Histórico
27 junio 2010Ariel Judas

Argentina vs. México: El partido del prejuicio

Los protagonistas son los mismos. La circunstancia es la misma. El escenario difiere. Las selecciones de Argentina y México vuelven a encontrarse en un partido de octavos de final de un Mundial. En 2006 fue en la ciudad de Leipzig. En este 2010 el partido se jugará en la calabaza del Soccer City Stadium de Johannesburg. Cuatro años atrás, el bombazo inaudito de Maxi Rodríguez puso fin a las esperanzas del equipo entrenado por ese entonces por Ricardo Lavolpe. En el Tri mucho ha llovido desde entonces. Por su banquillo han desfilado sin éxito los célebres Hugo Sánchez y Sven-Göran Eriksson, quienes no pararon de acumular fracasos al frente del equipo mexicano. Tras la Copa del Mundo de Alemania, la AFA se decantó por una opción vintage, al fichar una vez más a Alfio Basile. El Coco -boicoteado y autoboicoteado- tampoco pudo mantenerse en su cargo a lo largo de las eliminatorias sudamericanas. Hoy, Javier Aguirre y Diego Maradona comandan a uno y otro equipo, que vuelven a enfrentarse en un ambiente cargado de prejucio.

Dentro de la nación futbolera albiceleste existe una corriente de pensamiento que parte desde el prejuicio cuando piensa en el fútbol mexicano. Dos campeonatos del mundo ganados, y un saldo favorable en los enfrentamientos entre ambas selecciones en los últimos veinte años, colaboran para que el hincha argentino mire al rival de esta tarde con un cristal que distorsiona. Desde el sur del continente, donde en muchas ocasiones el periodista y el seguidor no se toman el trabajo de discernir entre los distintos actores de la primera división del país norteamericano (cada vez más influyentes en la realidad económica del balompié rioplatense) el Tri aún es percibido como un rival de poca envergadura.

El hincha argentino mira al personal del equipo de Maradona y siente que tiene poco que temer frente a los jugadores de Aguirre. Confía de una manera casi ciega en el potencial que de tres cuartos de cancha en adelante tiene su selección. Y en el talismán eterno que representa la figura del Diez, especialmente cuando los resultados vienen bien dados y el equipo da señales de haber salido del coma en el que estaba durante las eliminatorias de la CONMEBOL.

El fanático más incondicional no se permite reflexionar sobre los puntos en los que el conjunto mexicano puede crearle problemas. Los Guerreros Aztecas cuentan con jugadores de auténtica calidad, que podrían generar más de una dificultad en el cuadro argentino. Si se confirman los rumores que han circulado desde ayer al mediodía, el Tri podría -por fin- presentar en Sudáfrica 2010 una delantera joven y con un enorme despliegue físico. El tridente del Vasco Aguirre podría estar integrado por Giovani Dos Santos, Chicharito Hernández (sí, parece que finalmente ha ganado el pulso a Guille Franco) y Pablo Barrera. Tampoco quiere ponerse a pensar que el trivote de la mitad del terreno -compuesto por Rafa Márquez, Efraín Juárez y Gerardo Torrado- tiene madera como para comerse a la línea de volantes de la bicampeona del mundo.

Y, tal vez esta sea la ventaja más sólida del equipo verdiblanco, la selección de México tiene en Javier Aguirre a un entrenador que supera por mucho en experiencia profesional a Diego Maradona. El Pelusa se ha mostrado bastante sólido desde la línea de cal en los tres partidos que Argentina ha jugado hasta ahora. Durante las eliminatorias, le ha costado mucho enderezar a su equipo cuando un partido no le ha resultado favorable. No sé si en ese departamento el seleccionador argentino he evolucionado también. Pero en esa área -pese a todas las críticas que el ex técnico del Atlético de Madrid levanta a ambos lados del Atlántico- el coach mexicano tiene una teórica ventaja.

Los medios y una gran mayoría de aficionados mexicanos apuran las horas que faltan para el partido de hoy instalados  en otro tipo de prejuicio. Uno de caracter bastante extraño, que les hace suponer que el hecho de que Argentina cuente con la nómina de atacantes más impresionante de todas las selecciones que han actuado en los últimos cuatro o cinco Mundiales es un dato poco relevante. Que Gio es equiparable a Leo. Que la esperada producción goleadora de Chicharito no tiene nada que envidiar a la realidad contrastada de Pipita. Que los botines de Rafa marcan el césped de manera más profunda que los de Masche. Que sus frustraciones pesan más que las del equipo sudamericano, acostumbrado a sufrir y a aguantar como pocos otros en este tipo de competiciones.

La selección de México -concentrada desde hace ya casi tres meses, que ha cocinado su camino a la Copa del Mundo en los fogones que mezclan al fútbol con las reivindicaciones de orden político y social- ha sido llevada en hombros a este partido, que es tomado como una revancha de aquel encuentro jugado en Leipzig. Quienes han velado su sueño en los últimos días aseguran que Argentina “no ha ganado a nadie” en Sudáfrica, restando mérito a las tres victorias de la Albiceleste -frente a Nigeria, Corea del Sur y Grecia-, y haciendo pie solo en el cómodo triunfo que el Tri sacó ante una Francia próxima al colapso. De acuerdo a la estación que uno sintonice por estas horas en América del Norte, los cuatro puntos obtenidos por el equipo de Javier Aguirre parecen valer mucho más que los nueve que han cosechado los jugadores de Diego Maradona.

Seré claro y breve. México puede ganarle a Argentina y alcanzar el ansiado quinto partido en un Mundial. Para que eso ocurra, deberá prodigarse de una manera hasta ahora inédita en este torneo. Dar el 120%. Y conseguir -o esperar- que Leo Messi y compañía tengan la peor de las tardes posibles. El fútbol, que jamás es justo, conoce de esas alquimias, más frecuentes de lo que uno supone. Y el Tri está preparado y capacitado para ser el catalizador de esa colisión astral. El Gigante de la CONCACAF deberá disfrazarse de underdog, y jugar el partido como si realmente no tuviera nada que perder. Tal como está planteada esta competición, el planeta aceptaría con normalidad una victoria celeste y blanca. El único gran titular, la verdadera noticia de alcance, sería la que diera cuenta de un triunfo mexicano que dejara en el camino a una selección que hoy ha recuperado el honor de ser considerada candidata. Es un escenario posible. Al menos para mí, en este ejercicio que ha intentado alejarse del prejuicio.

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