Histórico
12 julio 2010Francisco Ortí

Iniesta, el hombre que cambió nuestras vidas

Durantes los primeros días de Pep Guardiola como entrenador del Barcelona recibió en su despacho la visita de Andrés Iniesta. El manchego tenía una inquietud. “¿Míster, que puedo hacer para marcar más goles?”, preguntó. A Guardiola se le escapó una sonrisa. El técnico se había formulado la misma pregunta muchas veces durante sus diez años como jugador, en los que sólo había logrado materializar cuatro tantos. El olfato goleador no era  -ni es- la mejor virtud de Iniesta, pero un gol suyo ha cambiado nuestras vidas.

Sin los consejos goleadores de su entrenadores, esa temporada Andrés Iniesta firmó cinco goles. Cuatro de ellos en Liga, y el quinto fue el que hasta anoche estaba considerado como el gol más importante en su carrera, el de aquella mágica noche en Stamford Bridge. Esta temporada, sin embargo, tenía un sabor amargo para el de Fuentealbilla hasta que pisó Sudáfrica.  Una penitencia muscular le privó de continuidad durante el año. Todo cambió cuando el Jabulani comenzó a rodar. Don Andrés destapó el genio de su interior y este domingo permitió a España levantar la Copa del Mundo.

España saltó al césped del Soccer City de Johannesburgo con una frase retumbando en su memoria. “Las finales no se juegan. Se ganan“, les dijo Luis Aragonés antes de la final de la Eurocopa 2008, pero el enunciado continuaba siendo tan válido como aquel día. España ha seducido en los últimos años abanderando un fútbol de toque, pero las finales no entienden de caminos y méritos. Las finales son egoístas, sólo se importan a sí mismas, sin atender a antecedentes. Cuando Howard Webb señaló el inicio de la final, todo lo logrado por España hasta ese momento no servía. Tocaba escribir una nueva historia.

Holanda planteó un partido incómodo, duro , rozando lo violento, con la intención de cortocircuitar el genio español  y recurrir a la velocidad de Arjen Robben para volar a la contra. La estrategia de Van Marwijk comenzó a fraguar con el paso de los minutos. El primer cuarto de hora fue de dominio monopolizador de España, pero las patadas holandesas apagaron la creatividad española. Van Bommel y De Jong, quien llegó a clavar los tacos en el pecho de Xabi Alonso, disfrutaron de barra libre para golpear al rival y el partido se ensució. La mayor amenaza para España, en cambio, no fueron quienes confundieron la Naranja Mecánica de Johan Cruyff con la de Stanley Kubrick, sino Arjen Robben. El holandés participó poco en el juego, pero cada vez que lo hizo fue para hacer temblar a toda España y encumbrar todavía más a Iker Casillas, quien se gana la condición de santo obrando milagros siempre que se le necesita. El mejor portero del mundo atraviesa un bajo estado de forma y aún así fue capaz de ganarle dos mano a mano a un indiscutible candidato a Balón de Oro.

Entre paradas, gritos, nervios y patadas, Andrés Iniesta mantenía la calma. Tiraba caños, dibujaba taconazos y regateaba con la tranquilidad de quien sabe que no perderá el balón. Mientras el resto corría, él andaba, y no necesitaba más. Aparecía en el lugar adecuado, en el momento oportuno, y le bastaba un cambio de pierna para esquivar a un rival. El manchego no acostumbra a sentirse cómodo en partidos bruscos contra rivales más preocupados de patear sus tobillos antes que el balón, pero en el Soccer City Iniesta disfrutaba de cada acción. Se sabía protagonista e incluso se atrevió a provocar a Van Bommel después de ser víctima de la violencia del jugador del Bayern de Munich. A su partidazo le faltaba una guinda. Le faltaba el gol. “¿Míster, que puedo hacer para marcar más goles?“, se debió de volver a preguntar cuando se atascó cuando pisó el área rival para encarar a Stekelenburg. Huérfano de instinto asesino, Iniesta se entretuvo demasiado en los momentos que le obligaron a ser definidor.

El marcador no se movió en los primeros noventa minutos y se vio abocado a la prórroga. Fue el momento en el que España volvió a brillar. El cansancio secuestró el músculo a Holanda, y sin él, la Oranje se quedó sin argumentos. A España tampoco le sobraban las fuerzas, pero contaba con un arma mejor: su cerebro. Siguiendo al pie de la letra el libro de estilo de La Roja, los de Vicente del Bosque recuperando el mando del partido y desnudaron a Holanda. Se acostumbraron a vivir en el área rival, pero el marcador no se movía. Las cámaras comenzaban a apuntar a Iker Casillas, presumiendo que la final se decidiría en la tanda de penaltis.

Hasta que la vida cambió. Fernando Torres lanzó un centro sin destino al área. Mathijsen lo despejó desesperadamente y mandó el balón a los pies de Cesc Fábregas. Para el centrocampista del Arsenal el tiempo se detuvo en ese instante. Controló con calma y, sin prisa, asistió a Andrés Iniesta. Gol. Un potente y colocado disparo cruzado, digno de un goleador, batió a Stekelenburg y convirtió a España en la campeona del Mundo. “Vi que Cesc podía darme el pase y luego fue una locura“, describe el manchego, quien dedicó el gol al fallecido futbolista Dani Jarque. El gol dio la Copa del Mundo a España. Don Andrés, aquel niño que no sabía marcar goles, es el hombre que ha cambiado nuestras vidas. Nos permite gritar que somos campeones del mundo.

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