Histórico
4 julio 2010Ariel Judas

Brasil y Argentina: Dos maneras de explicar la decepción

En clave americana, las dos decepciones más importantes de los cuartos de final del Mundial las encarnan las selecciones de Brasil y Argentina. El resultado final ha sido el mismo, pero la forma -y, fundamentalmente, los antecedentes acumulados por ambos equipos- difiere enormemente. Del bajón de tensión de la Canarinha, que parecía haber facturado sus opciones de hexa tras imponerse hace un año en la Copa Confederaciones, a la traca final en signo negativo de la Albiceleste, que dejó al ilusionado seguidor argentino sumido en una depresión importante. Dice la canción que “la alegría no es solo brasileña”. En este Mundial 2010, la decepción tampoco lo es.

A golpe de hashtags, de convocatorias cuestionadas y de un juego que se apartó (para algunos mucho, para otros no tanto) del ideario del fútbol más representativo de Brasil, el seleccionador Dunga llegó a Sudáfrica con el equipo más balanceado y mejor trabajado en la previa de toda la Copa del Mundo. Aún hoy leo la nómina de la Canarinha y me sigue pareciendo la mejor de todas las que comenzaron el torneo. Luego de jugar de manera muy convicente frente a Costa de Marfil y Chile, la pentacampeona sacó turno para seguir avanzando en el Mundial tras superar a Holanda en cuartos de final.

El partido frente a la Naranja Mecánica fue uno de los más extraños y difíciles de explicar que yo haya visto en una competición de selecciones. Luego de borrar del terreno de juego al equipo europeo en la primera mitad -se fue al descanso con un 0-1, que pudo haber sido un 0-2 o hasta un 0-3- Brasil simplemente se desconectó del encuentro en el segundo tiempo. Es cierto que los jugadores de Van Marwijk mejoraron mucho en el reinicio, pero a la aceitada maquinaria de Dunga jamás se le escapó un partido en circunstancias similares. Jamás en los últimos cuatro años. Si algo evidenció el representativo del gigante sudamericano en tiempos recientes es que es (o lo ha sido hasta ahora) un equipo fortísimo en el terreno psicológico. Lo demostró en la Copa América de 2007, en la Copa Confederaciones disputada hace un año, y en la eliminatoria de la CONMEBOL.

Un accidente. Solo de esa manera puedo definir a la caída de Brasil ante Holanda. Una desconexión breve y fatal. No sirven los argumentos que indican que el cuadro de Dunga intentó ganar de cualquier manera (la primera mitad fue casi perfecta). Jamás la Verdeamarelha jugó de cualquier manera, sino que lo hizo de una forma muy determinada, pensada, craneada por el seleccionador. Y casi siempre ese modo tuvo signo ganador. Tampoco es eficaz la explicación que indica que los jugadores brasileños no saben sobreponerse a un resultado adverso. Solo hay que mirar algunos partidos de la clasificación en Sudamérica, o repasar la final de la Confederations, donde la Seleçâo revirtió un 2-0 en contra para acabar ganando por 3-2 frente a Estados Unidos.

Diferente, muy diferente, ha sido el caso de la Argentina entrenada por Diego Maradona. La corrección política hecha fútbol que era la Albiceleste que disputó el Mundial de 2006 bajo la conducción táctica de José Pekerman fue apeada en cuartos de final en una cruel definición por penales a cargo de Alemania. Luego vinieron un Alfio Basile reloaded junto a sus players, los cuernitos, el talco en los bolsillos y su desconexión con la generación PlayStation. La apuesta vintage de la AFA cayó por su propio peso, en una gélida noche en Santiago, tras haber sido bailada por la Roja de Marcelo Bielsa. De la llegada de Diego Maradona al cuerpo técnico de la selección argentina ya hemos hablado muchas veces. También de cuánto le ha costado conseguir la clasificación a Sudáfrica dentro de zona sudamericana. Aquí es donde Dunga y su proyecto con Brasil comienzan a sacarle ventaja a la aventura reivindicatoria del Diez al frente de la selección de su país.

