Histórico
18 mayo 2010Ariel Judas

Un abogado para River Plate

Esposado, con la mirada clavada en el suelo. El ascensor se queja y sube, lamiendo cada planta. La caja se detiene de manera brusca. El portón se abre y detenido es arrastrado por los pasillos. De mala manera es puesto delante del juez. No sabe exactamente por qué está ahí, aunque lo sospecha. El Club Atlético River Plate, alias el Millonario, será juzgado dentro de doce meses. Los cargos son múltiples, las responsabilidades compartidas. Las posibilidades de ser condenado a jugar por la permanencia -o incluso de perder la categoría- son palpables. Los responsables del equipo tienen un año para estudiar el caso y llegar al momento del veredicto con una argumento convicente.

De todos los abogados que tenía a su disposición para salvar al equipo del descenso, Daniel Passarella ha elegido a alguien como Ángel Cappa, percibido por un sector importante del ambiente del fútbol argentino como un catedrático. Ante una situación apremiante como la que vivirá River a partir del inicio del Apertura, tal vez lo más apropiado hubiese sido buscar a un letrado sacapresos. Puesto en el lugar del Kaiser esa hubiera sido mi opción. Contratar a un especialista en estos asuntos. Alguien que, dentro de la lotería que es el fútbol, me asegurara un mínimo de experiencia, aplomo y resultados positivos en escenarios similares. Sin las ataduras que genera la concepción dogmática que encarna como nadie en el país el técnico nacido en Bahía Blanca.

Jugar para escapar de la B Nacional es algo más propio de un equipo chico que una institución como River. Pero los de la Banda Roja podrían sacar algunas conclusiones muy provechosas tras ver lo que los cuadros más humildes -algunos amenazados por el promedio del descenso- han hecho en los años recientes. Ocho escuadras diferentes han ganado los torneos de la primera división en los últimos cuatro años. Estudiantes, San Lorenzo, Lanús, River, Boca, Vélez, Banfield y Argentinos Juniors. Cinco chicos y tres grandes. Algunos de los jugadores que han sido claves en la obtención de los títulos de ese quinteto de equipos menos populares podrían encajar perfectamente con las necesidades del Millonario en la temporada próxima.

River no tiene un central como Leandro Desábato o volantes como Enzo Pérez o Sebastián Blanco. Tampoco un killer como Santiago Silva o un delantero-pluriempleo como Papelito Fernández. Ni un arquero como Germán Montoya. O un doble pivote con efectivos de la categoría de Néstor Ortigoza o Juan Ignacio Mercier. Al menos alguno de estos jugadores podría estar al alcance de un club que, aún en crisis, sigue representando una oportunidad difícil de rechazar para cualquier integrante del fútbol argentino. Sin embargo, con pocos o mínimos fondos, los primeros movimientos de Daniel Passarella y sus asistentes en el mercado se han encaminado en otro sentido. En primer lugar, se ha ofrecido la renovación a los veteranos Ariel Ortega y Matías Almeyda, pese a que Ángel Cappa no les garantiza la titularidad. En segundo término, el club ha intentado seducir a internacionales que estarían dispuestos a terminar su carrera en Argentina, como Mauro Camoranesi y David Trezeguet, o a alguien que intenta afianzarse en Europa como Mario Bolatti. La diferencia entre lo que River podría pagarles y lo que estas figuras pretenden es tan abismal que incluso dentro de la mesa directiva del club comienza a dudarse sobre las posibilidades reales de poder reforzar al equipo con elementos de categoría, pese a los reclamos que ya comienza a hacer públicos el cuerpo técnico.

Casi seis meses han pasado desde la llegada de Daniel Passarella a la presidencia del club. Los bancos le han prestado al club menos dinero del que él y los suyos esperaban. Los grupos empresariales dispuestos a invertir en el equipo se demoran, o pretenden aportar el capital a cambio de cláusulas consideradas como leoninas por la dirigencia. Tampoco ha logrado el ex capitán de la Albiceleste persuadir a alguno de los jugadores que se formaron en River y que hace años juegan en Europa para que regresen a la liga argentina. Los Millonarios tienen aún un par de meses para encontrar una solución a la encerrona en la que se encuentra en materia de refuerzos. No debería extrañarnos que, al final del cuento, la plantilla del Apertura se parezca bastante a la que finalizó siendo aplastada por Tigre en el Monumental el sábado pasado.

Desde que asumió en River, Cappa ha dirigido al equipo en cinco partidos del Torneo Clausura que acaba de terminar. En su debut derrotó por 2-1 a Godoy Cruz, la sorpresa del certamen. Acto seguido, sus dirigidos cayeron por 1-0 ante Estudiantes. El tercer acto fue una victoria como local ante Vélez por 2-1. En el siguiente encuentro -tal vez el mejor del ciclo- sus jugadores volvieron de Avellaneda con un triunfo por 0-3 contra Racing. Y en el epílogo de la temporada, el 1-5 que le endosó el Matador aún duele. Un período corto, insuficiente para dictar veredictos, pero que deja como saldo una evidente irregularidad, más allá de que algunos rendimientos individuales mejoraron ostensiblemente tras la destitución de Leo Astrada como entrenador.

Tras su paso por Racing y Huracán, Ángel Cappa acumula un porcentaje de acierto inferior al cincuenta por ciento como entrenador en la primera división argentina. Pese a ello, ha llegado a River con el cartel y el apoyo que en su momento no se le ha dado a gente de la casa. River se ha convencido de que ha contratado a un catedrático al final de una temporada en la que un sacapresos como Julio César Falcioni ha conducido a Banfield, el equipo que más puntos ha sumado entre Apertura y Clausura. Y en la que han destacado otros entrenadores considerados menores, como Claudio Borghi y Omar Asad, que a día de hoy podrían ser encuadrados en esa misma categoría.

En Huracán, un equipo donde las alegrías y los sinsabores tienen una amplificación menor que en River, Cappa no ha querido quedarse hasta el final del pasado Apertura cuando las victorias no lo acompañaron y los dos o tres jugadores sobre los que se montó el equipo que casi gana el Clausura 2009 se fueron del club. Aún en medio de una racha negativa espantosa, el entrenador dejó Parque Patricios como un héroe. Ese tipo de relación, creo, no es repetible en el Monumental. Allí no son de recibo las explicaciones o pedidos de disculpas a través de un blog. Y tampoco pasan inadvertidos los resultados -de los que hasta ahora el entrenador parece renegar- cuando estos no son los que el equipo espera.

El jurado que decidirá la suerte final de los riverplatenses comienza a ocupar sus asientos. Y espera oir el alegato del técnico que permita al equipo seguir en la primera división. Con el correr de las primeras jornadas de la próxima temporada podremos discernir si en el juicio futbolístico River necesita un catedrático o un sacapresos.

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