Histórico
22 junio 2010Francisco Ortí

España descubre la sed

Rebuscando entre las páginas de mis libros no he logrado encontrar de donde procede una frase que se me quedó marcada en la memoria. No puedo recordar la fuente, así que ruego me disculpe su autor por no citarle, pero merece la pena rescatar unas palabras que describen con precisión los síntomas que afligen a la Selección española en su aventura mundialista. “No se sabe lo que es la sed hasta que se bebe por primera vez“. Con la victoria en la inolvidable Eurocopa de Austria y Suiza España rompió los complejos de inferioridad que lastraban su fútbol y saboreó las mieles de la gloria, pero, en contrapartida obtuvo una nueva carga. Una muy pesada. La del que tiene algo que perder.

España aterrizó en la Eurocopa 2008 sin obligaciones. Los constante fracasos, una gris fase de clasificación y las críticas hacia un Luis Aragonés que se marcharía tras el torneo minimizaron las aspiraciones en los medios de comunicación. Eso creó un clima de excepticismo que liberó a los internacionales de presiones y partiendo de esa base desplegó un fútbol alegre y desenfadado que partido tras partido se perfeccionó hasta afianzarse como un nuevo estilo. El estilo de España. El del Tiki-Taka, como lo bautizó el eterno Andrés Montés.

Esa alegría ha desaparecido de los rostros de la Roja durante su concurso en el Mundial 2010. Ahora es rehén de su éxito. Prisionera del fútbol que enamoró durante el verano del 2008. A España ya no le basta con ganar. No es suficiente. Necesita deleitar, golear, disfrutar y hacer disfrutar. Todo lo que no sea prácticar un fútbol virtuoso es sinónimo de decepción. Esa es la exigencia de aficionados, medios de comunicación y, sobre todo, de los propios jugadores. Después de lograr un importante triunfo ante Honduras (2-0) los rostros de los internacionales eran de insatisfacción y sus palabras también. “Hemos obtenido pocos frutos“, lamentó Vicente del Bosque tras el encuentro.

La razón es que la Selección persigue un fantasma. Se busca a sí misma, pero  a su versión dos años más joven, sin comprender que la realidad es distinta. Como Peter Pan la Roja se niega a madurar. Insiste en juzgarse por un patrón que caducó en el mismo instante en el que Iker Casillas levantó la Eurocopa hacia el cielo de Viena. En ese preciso instante las circunstancias cambiaron para España. El hechizo se ha prolongado durante los dos últimos años con permiso de la poca entidad de los retos a los que se hicieron frente, pero el Mundial y, sobre todo, el tropiezo ante Suiza obligan a exhibir el sueño del 2008 en la vítrina del pasado para

El Mundial de Sudáfrica es presente y el papel de España debe ser juzgado por un nuevo código, pese a las espectrales apariciones de Luis Aragonés. Ante Suiza, la infructuosa búsqueda de su versión vienesa generó en la Selección una ansiedad que derivó en una contundente derrota. Ante Honduras se comenzó a pasar página. Vicente del Bosque varió su esquema. Postergó el fútbol paciente para mejor ocasión y con un dibujo asimétrico incidió en explotar la verticalidad de David Villa, Fernando Torres y Jesús Navas. La apuesta resultó acertada. El toque no desapareció -algo imposible con hombres como Xavi sobre el terreno de juego- pero España se mostró más agresiva que ante Suiza, cuando el buen gusto se impuso a la necesidad de ganar durante demasiados minutos. Ante Honduras la Roja olvidó los preliminares y se lanzó directa en busca del gol. Una idea que quedó fielmente representada en David Villa.

El asturiano partió desde la teórica posición de extremo izquierdo para trazar constantes diagonales cada vez que recibía el esférico. Siempre con la portería de Valladares en el punto de mira. Idénticas intenciones tuvieron Fernando Torres y Jesús Navas, aunque con distinto resultado. El del Liverpool todavía se encuentra en la fase de puesta a punto y no mostrará su verdadero rostro -esperemos que así sea- en los cuartos de final. Más preocupante es el caso del sevillista, quien, pese a su incuestionable calidad, parece ajustarse a las necesidades del juego de España. Del Bosque ha insistido desde que llegó al cargo en incluir la figura del extremo (Riera, Capel y ahora Navas), aunque  la sensación es que es una pieza que no encaja en el puzzle de la Selección española.

La victoria debe aumentar la confianza de España en su versión actual. Los más críticos defenderán que Honduras no es precisamente la octava maravilla del fútbol, pero lo mismo se podría decir de selecciones como Nueva Zelanda o Corea del Norte que, sin embargo, hicieron sufrir a Italia y Brasil. España en ningún momento vio peligrar el resultado ante Honduras y el hecho de no golear no puede restar importancia a la victoria. Cuando la Roja logre vencer a su fantasma austriaco volverá a disfrutar. Es duro olvidar, pero más todavía lo es desperdiciar el presente con la vista puesta en el pasado.

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