Histórico
7 junio 2010Jesús Camacho

Escartín, el árbitro que fue seleccionador

La política federativa quiso en 1951 dar un golpe de timón con la intención de conseguir una unidad representativa de las tres regiones que más futbolistas aportaban a la selección española, para ello  hizo repetir en el cargo al triunvirato técnico formado por Paulino Alcántara, Félix Quesada y Luis Iceta. Una decisión como ya se apuntó más política que técnica, puesto que los tres -pese a su pasado futbolístico- tenían ocupaciones profesionales que les copaba la mayor parte de su tiempo. Posiblemente por ello eligieron a Benito Díaz “Tío” Benito para ejercer en las funciones técnicas de entrenador. Y lo cierto es que esta corta etapa se puede calificar como positiva, con un triunfo claro sobre Suiza en Madrid, un empate a tres en Bruselas ante Bélgica y otro empate -esta vez sin goles- en Estocolmo ante Suecia.

Aún así  la diferencia de criterios y la renuncia de Quesada abrieron una profunda brecha que desembocó en la disolución del triunvirato técnico y dejó vacante el puesto de seleccionador nacional. Fue entonces cuando la Federación eligió a una leyenda de nuestro fútbol para retomar el brillo internacional de la casaca roja. Su nombre Ricardo Zamora, personaje que no necesita presentación, un hombre que lo había sido todo en nuestro fútbol, un mito como guardameta que en cambio aceptó la designación con la clara intención de servir de puente para otro personaje insigne. Zamora lo tenía muy claro aunque le hacía ilusión ser seleccionador, se encontraba en una etapa de su vida en la en su escala de valores le pesaban unas cosas más que otras y cada vez se le hacía más cuesta arriba acudir cada día al campo de entreno.

Pese a ello su fugaz etapa de tan solo dos encuentros fue positiva consiguiendo una clara goleada sobre Irlanda en Chamartín y un empate sin goles ante Turquía en el estadio Inonu un 8 de junio de 1952. Un partido tras el que Zamora, cesó de propia voluntad y aconsejó a Sancho Dávila, por entonces presidente de la federación la elección de Don Pedro Escartín Morán como figura idónea para sucederle.

Así llegaba al cargo un personaje insigne de nuestro fútbol, jugador, árbitro, entrenador, periodista y escritor. Un hombre al que nada se le podía enseñar sobre el deporte inglés y que tenía muchos conocimientos por impartir y transmitir. Figura respetada y admirada en el deporte español que ejerció un periodismo deportivo docente durante toda su vida. El primer colegiado que representó a España en el Mundial, miembro del comité disciplinario de la FIFA durante 27 años y por ocho años presidente del Colegio Nacional de Árbitros español.

Su libro Reglamento de Fútbol Asociación editado en 1941 uno de los libros más importantes sobre la materia. Pluma destacada del Heraldo de Madrid, El Alcázar, Pueblo, La prensa y Marca.

En definitiva una figura de prestigio que logró consenso en nuestro fútbol y vivió dos etapas al frente de la selección española. Una primera que se inicia a finales del verano del 52, cuando Escartín acepta el cargo y comienza a ejercer de forma amateur -no cobraba salario por ello- como seleccionador. Complicada papeleta para Don Pedro, hombre de ideas firmes que se percató nada más llegar que la selección necesitaba una profunda renovación, pues los Zarra, Panizo, Igoa, Puchades y compañía que nos habían llevado a la cuarta posición en Brasil pedían a gritos un relevo generacional.

Así y con un duro enfrentamiento ante Argentina arrancó su primera etapa, en principio elaborando una lista y un sistema de juego en función del rival, que en esta ocasión era superior técnicamente a la selección española pues en sus filas brillaban futbolistas de la talla de Labruna, Grillo y Loustau. Además para esta convocatoria correspondió a Escartín la complicada y dolorosa decisión de dejar fuera a  Zarra -otrora héroe por su gol a los ingleses- que operado de una rodilla se encontraba en el ocaso de su carrera. España cayó por un tanto a cero con gol anotado por Boye al rechazo de un libre directo ejecutado por Grillo -que con posterioridad y a propuesta de Escartín provocó el cambio de norma para los golpes francos por la polémica suscitada en referencia a su condición de directo o indirecto- pero la albiceleste no fue superior a la selección y venció con una buena dosis de fortuna. El siguiente rival fue Alemania y en esta ocasión pese a la al empate español el conjunto alemán sí que mereció mejor fortuna. La selección de Escartín comenzaba a tomar forma, con nuevos futbolistas, nuevos aires y la necesidad imperiosa de alejar la incómoda intromisión de los presidentes políticos del fútbol.

La Alemania de Herberger fue un gran rival y le dio una lección de fútbol colectivo a la roja con futbolistas de gran talla que pronto se convertirán en campeones del mundo: Turek, Kolhmeyer, Posipal, Rhan, Morlock y los hermanos Walter.

Afortunadamente en el tercer partido España ofreció una gran victoria e imagen a los aficionados, al equipo nacional se incorporaron jóvenes con gran futuro como el defensa central Garay “el Estatuario”, el medio azulgrana Bosch -para el que quedaban cortos los campos de 110 metros- y Venancio, hombre clave en el medio terreno.

El rival fue la Bélgica clasificada de forma invicta para el Mundial de Suiza y la selección se impuso con un claro 3 a 1 con dos goles de Marcet y otro de Venancio. Ramallets, el mejor portero de su época regresó al equipo tras las críticas sufridas por el gol encajado ante Argentina.

