Histórico
1 julio 2010Jose David López

Mundial 2010: No dieron la talla…

Sudáfrica 2010, como cada Mundial, nos ha dejado ya grandes jugadores que han conseguido revalorizarse o responder a las esperanzas que en ellos habían depositado sus selecciones. Las precauciones con las que se han afrontado la mayoría de los partidos, evitaron que las estrellas encontraran un hábitat adecuado a su naturaleza pero, por el contrario, en esa dinámica las críticas son mucho más productivas. Ahora mismo Inglaterra se debate entre asumir el descalabro o la continuidad de un proyecto decepcionante, Francia acabó en caos un periplo que jamás tuvo lógica constructiva e Italia no pudo sobreponerse al extinto talento que otrora le aupaba entre los gigantes. Estos son algunos de los que tendrán que responder por sus pecados:

Franck Ribery: En un combinado gestado a base de absurdas decisiones astrológicas y custodiado bajo la irrisoria lupa de Raymond Domenech, la paz nunca fue un objetivo aceptado en el vestuario. Una lucha de egos que empezó con fiestas sexuales, que prosiguió con la ausencia de algunos de los hombres fuertes de las nuevas generaciones (Benzema o Nasri) y que explotó en cuanto los resultados evidenciaron las previsiones. Cuanto se logra un solo punto hay que ajusticiar a todo el colectivo pero, sobre todo, hay que pedir explicaciones a quienes supuestamente lideran el proyecto. El extremo del Bayern estuvo escondido, ausente, incapaz de imponer su ritmo y su sentido al juego de una selección donde todos estaban enfrentados. Un año horrible y un golpe a sus altísimas pretensiones profesionales.

Wayne Rooney: Su mejor campaña personal, un año para romper estadísticas y para liderar el proyecto de un todopoderoso desde el sacrificio y el trabajo que le hicieron consagrarse entre los fenómenos del momento. Goles, asistencias, sensación de poder, capacidad para desequilibrar y esperanza de todo un país para ser el referente en Sudáfrica 2010. Sin embargo, pisar en suelo sudafricano eliminó de un plumazo todas las sensaciones positivas y Rooney pasó a ser un corredor de fondo insertado en un esquema donde nadie ha sido capaz de dar su mejor nivel. Se marcha sin marcar, abatido y en mitad de la polémica pues sus vacaciones, reservadas antes del final del Mundial, han torpedeado al ‘intocable’ de la hinchada. ¿Qué les queda ahora?

Steven Pienaar: Nunca ha sido una estrella pero sí una pieza determinante de las que aportan con regularidad. Precisamente esta pasada campaña en el Everton volvió a ser importante, tanto que superó a cualquier de sus compañeros en las votaciones a mejor jugador de la temporada. Sus llegadas desde segunda línea, su capacidad para terminar jugadas por sorpresa y la experiencia que tanto ha contribuido en su mejoría, pasó de largo por Sudáfrica en el momento menos adecuado. Es el crack de los Bafana Bafana, el jugador estandarte, el más mediático y sobre el que reposaban las alegrías de Soweto. Su Mundial, nulo y lo peor es que no será fácil que tenga más oportunidades.

Samuel Etoo: Ni una sola victoria y la dolorosa sensación de haber sido la primera selección en despedirse del primer mundial africano, ha sido un golpe anímico importante para el líder de los Leones Indomables. Tras una campaña donde su aportación al histórico ‘triplete’ del Inter quedó en un segundo plano por explotar Mourinho sus cualidades de trabajo y brega por el bien del equipo, el carácter ambicioso le pedía hacerse notar. Y lo hizo, como tantas veces, frente al micrófono. Primero para dejar caer que aspiraban a ganar el Mundial y posteriormente a poner en jaque a su país dejando caer que no viajaría con el grupo al torneo. Al final, marcó y no faltó a su recuerdo para la historia (ya había anotado en 2002) pero sí a su orgullo, de nuevo malherido entre el caos camerunés.

Didier Drogba: No quedé decepcionado por el pobre bagaje de Costa de Marfil en esta ocasión y, desde luego, las malas experiencias pasadas me hacían presagiar un nuevo tropiezo en Sudáfrica 2010. Una selección sin preparación alguna (Eriksson llegó poco antes) y con jugadores individualmente atractivos pero negados cuando unen fuerzas, que se encontró con el peor Drogba de toda la temporada. El máximo goleador de la Premier llegó con el brazo machacado por una operación previa días antes del estreno y sin recorrido para mejorar, dio lo poco que tenía para anotar, dejar su sello pero nada más. Su tren mundialista ya pasó de largo.

Tim Cahill: Icono del fútbol allá donde pocos esperaban encontrar talento, la estrella del Everton desapareció entre las múltiples dudad de los Aussies. Australia llegó con un esquema sin delanteros que terminó de sacarle de posición, entregarle a los sistemas defensivos imperantes en el Mundial y necesitado de mayores aportaciones ofensivas para poder mostrar su mejor versión. No se fue de vacío pues logró marcar un tanto pero su aportación al colectivo empeoró respecto a anteriores fases finales y ahora, quizás, las generaciones venideras no tengan capacidad para devolverle la oportunidad perdida.

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