Histórico
19 junio 2010Jose David López

Japón: La fábrica anti goleadores

Las premisas relativas al carácter paradigmático del desarrollo como nación de Japón, están fuertemente vinculadas al criterio de su singularidad como país. La evolución histórica siempre fue de la mano de dos bases, su unicidad y excepcionalidad, razones asumidas dentro y fuera de sus fronteras. Existe una fusión especial entre lo singular y el éxito al que este te encamina, reflejado perfectamente en el despegue económico japonés, su conversión al capitalismo y su inclusión entre las potencias globales, algo que aún intentan explicar en el resto del planeta. Japón es único por el respeto a sus valores tradicionales y por el deseo de hacer florecer la creatividad individual dentro de un colectivo de trabajo unido hasta el fin.

Ese espíritu japonés exalta valores ancestrales como la educación, la valentía, la benevolencia o la veracidad, todos ellos enfrentados en un ambiente competitivo y, por ente, mucho más en el fútbol actual. Aquellas premisas que marcaron la evolución nipona hasta superar a Occidente y Estados Unidos en lo financiero, son hoy uno de los ‘puntos negros’ de la mejor generación de futbolistas que jamás hayan podido presentar a una Copa del Mundo. Sus principios engendraron talento, reciclaron experiencias pasadas y hasta reformaron conceptos básicos en busca de una mejoría notable que no llega a ser total por la falta de un ‘killer de área’. Ése que se resiste a triturar la concepción divina y singular de todo buen japonés que se precie.

El ADN de todo japonés, casi diría que de gran parte de Asia extendiendo el razonamiento, no entiende el concepto de rivalidad competitiva, la lucha deportiva en su máxima expresión y los caminos ilegítimos y prohibidos que pueden tomarse para llegar al éxito. El fútbol es, ante todo, capacidad para superar pruebas diarias y planteamientos adversos de diversas raíces. Por tanto, la total complicidad hacia esos valores tradicionales, resta opciones para sobresalir en este deporte. Pueden tener grandes pasadores, perfectos creadores de juego, estupendos llegadores y jugadores con un peso específico muy alto dentro del esquema de un bloque, pero parecen no estar preparados para fabricar un goleador. ¿La razón principal?, una irremediable bondad y honradez por encima de todo. No existe la pillería, la queja o la perversidad en el césped porque no existe como tal en su sociedad tradicional. Y un ‘nueve’ vive, en parte, de eso.

A Sudáfrica 2010 Okada se llevó a Tamada, Okubo, Morimoto, Yano y Okazaki, siendo sólo el último un goleador curtido en su país y con registros notables cuando se viste internacionalmente. Sin embargo, cualquiera de ellos tendría (y tienen) problemas para justificar su llamada cuando compiten ante defensas de primer nivel. El único delantero japonés que podría tumbar estas doctrinas, goleaba en los años setenta con el modesto Yanmar Diesel (hoy Cerezo Osaka), donde logró 202 goles en 251 partidos. Aquél delantero de área que ahora realzaría las opciones niponas en Sudáfrica fue Kunishige Kamamoto, que en 76 internacionalidades fue capaz de rozar promedios históricos con 75 tantos. Estuvo, sin duda, a la altura de los grandes goleadores de su época.

Deportivamente hablando, la J-League siempre fue un peligroso campamento para brasileños de nivel medio-bajo con ganas de explotar las cualidades que supuestamente les otorga su nacionalidad. Así, son numerosos aquellos que aprovechando las altas fichas de un campeonato en alta progresión, se embarcan en la aventura nipona y frenan la capacidad regenerativa de los delanteros nacionales. Existe un mal endémico, casi inútil en cuanto a probabilidades de éxito, que se rige en torno a la idea de comprar fuera lo que no se fabrica en casa. De tal manera, actualmente en la jornada 12, la tabla de goleadores en la enigmática J-League la lidera el australiano Kennedy (nueve goles), un habitual que pronto debería encontrar la oposición del veteranísimo pero efectivo Marquinhos.

Además, el estilo de juego que promueven las generaciones de técnicos y sabios del fútbol nipón se fundamentan en ideales mucho más aseados, técnicos y virtuosos. Si abundan las tácticas ofensivas con llegadores, pasadores, creativos y bregadores de equipo, difícilmente se encuentren opciones de encontrar rematadores puros. Crean la tecnología punta de todo el planeta pero su arraigo natural les impide fabricar goleadores. Cuestión de ideales dentro de un país, de una sociedad y de una atmósfera absolutamente inigualable. 目標は日本で製 造されていません (Los goles no se manufacturan en Japón).

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