Histórico
12 junio 2010Francisco Ortí

Inglaterra-USA: The game of their lives in 1950

Nombres como los de Stanley Matthews, Bobby Charlton, Peter Shilton, Gary Lineker brillan en las páginas de la dilatada historia del fútbol inglés, protector como ningún otro de sus tradiciones y héroes. En la actualidad, desde Sudáfrica, los Lampard, Gerrard o Rooney lucharán por ascender a ese olimpo balompédico. Ante Estados Unidos tendrán su primera oportunidad, aunque cuando el balón comience a rodar sobre el césped del Royal Bafokeng Stadium el nombre que más se recordará no será el ninguna vieja gloria de Inglaterra, sino el de un humilde lavaplatos de Haití que protagonizó una de las mayores sorpresas en la historia de los Mundiales.

Ese desconocido haitiano residente en Estados Unidos es Joseph Edouard Gaetjens, aunque para valorar la magnitud de su gesta conviene sumergirse en tiempos pretéritos, concretamente a 1950. La Segunda Guerra Mundial asoló Europa y privó al fútbol de su torneo más prestigioso. Desde 1938 no se disputaba el Trofeo Jules Rimet -como se conocía antes a la Copa del Mundo-pero tras la conclusión del conflicto internacional la FIFA decidió recuperarlo. Brasil sería su sede.

Por primera vez en doce años las mejores selecciones del mundo volverían a verse las caras. Todos querían ver a Brasil, la alegre anfitriona; a Italia, vigente campeona; o a Suecia, que había encandilado en los Juegos Olímpicos de 1948. Pero, sin lugar a dudas, la gran atracción del torneo era Inglaterra. Los proclamados como inventores del fútbol disputarían su primera Copa del Mundo y aterrizaban en Brasil con una gran confianza en sí mismos, seguros de que demostrarían ser la mejor selección. En el lado opuesto se encontraban las cenicientas del torneo. Selecciones como la de Estados Unidos o la de India -que no llegó a participar porque no permitieron a sus internacionales jugar descalzos- representaban el lado más humilde. Su objetivo era evitar ser humillados por las grandes potencias y regresar a sus paises con la cabeza alta.

Apoyada en la calidad de Matthews y Mortensen Inglaterra arrancó su primer Mundial con una victoria ante Chile por 2-0, goles de Mannion y Mortensen. Los Pross cumplían con lo previsto y su próximo reto sería más sencillo todavía puesto que en la segunda jornada se tendrían que enfrentar al débil combinado de Estados Unidos. Los estadounidenses habían formado una selección con fubolistas aficionados, la mayoría descendientes de inmigrantes y que jamás habían jugado antes juntos.  La superioridad de los ingleses era tan evidente que las casas de apuestas no permitían jugar en ese partido. En un derroche de confianza el seleccionador inglés, Walter Winterbottom, decidió dar descanso a Stanley Matthews, su mejor hombre, pensando en que no le necesitarían.

Marcados por las bestiales desigualdades, Estados Unidos e Inglaterra se verían las caras en Belo Horizonte. Desde el primer minuto los ingleses dieron muestras de su superioridad y asediaron la portería estadounidense. El atlético portero Frank Borghi, un conductor de coches fúnebres, repelía como podía las embestidas inglesas. Una vez tras otra los disparos de Inglaterra se estrellaban contra el guardameta estadounidense, quien también contó con la ayuda de la madera para evitar que se moviera el marcador. “Esperaba poder contenerlos y que sólo marcaran cinco o seis tantos“, confesó Borghi tras el encuentro. Pese a la gran actuación del portero todos daban por sentado que los goles acabarían llegando.

Y no se equivocaban, aunque se produjo a favor del bando esperado. A los 38 minutos, Walter Bahr, profesor en una escuela de Filadelfia, se escapó por la banda y al no descubrir una opción mejor decidió disparar a puerta. Su balonazo no revestía demasiada dificultad para el portero inglés Bert Williams, quien se disponía a amansar el esférico entre sus brazos, cuando sucedió algo inesperado. Joseph Gaetjens se lanzó en plancha -las crónicas no están muy de acuerdo con esto- para cambiar la trayectoria del balón y alojarlo en el fondo de la portería. “Dicen que fue suerte, pero era un buen goleador“, recuerda Bahr. Tras adelantarse en el marcador, Estados Unidos se arremolinó frente a Borghi para conservar la ventaja e Inglaterra no logró marcar.

La victoria no ayudó mucho a los estadounidenses en el torneo. En la primera jornada habían perdido ante España (3-1) y corrieron la misma suerte contra Chile (5-2), por lo que estaban eliminados en la primera ronda. Debían regresar a su país, pero lo hacían con la cabeza alta, habiendo demostrado que en el fútbol todo es posible. Incluso que un maestro, un chófer de funeraria y un lavaplatos pusieran en jaque a unos de los mejores jugadores del planeta.

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