Histórico
9 junio 2010Ariel Judas

Argentina: Equipaje pesado

La selección argentina lleva casi una semana en suelo sudafricano. Junto a Brasil y Australia, ha sido de las primeras en iniciar la aclimatación en la tierra de la Copa del Mundo. Aislados tras la valla de seguridad del campus de la Universidad de Pretoria, los jugadores de Diego Maradona ensayan las distintas variantes de la fórmula del éxito. Al otro lado de la barrera, actuando la ilusión propia de nenes frente a las repisas de una juguetería, están los barras bravas, el equipaje pesado de la Albiceleste.

A cuentagotas, o en contingentes más o menos importantes, día a día el grupo de ultras que llegan desde Argentina se hace más numeroso. La bicampeona del Mundo -que tenía planeado viajar a Johannesburg en un vuelo privado- por fallas logísticas debió abordar finalmente un avión de línea regular, ocupado también en parte por algunos barras bravas. Casi lo primero que hicieron los violentos al llegar a Pretoria fue asegurar que estaban de alguna manera amparados por los dos máximos reponsables técnicos de la selección, Carlos Bilardo y Diego Maradona.

Las estrictas medidas de seguridad que rodearon el arribo del equipo se reforzaron tras esas declaraciones. Hace apenas unas horas el propio seleccionador negó tener cualquier tipo de vínculo con el grupo de hinchas que hacen piña y pugnan por entrar al cuartel general celeste y blanco. En su más reciente rueda de prensa, el Diez prometió que no dará alojamiento o ayuda económica a los barras.

Un porcentaje muy reducido de la población de Argentina podrá darse el lujo de vivir el Mundial en directo en Sudáfrica. Por eso la presencia de estos personajes resulta aún más lacerante. Formalmente desocupados, de manera informal sirven de mano de obra para punteros políticos, funcionarios, líderes sindicales y, por supuesto, la jerarquía del fútbol local. Como guardaespaldas o como fuerza de choque. También como factor de amedrentamiento de los potenciales rivales. En los tiempos que corren, a los barras bravas no les faltan oportunidades para seguir siendo una lamentable opción en el menú fijo de la actualidad social argentina. Incluso para montar una triste parodia de una ONG con el visto bueno del gobierno nacional.

Muchos de estos ultras han llegado a Pretoria dos semanas antes del inicio del Mundial, prácticamente con lo puesto. Sin dinero para afrontar al menos un mes de estadía en el continente africano, de día rondan el portón de acceso a la concentración albiceleste, y de noche se cobijan en las instalaciones de una escuela primaria cercana o de algún hotel de mala muerte en Soweto. Sería realmente interesante saber de qué manera esta gente ha conseguido esa básica -aunque gratuita- forma de albergue para sobrevivir a las frías madrugadas sudafricanas. Probablemente la pista de las gestiones que desde alguna órbita de poder se han efectuado para obtener esta comodidad para los barras resulte imposible de desandar. Lo mismo pasará cuando alguien intente averiguar quién y con qué dinero ha pagado los costosos pasajes de los violentos.

Desde su arribo al país mundialista, estos hinchas caracterizados -como los calificara alguien alguna vez, desde la corrección política- han intentado ingresar en al menos dos oportunidades al refugio de la selección argentina con la intención de poder ejercer una vez más el truco del apriete. Al mejor estilo mafioso pasarían la gorra entre los internacionales y los integrantes del cuerpo técnico para recolectar las donaciones que les permitieran movilizarse y comer durante su estadía a lo largo de la Copa del Mundo. Aún para los futbolistas que actúan en Europa, el accionar de las barras bravas es un tema que despierta la sensibilidad de casi todos ellos. Muchos de sus familiares siguen viviendo en Argentina y son potenciales objetivos de extorsión por parte de estos criminales. Las versiones que circulan en Buenos Aires por estas horas son muchas. Ya se habla de cifras concretas aportadas por jugadores (incluso por algunos que ni siquiera han sido convocados por Maradona) en los días previos al inicio de la concentración del equipo nacional.

El presidente de la AFA hace oídos sordos a los pedidos de explicaciones que llegan desde toda la sociedad argentina. Algún integrante de la justicia incluso autoriza el viaje de los barras bravas a África del Sur. La prensa acreditada en el Mundial solo recibe versiones enfrentadas, a la vez que se ve obligada también a esquivar los pedidos de los ultras. La delegación pintada de celeste y blanco ha llegado al continente negro con uno de los mejores planteles de su historia reciente. Pero ha traído consigo, de manera consciente o no, un exceso de equipaje cargado de violencia, que solo tiene por objetivo declarado volver a enfrentarse en suelo neutral ante los hooligans ingleses y vivir durante su experiencia mundialista del pillaje y la extorsión.

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