Histórico
24 julio 2010Jesús Camacho

Kubala, la Roja magiar

Afronto el recuerdo histórico del trabajo de Ladislao Kubala al frente de la selección desde el respeto que me merece la figura del legendario futbolista húngaro. Todo un crack como futbolista y como persona, avalado por su apasionante historial en los terrenos de juego y por sus compañeros fuera de él pero siempre desde la objetividad que requiere el repaso de la carrera técnica de un seleccionador que tuvo la oportunidad de dirigir los designios de la roja durante nada menos que once años.

Desde aquel año 69 en el que José Luis Pérez-Paya -Presidente de la Federación- le entregó las riendas de la selección por su gran prestigio entre los aficionados por su carrera como futbolista, que no como entrenador pues por aquel entonces Laszy no acumulaba un destacado historial de éxitos al frente de los banquillos.

Su llegada a la selección con el firme propósito de que el combinado nacional funcionara como equipo, como si de un club se tratará, algo que en parte consiguió aunque los éxitos no le acompañaran. Y es que la etapa de Kubala como seleccionador podría definirse como once años de pequeñas victorias que sirven para seguir adelante pero grandes derrotas que conducen a la decepción.

Así afronta sus primeros pasos con la intención de lograr la clasificación para la Eurocopa de 1972 y lo cierto es que los inicios fueron esperanzadores con victorias sobre Chipre e Irlanda del Norte pero aquella esperanza inicial se desvaneció cuando la selección se enfrentó en doble duelo a la URSS, el rival que quedaba del grupo. Y no hubo suerte puesto que España decepcionó, perdiendo en Moscú y empatando en Sevilla, diciendo adiós a la Eurocopa de 1972.

Un serio revés del que Kubala se sobrepuso gracias al crédito y el cariño que le tenían los aficionados. Desde un primer momento se pensó que la cita importante era el Campeonato del Mundo de 1974 y la Federación entendió que Kubala necesitaba tiempo para seguir trabajando en la búsqueda de un equipo ideal.

España siguió  acumulando buenos resultados en partidos amistosos pero a la hora de afrontar los duelos de clasificación para el Mundial volvió a tropezar. En esta ocasión España se midió a Yugoslavia y Grecia, jugándose un primer partido ante Yugoslavia en el estadio Insular de Las Palmas en el que España se salvó de milagro de la derrota, consiguiendo un empate que precedió a una doble victoria ante los griegos. Luego en el partido definitorio España empató en Zagreb por lo que hubo que recurrir a un partido de desempate a disputar en terreno neutral.

El encuentro se disputó en Francfort y estuvo marcado por los errores defensivos que incluyendo a Iribar permitieron que los yugoslavos se pusieran por delante en el marcador. Un gol que pesó como una losa y acabó certificando la tremenda decepción que supuso la ausencia de España en el Mundial de Alemania de 1974.

Era ya la segunda decepción sufrida por el Kubala seleccionador y su crédito si no estaba agotado estaba bajo mínimos. La crítica deportiva y los aficionados coincidían en que la labor del seleccionado solo era eficaz en encuentros sin presión, siendo insuficiente en los partidos de clasificación.

Aún así  se mantuvo en el cargo a Kubala, que siguió trabajando en esta ocasión en la clasificación de la selección española para la Eurocopa de 1976, otro nuevo fracaso en el irregular camino de Kubala como seleccionador. En esta ocasión se logró eliminar a Dinamarca, Escocia y Rumanía en la fase previa pero se tropezó ante Alemania Federal en los cuartos de final. Los alemanes -campeones del mundo- fueron un escollo demasiado duro   para España que en cambio en esta ocasión vendió cara su eliminación en un encuentro disputado en Munich en el que el colegiado de turno perjudicó a la selección ignorando un fuera de juego previo a uno de los goles de los germanos y anulando otro a Quini en una posición posiblemente legal.

