ghanesa tras no llegar a un acuerdo para extender su contrato. Una prueba más del descontrol absoluto que aún padecen como mal endémico estas Federaciones y que limita considerablemente su potencial en grandes torneos. Sin embargo, e cambio acabó siendo muy positivo pues su sustituto, el también serbio Milovan Rajevac, adoptó el viejo sistema de Dujkovic, basado en el potencial y la dirigencia de ese potente mediocampo. A día de hoy, de nuevo en un Mundial, y tras igualar la mejor posición de un equipo africano al avanzar hasta los cuartos de final, el trivote ghanés brilla por su ausencia, pasando de intocable a desaparecido gracias a la aportación de nuevos valores que han desmantelado a los tres viejos líderes ghaneses.

Appiah, el gran capitán de las Estrellas Negras, estuvo demasiado tiempo inactivo al no encontrar un club a su salida del Fenerbahçe debido a una interminable lesión de rodilla. En Noviembre de 2009, tras un año parado, fichó por el Bolonia italiano, donde no debutó hasta principios del mes de mayo, a un mes vista del inició de la Copa del Mundo. Essien, el líder espiritual de esta selección, se perdió el Mundial tras no poder recuperarse a tiempo de su desastrosa lesión de rodilla, la que le mantiene alejado de los terrenos de juego desde la semana previa a la Copa de África disputada en Angola allá por el mes de Enero. Por su parte, Muntari hartó al técnico Rajevac con sus constantes salidas de tono e indisciplina. El serbio le dejó fuera de la Copa de África para ajusticiarle y bajarla el ego, pero  lo que parecía una ruptura definitiva en su relación, no lo fue tal y el interista está ahora en Sudáfrica. Eso sí, está pasando desapercibido, siendo suplente y entrando en minutos intrascendentes. Tres de sus mayores cracks históricos, en el olvido.

Con ausencias de este calibre cualquier selección podría resentirse, pero los ghaneses han encontrado un nuevo sistema de juego donde se destaca la importancia de dos jugadores en un estado de forma admirable: Annan y Kevin-Prince Boateng. El del Rosenborg se ha asentado en el once inicial y ha demostrado ser el metrónomo, ese jugador que da pausa, inteligencia, control y juego a una selección exenta de un jugador diferencial. Por su parte Boateng ha mantenido la entereza a pesar de la polémica creada tras la lesión de Ballack en la Final de la FA Cup. Es un jugador con demasiados problemas externos al césped, de carácter duro y poco disciplinado, pero hasta ahora Rajevac no puede tener ninguna queja pues el germano-hablante rinde muy por encima de lo mostrado incluso en su carrera.

Sólo unos años han bastado para que el trío de cracks intocables haya sido ‘limpiado’ por la nueva generación, superando incluso el rendimiento global de sus mitos. Rajevac ha logrado generar automatismos en un grupo joven y sacrificado que, tácticamente, es el bloque más preparado del continente. Son la magia del Mundial, el orgullo de África y la historia ya les reserva un hueco que aún puede ser mayor.

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