Mientras que el equipo de la CBF -subjetividades y predilecciones estéticas al margen- realizó un trabajo progresivo, ganando paso a paso cada una de las competiciones que le ha tocado disputar frente a rivales regionales y de otras partes del planeta, el conjunto argentino en ningún momento fue protagonista en signo positivo de su ruta hacia el ansiado tercer título mundial. Asi como la trayectoria de Brasil fue certera, y su caída frente a Holanda una irregularidad aislada, el camino de Argentina desde el 2006 hasta hoy ha sido accidentado, pleno de altibajos, que han terminado con una dolorosísima derrota endosada otra vez por la selección alemana, a esta altura del partido uno de los rivales más detestados -deportivamente hablando- de la afición albiceleste.

El 0-4 endosado por los alemanes en el impecable escenario del Green Point Stadium de Cape Town es probablemente la derrota más dolorosa de la historia más o menos reciente de la selección argentina. Por el marcador, por el gran juego desplegado por el rival, y porque quien estuvo al frente del barco fue el máximo ídolo del fútbol nacional. Diego Maradona probó ser un entrenador válido para enfrentar a la mayoría de los 32 equipos que jugaron el Mundial, pero no a un equipo de calidad superior como probó ser Alemania.

La falta de autocrítica expuesta en la rueda de prensa posterior aún hace menos profundo el calado profesional del Pelusa como seleccionador. El poco equilibrio en la mitad de la cancha y la vorágine ofensiva fueron argumentos válidos ante Nigeria, Corea del Sur, Grecia y México. Pero no sirvieron ante Die Mannschaft. En un partido en el que el error significaba la eliminación, Maradona erró con el once inicial y con el timing de los cambios. La ilusión y el orgullo con los que el hincha argentino se sentó frente a la tele durante los cuatro primeros partidos de la Copa del Mundo se disolvieron rápidamente mientras una Alemania vestida de luto despedía con torpedos disfrazados de goles de fantasía al acorazado pintado de celeste y blanco.

¿Queda algo positivo de las experiencias de Dunga y Diego Maradona al frente de las selecciones de sus respectivos países? Creo que sí. En el caso de Brasil, el entrenador gaúcho deja montado un equipo, una impronta y una maquinaria deportiva en funcionamiento. Herida en el orgullo, pero unida y con vergüenza deportiva. Si la Canarinha hubiera conseguido ganar el Mundial, podría haber aventurado que la CBF apostaría por un entrenador más lírico, a fin de regalar a su afición con un poco de jogo bonito en el torneo del 2014, de la cual será anfitriona. Pero la caída en cuartos frente a Holanda, y los rumores que indican que Luiz Felipe Scolari podría ser el reemplazante de Dunga me hacen creer que la versión post Sudáfrica del Scratch se parecerá bastante al engendrado por Carlos Caetano Bledorn Verri.

En Argentina también hay aspectos que pueden ser de utilidad para quien suceda al Diez en el centro de entrenamiento de la AFA (porque asumo que Maradona no continuará al frente de la Albiceleste). La concentración y el trabajo grupal de la selección en Sudáfrica fueron muy positivos. Desde que Marcelo Bielsa renunció a su cargo, la bicampeona mundial no había puesto sobre el terreno de juego a tres delanteros reales. Tampoco José Pekerman y Alfio Basile consiguieron que Leo Messi pudiera hacerse del equipo sobre la cancha; Diego lo intentó y por momentos lo consiguió, con el indudable aporte del jugador del Barcelona y de otros actores silenciosos, como Juan Sebastián Verón, fundamental en el proceso de adaptación que el dorsal 10 ha tenido que hacer dentro del núcleo duro del conjunto nacional.

Pese a que no ha brillado durante la mayor parte del tiempo en el que ha estado pisando el césped sudafricano, Messi de a ratos ha sido el líder que desde que el Pelusa sentenciara que “la pelota no se mancha” el hincha argentino busca de manera casi desesperada. Al fin de cuentas, esos gestos de cacique que el rosarino ha mostrado a cuentagotas sea el mayor legado que el avatar seleccionador de Diego Maradona haya legado para el futuro de la selección de su país.

Todos los Videos en Engancha TV

Síguenos también desde Twitter y Facebook

Contacta con El Enganche




Nuestras redes sociales

 

Contacta con nosotros

Puedes ponerte en contacto con El Enganche a través de este formulario.

Envíanos tus consejos, dudas, quejas o sugerencias para ayudarnos a mejorar. Rellena el formulario y haznos llegar tu mensaje. #yosoyenganche