Histórico
19 julio 2010Jesús Camacho

Mundial 1958: El nacimiento de O’Rei

28 de junio de 1958, el estadio Rasunda de Solna acoge una final que pasará a la historia por la irrupción mundial de Edson Arantes do Nascimento Pelé, -un chico de apenas 17 años predestinado a ser el nº1- y la consagración definitiva de un genio llamado Mané Garrincha. Uno con el nº10 a su espalda y el otro con el nº11, dorsales que portaron de forma casual pues cuando los dirigentes brasileños enviaron a Suecia la relación de los jugadores convocados a la Selección olvidaron poner los números y se tuvo que recurrir a un sorteo en la designación de los mismos.

Cuentan que fue algo casual pero como siempre dije, creo firmemente en la teoría de la causalidad, la que marcó el destino de dos genios a los que el ‘Gordo’ Feola no los veía aún preparados para gozar de la titularidad y acabaron cambiando el curso del torneo.

En todo caso volvamos a aquella mágica tarde en la que el estadio Rasunda presenta un magnífico aspecto con 51.800 almas dispuestas a animar a Suecia y disfrutar con el juego de Brasil. Un colegiado francés llamado Maurice Guigue es el encargado de dirigir el match, en el banco brasileño el peculiar ‘Gordo’ Feola dirige técnicamente a Brasil y ha tenido que ceder ante la evidencia y las presiones de los pesos pesados del vestuario para que Garrincha y Pelé sigan haciendo de las suyas. Por su parte la dirección técnica del combinado sueco corre a cargo de George Raynor, que ha puesto todo lo que tiene y cuenta con un futbolista de leyenda llamado Nils Liedholm, que es su extensión sobre el terreno de juego.

Dos equipos extraordinarios se ven las caras en una final que será recordada siempre, Suecia la anfitriona cuenta con un sensacional equipo que gira entorno al talento y la elegancia de Liedholm, “il Barone” y alma del “Gre-No-Li” del Milan. Dos interiores de enorme calidad escoltan a Liedholm, Gunnar Gren en la derecha, donde da una clase avanzada de controles en cada partido y Nacka Skoglund en la izquierda, un desgarbado malabarista apodado “Mazorca de maíz”, que vuelve locos a sus rivales con su habilidad y energía inagotables. Arriba Kurt Hamrin, un diestro letal y más veloz que el viento completa un gran mundial junto a Agne Simmonson, poderoso delantero y máximo anotador del conjunto amarillo.

Por su parte Brasil es puro espectáculo, la esencia del jogo bonito, tal y como declaró Igor Netto, futbolista de la URSS, que acababa de perder por dos goles a cero en el encuentro en el que Feola cedió a las sugerencias de Nilton Santos para que jugaran Garrincha y Pelé: “Todavía sigo asombrado por el juego de los brasileños. No es fútbol. Debería buscarse otra palabra para definirlo con mayor exactitud”.

Por tanto con Brasil estamos ante un equipo de otro planeta: el nº3 Gilmar en la portería, Bellini y Orlando portan el 3 y el 13 para emplearse con firmeza en tareas defensivas, con el 21 aparece “La Enciclopedia”, Nilton Santos, un defensa que para mandar jamás tuvo que dar un grito, solo con su presencia, su caminar seguro y ágil, su saber estar y esa habilidad acumulada del delantero que se va transformando en defensa le bastó para impartir cátedra futbolística durante toda su carrera. Con el 2 completa la zaga Djalma Santos, el primer carrilero y una locomotora por aquella banda.

El  nº  7 es para Didí, que construye desde la sutileza, la precisión y la técnica, con el nº9 Mario Zagallo demuestra por la izquierda la mejor versión de un extremo de ida y vuelta. El ocho es para Zito, encargado de hacer el trabajo sucio en la medular, el pulmón del equipo y Vava con el número veinte a la espalda hace bueno su apodo de ‘Pecho de acero’, pues constituye un peligro constante por su contundencia ante el gol.

Capítulo aparte merece el diez y el once, el segundo de ellos un tal Mané Garrincha, un tipo que sigue siendo un niño y que desde aquellas cascaritas que disputaba en su infancia, no ha cambiado un ápice su forma de jugar. Simplemente un genio, el mejor regateador de la historia, funambulista del amago, el engaño, la bicicleta, que saltaba al césped para disfrutar y hacer feliz a los aficionados. Y el número diez ‘Orei’, un niño de diecisiete años que está cambiando el concepto del citado dorsal y ha deslumbrado desde que Feola cedió a las peticiones de Nilton Santos, pese a los problemas de rodilla que arrastraba. Su gol ante Gales y sus tres goles ante Francia toda una declaración de intenciones, el nacimiento de una nueva estrella, el Sol que iluminará al fútbol en la siguiente década.

En definitiva dos grandes selecciones y una final histórica por delante, Suecia con la indumentaria habitual y Brasil salta al césped con camisetas azules y las insignias cosidas para no coincidir con las amarillas de Suecia.

Los fantasmas del ‘Maracanazo’ sobrevuelan las cabezas de los brasileños cuando al minuto tres de partido, Liedholm cambia el guión con un disparo duro y seco con el que bate a Gilmar a pase del veterano Gren. Para tranquilidad brasileña tan solo seis minutos más tarde Garrincha deja clavado a un defensor y pone un balón medido que aprovecha Vavá entrando de forma inapelable y poniendo el partido en equilibrio.

Igualdad que se va difuminando conforme van pasando los minutos, cuando Didí  y Zito se apoderan del juego y van entrando en acción Pelé y Garrincha. El primero hace temblar la meta de Svensson con un lanzamiento al larguero y el segundo hace saltar la banca en el minuto 32 de la primera mitad, cuando vuelve a internarse por banda para ponerle el segundo gol a Vavá.

De esta forma concluye la primera mitad, con un progresivo y cada vez más intenso acoso brasileño sobre la meta de un Svensson, que se encuentra a pocos minutos de ser testigo directo de uno de los mejores goles de la historia. Aquel chaval de diecisiete años elige el minuto 58 para consagrase mundialmente con una acción de genio. Recibe un balón en el corazón del área, salva a  Axbom con un sombrero estratosférico y sin dejarla caer empalma al fondo de las mallas del meta Svensson. El público asistente no puede hacer otra cosa que rendirse al genio y tributa una ovación a ese insolente pero maravilloso futbolista que acaba de hacerles un traje.

La genialidad está consumada y tan solo falta certificar la magia del fútbol brasileño con dos goles más, el cuarto en el minuto 68 de tiro cruzado y obra de Zagallo y el quinto en el noventa, por obra y gracia de Pelé, que con un gran testarazo demuestra su dominio de todas las artes del remate y el juego. Un quinto gol que enmarca la grandeza futbolística de un país que espanta a base de fútbol todos sus fantasmas y deja en anécdota el gol de Simmonson en el 80.

Solna, Estocolmo, Suecia, Europa y el Mundo se rinden a Brasil y a un nuevo genio llamado Pelé, que lo festeja entre sollozos. Acaba de nacer una leyenda del fútbol. “Yo tenía sólo 17 años cuando el rey de Suecia bajó  de su trono y avanzó hasta el centro del campo a estrecharme la mano. Todo aquello parecía un sueño“. Dos monarquías frente a frente, la del monarca sueco Gustavo VI Adolfo frente a la de Pelé, monarca del fútbol y Orei.

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