Histórico
6 junio 2010Jesús Camacho

Guillermo Eizaguirre y Benito Díaz “Tío” Benito

Tras la etapa de Pablo Hernández Coronado al frente de la selección española, Armando Muñoz Calero, -presidente de la Federación española en aquel año 1948- eligió para cubrir el puesto vacante a Guillermo Eizaguirre, legendario guardameta recordado como el “Ángel volador” que mantuvo una bonita pugna con Ricardo Zamora por la titularidad de la selección española de antes de la Guerra Civil. Un excelente portero que marcó época en el Sevilla, se perdió el Mundial de Italia de 1934 por lesión y al que truncó su carrera la Guerra Civil y la negativa de Don Ramón Sánchez Pizjuán a que jugara en uno de los dos equipos madrileños tras la finalización de la contienda.

Luego inició  su carrera como entrenador y su destacado papel como seleccionador español afrontando el apasionante reto de asumir la dirección de la roja durante los partidos clasificatorios para el Mundial de Brasil del 50 y disputar en su caso la fase final del mismo. La figura idónea perfilada para no incomodar al régimen pues había sido oficial del Tercio y la Legión durante la guerra, que representaba a la perfección el espíritu nacional que se buscaba. En todo caso dejando a un lado cuestiones políticas y enjuiciando tan solo su labor al frente de la selección hay que dejar patente que su labor fue excelente.

Una exitoso trabajo que descansó a partes iguales en su figura y en la de Benito Díaz “Tío” Benito, el técnico que eligió para ejercer labores de entrenador por la sencilla razón de que era uno de los preparadores que más al día estaban en cuanto a tácticas y sistemas de juego en el fútbol de la época.

Durante los primeros meses de su trabajo al frente de la selección española afrontó  un duelo histórico ante un equipo que se convertiría en legendario poco después. El escenario fue el Bernabéu, estadio que un 27 de marzo de 1949 fue testigo de una justa derrota ante una selección extraordinaria. Era la Italia de Mazzola, la que estaba conformada en su base por nueve jugadores de aquel Grande Torino que desapareció lastimosamente en la tragedia de Superga.

Posteriormente se logró remontar el vuelo con dos grandes victorias, en Dublín 1-4 y en el estadio Colombes de París, donde tras vencer por un contundente e histórico 1-5 los jugadores llevaron a hombros por el terreno de juego a “Tío” Benito, el “gurú” de la tácticas de este equipo y la inteligente apuesta de Eizaguirre.

En Dublín  “Tío” Benito -que tenía carta blanca de Guillermo Eizaguirre- transmitió a los internacionales la necesidad de introducir en el equipo el dibujo y  la disposición táctica en W-M. Este fue el primer paso dado para de una forma paulatina poner en práctica unos métodos de trabajo que dieron como fruto una selección evolucionada en su juego y potente en el apartado físico. Hablamos de los tiempos de Gonzalvo III, Puchades, Venancio, Zarra, Panizo, Gainza, Igoa, Basora.

Un equipo que una semana después -19 de junio de 1949- bordó el fútbol en el escenario parisién de Colombes, en el que curiosamente estuvo presente el Orfeón Donostiarra -que tenía varios conciertos en la sala Pleyel- , que coreó solemnemente la exhibición de juego de la selección, que con Basora como futbolista más destacado -hizo tres tantos- le endosó un histórico 1-5 histórico a los franceses. Gran victoria que propició el paseo a hombros de Benito Díaz y generó expectativas muy positivas con vistas al inminente Mundial brasileño.

Aunque quedaba un año por medio para afrontar las eliminatorias clasificatorias para el Mundial ante Portugal las sensaciones eran positivas, más aún cuando el 2 de abril de 1950 España vence por un contundente 5 a 1 a Portugal en el partido de ida eliminatorio disputado en Madrid. Un encuentro en el que debuta Luis Molowny “El Mangas” -que hace un gol- y en el que Basora, Panizo y Zarra por partida doble cierran otra goleada más.

La decisiva vuelta disputada el 9 de junio de aquel año en Lisboa, un match que se jugó al límite, con un conjunto luso empleándose a fondo y con dureza. Aunque el primero en golpear es el equipo español, que por medio de Zarra se coloca con ventaja en el marcador. Una ventaja neutralizada y remontada por los portugueses con goles de Trasvassos y Jesús Correia que complicaron un tanto la eliminatoria para España, que respiró de forma definitiva con el preciso golpeo de izquierda de Piru Gaínza “El Gamo de Dublín”. Un empate a dos que asegura a España el pasaporte para Brasil 50.

Tras asegurar su presencia en el Mundial el equipo de Eizaguirre y Benito Díaz afronta la preparación previa al Mundial, para ello un doble enfrentamiento ante la selección mexicana con los menos habituales y futbolistas en proyección. Especialmente destacable por la presencia de uno de ellos: Ramallets, que demostró su enorme valía como guardameta y su prometedor e inminente futuro. Victoria 3 a 1 y empate a cero.

A su regreso a España otro doble enfrentamiento, aunque en esta ocasión utilizando como sparring a “El Hungaria de Kubala”. En el primero derrota 1-2 sin la presencia de dos pilares como Zarra y Gainza. Y en el segundo choque con la selección a priori titular, una victoria 6 a 3 que confirma la confianza que existe en el equipo y la creciente ilusión generada para la cita mundialista.

La lista convence, hay consenso, en ella futbolistas como Ramallets, Lesmes, Gonzalvo III, Puchades, Basora, Juncosa, Molowny, César, Zarra, Igoa, Panizo, Gainza….