La selección de Escartín adquiría cada vez mayor solidez y el difícil trabajo de renovación se estaba llevando a cabo, aunque el perfil del dirigente español de la época llegaba de la política y por tanto solo se preocupaba por resultados a corto plazo por lo que la cosa se fue complicando cada vez más.  Luego llegó otro enfrentamiento ante Argentina en Buenos Aires, partido que el Gral. Moscardó quiso suspender porque decía que España saldría goleada, algo a lo que Don Pedro contestó: “No sé quién vencerá pero de goleada nada”.

Fue el debut de Kubala, un refuerzo de lujo para la selección nacional y España que jugó con cuatro delanteros llegó con la lección muy bien aprendida y conociendo a la perfección a un rival que tenía arriba la línea ofensiva íntegra de Independiente.

Así se pudo ver una excelente primera media hora del equipo español, con un Kubala magistral que desafortunadamente fue neutralizado por una durísima entrada de Delaccha que le sacó del partido a él y a España. Aún así la selección mantuvo el tipo y tan solo la mala fortuna provocó una derrota consumada a cinco del final nuevamente por un lanzamiento de libre directo de Grillo.

Luego en julio de 1953 ante Chile, España logró una convincente y corta victoria ante Chile con un Biosca sensacional y una línea ofensiva muy acertada compuesta por Basora, Gaínza, Kubala y las peligrosas incorporaciones de Venancio, el león del medio terreno.

La renovación se había llevado a cabo, España comenzaba a tener un sólido equipo, con una importante formación técnica en su base pero aún así las críticas arreciaron desde un sector interesado y acabaron con la paciencia de Pedro Escartín que dos meses después presentó su dimisión irrevocable.

En su segunda etapa al frente de la selección Escartín llegó con las ideas muy claras y una base importante de experiencia acumulada durante su etapa anterior como seleccionador. Quizás por ello y aunque el reto era importante -la clasificación para el Mundial de Chile de 1962- dejó muy claro que al final de la clasificación dejaría el cargo independientemente de los resultados. En esta ocasión el hombre que les ofreció el cargo fue el doctor Lafuente Chaos, otro político metido en el mundo del fútbol que pasó fugazmente por la presidencia dejando una gestora de clubs que había llegado al consenso de que Escartín debía ser el nuevo seleccionador. Hablamos de diciembre de 1960, a tres meses de la fase previa y viviéndose una crisis en el seno de la federación.

Pedro Escartín aceptó el cargo con dos condiciones, hacerlo en condición amateur y por el espacio justo de un año -lo que duraba la clasificación-. En esta ocasión Don Pedro eligió al joven  Miguel Muñoz como preparador técnico.

Una vez más Escartín afrontaba el reto con el firme pero complicado propósito de aplicar una revolución constructiva cimentada en el aporte de sangre joven al combinado español. Sobre la mesa varias ‘patatas calientes’, la veteranía de dos genios del fútbol como Kubala y Di Stéfano a los que intentaría sacar el máximo partido dentro de sus limitaciones físicas, por otro lado la irrupción de otro genio llamado Luis Suárez -que poco a poco va cobrando protagonismo- y por el otro la necesidad de aportar savia nueva. Un trabajo modélico efectuado en base a una selección A y otra B en la que la media de edad es de 21 años.

En todo caso muy poco tiempo para hacerlo ante la inminente exigencia de resultados a corto plazo. Tras un partido de transición en el que se vence sin convencer a Francia, Escartín le entrega a Muñoz la lista para el decisivo partido de clasificación que España tiene que afrontar en Cardiff ante País de Gales. En ella hasta cuatro cambios en el once titular, por lo que Muñoz comenta a Don Pedro: “¿cuatro debutantes en Copa del Mundo? Muy valiente esta Vd”.

Foncho, Calleja, Zoco y Aguirre, los cuatro rindieron a gran nivel en Cardiff, donde se venció a Gales con la aportación vital de otros como Luis Suárez, Di Stefano, Del Sol y compañía.

La primera piedra de una reconstrucción bien cimentada que tuvo su continuidad en el tiempo con un empate a uno en Madrid ante Gales -en el que se echó en falta al lesionado Suárez-, una victoria 2-0 sobre Argentina en amistoso de preparación, y la decisiva doble victoria sobre Marruecos que certificó la presencia de España en el Mundial de Chile de 1962.

Para la doble victoria en el primer encuentro echó mano de Puskas ante las ausencias por lesión y España venció en Casablanca por 0-1 con gol de Del Sol. En el segundo encuentro disputado el 23 de noviembre de 1961 -en el que se logró el objetivo- la selección española se impuso por tres tantos a dos en un partido en el que una vez más, Don Pedro tomó decisiones impopulares que le avalaron como gran seleccionador. Dio entrada al debutante Marcelino y dejó fuera al madridista Gento -pese a jugarse el partido en el Bernabéu- para dar entrada al colchonero Collar por el flojo partido realizado por Gento en Casablanca. Pese a las reiteradas protestas de un sector de la afición, Escartín acertó, y España que jugó toda la segunda mitad con un futbolista menos se impuso gracias a los goles de Marcelino, Di Stéfano y Collar.

De esta forma tan brillante y con un posterior empate a un gol en Colombes -el 10 de diciembre de 1961- ante Francia, Don Pedro Escartín daba por finalizada su segunda etapa al frente de la selección española, habiendo una vez más completado un trabajo de renovación y eficacia espectacular, apoyado y avalado por todos los internacionales que tuvo a sus órdenes, que sin dudarlo hubieran firmado su continuidad. Pero Escartín, hombre de palabra tenía muy claro que el camino a seguir estaba trazado y su trabajo tenía fecha de caducidad: el 31 de diciembre de 1961, día en el que cumplía su compromiso con el conjunto nacional.

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