En todo caso una decepción más en la carrera de Kubala como seleccionador, al que ya no le quedaba crédito y que se jugaba su última carta en el grupo VIII en el que fue encuadrado España para disputar la fase previa del Mundial de Argentina 1978.

La España de Kubala se lo jugaba a todo o nada ante rivales como Rumanía y una vieja conocida: Yugoslavia. Una selección ante la que se comenzó  en Sevilla, enclave mágico para el seleccionador y en el que había conseguido sus mayores éxitos. Sevilla volvió a darle suerte y España venció gracias a un penalti, pero ofreciendo una pobre imagen que no invitaba a la esperanza y siendo ostensiblemente inferiores a los yugoslavos.

Los malos presagios se confirmaron en el siguiente duelo disputado en abril de 1977, el rival Rumanía y el escenario Bucarest, donde España cayó por un gol a cero. De esta forma la España de Kubala volvía a bailar sobre el alambre y afrontaba los duelos decisivos ante Rumanía -en el Vicente Calderón- y Yugoslavia -en Belgrado- con la imperiosa necesidad de conseguir la victoria.

Hablamos de una selección con futbolistas de la talla de Miguel Ángel, Arconada, Migueli, Pirri, Camacho, Cardeñosa, Asensi, Juanito, Rubén Cano, Dani, Quini, Santillana

En el encuentro disputado en el Calderón, España dio una auténtica lección de coraje imponiéndose por dos tantos a cero anotados por Leal y Rubén Cano. La tremenda presión y el defensivo planteamiento táctico de los rumanos imposibilitaron el buen juego, pero España recurrió a la épica para afrontar con esperanzas la batalla de Belgrado.

Y digo batalla porque lo sucedido aquel 30 de noviembre de 1977 se acercó más a una contienda bélica que a un partido de fútbol. El ambiente infernal y la tensión sobre el terreno de juego muy alta. Todos recordamos aquel duelo por dos instantes legendarios: el gol de Rubén Cano y el botellazo a Juanito, polémico y genial nº7 español -que tras su sustitución hizo un feo gesto a la grada por el que recibió una desmesurada respuesta-.

Y es que fue un duelo intensísimo, en el que hubo de todo, muchos nervios, entradas fuera de lugar, lesiones y al final agresiones del público a futbolistas y aficionados españoles. En cualquier caso lo más importante es que en medio de aquel infernal ambiente España hizo su partido y logró la victoria gracias al legendario gol de Rubén Cano que batió a Katalinic a pase milimétrico de Julio Cardeñosa.

Un éxito merecido que permitía a España estar presente en la fase final del Campeonato del Mundo de Argentina 1978. Kubala por fin obraba el milagro y lograba espantar sus fantasmas tras muchos años de ausencia y decepciones.

Y en aquel Mundial Argentino para desgracia de todos fuimos de decepción en decepción, quedamos encuadrados en el grupo 3º que disputaría sus partidos en Buenos Aires y Mar del Plata, con Suecia, Brasil y Austria como rivales. A priori con Brasil como gran favorita y con España superior en la teoría a las otras dos selecciones.

De esta forma España con una linea ofensiva y creativa compuesta por Dani, Rubén Cano, Asensi, Cardeñosa y Rexach se enfrentó a Austria, nuestro primer rival y el primero en tumbarnos. Una derrota 2 a 1 marcada por la superioridad de los Jara, Krankl y compañía, y por el mal juego del equipo español que en cambio y con 0-0 sufrió una pena máxima -sobre R,Cano- que el colegiado húngaro Karoly Palotay no vio.