De esta forma España llega a Brasil, donde tendrá como primer adversario a Estados Unidos, un encuentro a priori fácil pero que pese al tres a uno definitivo, se le complicó en demasía a los pupilos de Guillermo Eizaguirre. Especialmente polémico el resbalón sufrido por Eizaguirre que propició el tanto norteamericano Gaerjens en el minuto 17. Victoria incierta que los técnicos interpretan como un serio aviso, por lo que ven conveniente la introducción de algunos cambios de cara el siguiente partido.

El rival en esta ocasión es Chile y el marco incomparable: Maracaná. Entran Ramallets, Parra y Panizo por Eizaguirre, Antúnez y Rosendo Hernández. La entrada de Panizo traslada a Igoa al interior derecho y esto provoca la homogeneidad de un equipo que da sensación de fortaleza defensiva y mucho poder ofensivo.

Así España comienza a confirmar su buen momento y el sensacional estado de gracia de un futbolista llamado Telmo Zarra, un vendaval ofensivo, “la mejor cabeza de Europa después de Churchill”, un sensacional delantero que remataba con la cabeza incluso con más fuerza y precisión que con el pié. Y colgando de Zarra y Basora en el apartado ofensivo y de la seguridad de Ramallets en la portería, España venció de forma clara a Chile con goles de Basora y Zarra.

De esta forma España llega al partido más importante del grupo en el que se enfrentará  a Inglaterra. “La Pérfida Albión”, que participaba por primera vez en un campeonato mundial, cabeza de serie y que había caído contra todo pronóstico ante Estados Unidos.

Por tanto un partido de altos vuelos en el que Inglaterra tenía la imperiosa necesidad de ganar para clasificarse.  Un partido que acabará entrando en la leyenda del fútbol español y cantará por las ondas de RNE el genial Matías Prats. Momentos de leyenda que comienzan un 2 de julio de 1950 con el pitido inicial del italiano Galeatti.

Por España el conjunto que tantas buenas sensaciones dejó en el partido ante Chile y por Inglaterra futbolistas de la talla de Matthews, Mortensen, Milburn y Finney que imponen auténtico respeto a los jugadores españoles.

Un partido de poder a poder en el que España logra anular a las grandes estrellas anglosajonas, un primer tiempo que acaba con empate a cero y que retoma el juego en una segunda mitad en la que a poco del comienzo se vive el momento de leyenda del que tanto se ha hablado.

Minuto tres de la segunda mitad, Alonso inicia una incursión por la banda que le convierte en ocasional extremo y aprovecha para mandar un centro a Gaínza que hace lo propio desde el lado contrario para hacer lo propio y desconcertar a Williams, guardameta inglés que espera el remate de Igoa, que deja pasar la pelota para que Zarra muy próximo al arco empuje el esférico con firmeza y fusile a Inglaterra.

Gol histórico que pese al empuje de una gran selección inglesa no puede con un equipo español colosal que recibe todo tipo de elogios, desde Ramallets -al que se compara con el mejor Zamora- pasando por Alonso, Parra y Gonzalvo II, la perfecta dualidad que conformaban Puchades y Gonzalvo III, la habilidad en la creación de Igoa y Panizo, la velocidad y la calidad de los dos extremos Basora y Gaínza y la grandeza de Zarra, un delantero de época.

Histórica victoria ante uno de los favoritos que supuso el paso previo a una fase definitiva en la que España se enfrentó a los dos finalistas, logrando un empate a dos ante ‘la Uruguay de Obdulio Varela’ -que sería campeón-

Curiosamente un resultado que supo a poco por las expectativas creadas, porque España se puso 2 a 1 en el marcador con sendos tantos de Basora, y por el balón que mandó a las nubes Igoa en una pintiparada ocasión. Fallo previo a la igualada de Varela que unida a la lesión de Ramallets -que jugó toda la segunda mitad mermado en sus facultades físicas- hizo disiparse las esperanzas hispanas de victoria.

Cuatro días más tarde España se enfrenta a la temida selección brasileña que viene de golear 7 a 1 a Suecia, en sus filas futbolistas tan geniales como Bigode, Friaça, Zizinho, Jair y Chico.

Se teme lo peor y se cumplen los peores presagios cuando a los 31 minutos los brasileños vencen por un contundente 0-3. La superioridad es manifiesta, Brasil vence claramente por un contundente 6 a 1. Una lección en toda regla con Maracaná como testigo, la confirmación de que tras la histórica victoria sobre Inglaterra la selección española había perdido gas y gran parte de su seguridad.

Y para cerrar este mundial y la positiva etapa de Guillermo Eizaguirre como seleccionador, otra pequeña decepción ante Suecia. Encuentro final disputado el 16 de julio de 1950 en Sao Paulo en el que España cae por tres goles a uno, disipándose así las aspiraciones españolas de acabar en la tercera posición.

En todo caso -y como se demostraría con el paso de los años- una excelente participación española que posiblemente concluyó en aquel momento de leyenda en el que Zarra empujó el balón a la red de Williams. Ese mismo momento en el que Guillermo Eizaguirre y Benito Díaz pusieron punto final a su buena labor al frente de la selección española.  Trabajo que en el caso de Guillermo Eizaguirre vivió una segunda etapa de continuidad en el tiempo, cuando en 1955 se recurrió nuevamente a su figura.

Esta en cambio fue una etapa menos afortunada pues se pensó en Eizaguirre tanto por su solvencia técnica como por su fama de hombre afortunado, que perdió en esta ocasión. Y es que  España entre mayo de 1955 y junio de 1956, sumó una victoria fácil sobre Suiza, un afortunado empate en Dublín ante Irlanda y dos dolorosas derrotas ante Inglaterra y Portugal que acabaron con el mito de su buena suerte.

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