En todo caso un comienzo desalentador que se maquilló en el partido siguiente ante Brasil, encuentro sin duda histórico y que aún a día de hoy se recuerda, y no porque España y Brasil jugaran un gran partido -a ambos les atenazó el miedo a perder- sino porque la selección española tuvo en las botas del fino y genial jugador bético Julio Cardeñosa la posibilidad de poner pie y medio en la otra fase. Fue en una acción de juego acaecida en el minuto 31 de partido, cuando Santillana dejó a los pies de Julio aquel bello tango adidas que tan solo tenía que empujar a la red con la única oposición del defensor brasileño Amaral. Julio dudó un instante, dio un pequeño paso y tiró flojo y sin precisión, dando la oportunidad a Amaral de sacar la pelota, que llegó a los pies de Leal, que mandó fuera aquel rechazo. La increíble crónica del ‘no gol de Cardeñosa’ con la que se culpó a un solo futbolista de un trabajo colectivo y técnico defectuosamente desarrollado.

El partido acabó con empate a cero y España que tenía que esperar un empate o una derrota de Brasil ante Austria -Brasil ganó- dijo adiós al Mundial con una victoria sobre Suecia en un encuentro con sensaciones encontradas, puesto que si bien se logró la victoria y una leyenda del fútbol español como Pirri dijo adiós a la selección, siempre se tuvo la sensación de que el pase a la siguiente ronda se nos había escapado de entre los dedos.

Muchas fueron las críticas que recibieron Kubala y su selección tras aquel nuevo fracaso, se especuló con la falta de preparación física, psíquica y técnica de nuestros jugadores. También de la ausencia de un esquema definido y la no presencia de futbolistas que podrían haber aportado variantes en aquel mundial como Gordillo, Benito, Del Bosque, López Ufarte…

De la misma forma se achacó a esa ausencia de un esquema definido, el erróneo posicionamiento de los futbolistas sobre el terreno de juego, así  como al poco espíritu ganador del colectivo, -influenciado sin duda por la opinión de Kubala que consideraba a España una selección inferior- otra de las razones de la debacle.

La crítica fue despiadada y feroz, pese a ello continuó en el cargo durante la fase de clasificación de la Eurocopa de Naciones de 1980 de Roma. Los rivales Rumanía, Chipre y ¿cómo no? Yugoslavia. Y lo cierto es que la selección logró enderezar su rumbo en buena parte debido a las variantes tácticas de Kubala y a la excelente batuta en la media de Vicente Del Bosque, que fue pieza básica en la victoria sobre Yugoslavia 1-2 en Zagreb. Luego victoria 1-0 sobre Rumanía y una tercera victoria más con goleada sobre Chipre.

En el cuarto encuentro de clasificación un punto de oro conseguido en Rumanía y para concluir una nueva fase de depresión en la que se pierde 0-1 ante Yugoslavia -cuando valía el empate- en Valencia en un partido con demasiados miedos que dejó en el aire la clasificación pendiente del decisivo partido ante Chipre.

Afortunadamente ante Chipre España dio la talla y venció 1-3 con goles de Villar, Santillana y Saura, consiguiendo la clasificación para Roma. Roma 1980 fue el último torneo de España con Kubala como seleccionador, Italia, Inglaterra y Bélgica los rivales, un grupo complicado y que en el desarrollo del torneo arrojó únicamente un punto conseguido ante Italia pero paradójicamente un torneo en el que tan solo Bélgica superó a la selección española, quedando en todo momento de manifiesto que España podría haber hecho algo más si el miedo no le hubiera atenazado y no le hubieran anulado cuatro goles.

En cualquier caso la última gran cita de Ladislao Kubala al frente de España, un técnico que firmó una estadística de 68 partidos, 36 de ellos oficiales, con una tarjeta de 31 victorias, 21 empates y 16 derrotas. También  once largos años que dieron para mucho pero que pudieron haber dado para más, pues aunque Laszy quiso hacer equipo, sus éxitos parciales quedaron ensombrecidos por estrepitosas derrotas. Muchos años en los que también se podía haber trabajado sobre una base de futuro que finalmente no se construyó. La consumación de su adiós con su destitución: un 18 de junio de 1980 cuando dijo adiós tras once años al frente de la roja.

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